domingo, 5 de marzo de 2017

Lecciones de la Primera Vuelta Presidencial en Ecuador

Exclusivo: El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - El domingo 19 de Febrero los ecuatorianos acudimos a las urnas para elegir democrática y pacíficamente a las autoridades que regirán los destinos del país los próximos 4 años. Sin embargo, después de una jornada sin mayores contratiempos, el problema surgió en el conteo de votos.

Acusaciones de irregularidades, papeletas previamente marcadas, actas adulteradas, sistemas informáticos trucados, parcialidad de las autoridades del Consejo Nacional Electoral (CNE) ente otras acciones turbias desembocaron en 3 días de intensas protestas, reclamos, y movilizaciones.

Por ende, la segunda vuelta electoral entre Guillermo Lasso y el oficialista Lenin Moreno ha iniciado con los ánimos prendidos, insultos mutuos, agresiones, marchas de un lado y del otro, y acusaciones sin fundamento de parte y parte. Lo cual avizora que hasta el 2 de abril (día del ballotage) la campaña tendrá poco contenido, ideas, propuestas, y proyectos; ya que los candidatos se concentrarán en atacarse, satanizar al otro, y generar miedo.

Por consiguiente, aquí están las 10 lecciones que nos dejó la primera vuelta en el Ecuador:

1) Como en un partido de fútbol, básquet, o cualquier deporte si dos equipos se enfrentan lo mínimo que pueden esperar es que el árbitro del partido sea independiente e imparcial. Si hay algún tipo de duda o recelo, simplemente uno de los dos equipos va a cuestionar la legitimidad del resultado. Tan simple como eso es lo que sucedió con el CNE en el país, los actores políticos de oposición y parte de la ciudadanía cuestiona al CNE como árbitro imparcial por su cercanía, laxitud, y vasallaje con el oficialismo.

2) Los resultados de la segunda vuelta electoral, si son ajustados en favor de cualquier candidato, serán indudablemente cuestionados, impugnados, y desacreditados como ocurrió en la primera vuelta. Esto puede generar violencia, caos, desorden y crisis sociopolítica; lo cual es el resultado de tener instituciones de papel (CNE), que solo responden a una organización política, y no tienen ningún tipo de legitimidad ante la ciudadanía y los actores políticos.

3) La forma de hacer política en el Ecuador no ha cambiado, no ha existido una refundación ni de forma ni de fondo. Siguen primando los insultos, las agresiones, la violencia, la vulgaridad, y la demonización del adversario. Las propuestas, ideas, proyectos, políticas públicas, y planes de gobierno siguen sin ser los ejes de campaña. No existió un solo candidato que sepa encarnar y comunicar sus ideas de manera diferente, innovadora, creativa, y efectiva para llegar a la gente.

4) Ninguna de las campañas de los 8 candidatos presidenciales supo llegar a las pasiones, emociones, sentimientos, corazón, y mente de los ecuatorianos. Fue una campaña apática con 7 candidatos de la oposición peleándose por pasar a la segunda vuelta, especialmente Moncayo, Viteri, y Lasso. Y el candidato de gobierno evadiendo los temas cruciales y las acusaciones de corrupción contra su binomio. Lo único emocionante de la campaña fue, lamentablemente, la expectativa por la demora en la entrega de resultados por parte del CNE, y las protestas ciudadanos.

5) Si el oficialista Lenin Moreno ganaba en primera vuelta, solo le faltó el 0,4% de los votos, no debía haber sido catalogada como la victoria incuestionable del correismo después de 10 años en el poder, sino como la derrota más estúpida de la oposición. Dado que el 60% del electorado votó por la oposición en una de sus 7 manifestaciones electorales, solo el 39,96% lo hizo por Moreno. Por lo tanto, una candidatura de unidad opositora, si entendemos la política como aritmética, se hubiera impuesto al candidato del oficialismo en primera vuelta, sin ganar a la elección, y entraba al ballotage supremamente favorecida. Pero las rencillas infantiles y ridículas de los socialcristianos (Nebot) y CREO (Lasso) impidieron la unidad y casi le dan la victoria al correismo.

5) Por otro lado, si no entendemos la política como simple aritmética, el 60% de votos que sacó la oposición no necesariamente irán de manera automática para Lasso en el ballotage, ya que aunque los líderes políticos opositores digan expresamente que apoyan al banquero, los votantes son los únicos dueños de los votos. En tal sentido, tanto Moreno como Lasso tendrán que buscar la transversalidad, llegar a acuerdos, buscar acercamientos, presentarse como la mejor opción, y deslegitimar a su rival ante la gente.

6) Esta elección con sus problemas de legitimidad en los resultados, violencia, y polarización demuestran que los 10 años de estabilidad que vivió el país fueron solo un oasis temporal, ya que la inestabilidad es la dinámica política que históricamente ha caracterizado al Ecuador. Pero este oasis fue un paliativo que en vez de curar la enfermedad la ha empeorado, dado que la hegemonía autoritaria del correismo generó estabilidad, pero no cimentada en instituciones, sino en el mesianismo, por ende, cuando el mesías pierde apoyo el sistema se derrumba, con el caos que esto conlleva.    

7) La derecha y la izquierda hace rato dejaron de ser ideologías que inspiren, generen empatía, movilicen, persuadan, y motiven a la gente, no solo en el Ecuador sino en el mundo entero. Por consiguiente, ni el Socialismo del Siglo XXI, ni el neoliberalismo, ni la socialdemocracia, ni el conservadurismo, ni el progresismo, ni ningún ismo sirven para explicar la realidad, generar propuestas, y aterrizarlas en acciones. Y, peor aún, para conectar con la gente, eso ya murió.

8) Otra lección aprendida de este proceso electoral es que indudablemente se abre una ventana de oportunidad a mediano y largo plazo para la construcción de una alternativa política nacional que difiera del correismo y de la actual oposición. Debido a que el 60% de los ecuatorianos que no votaron por el correismo, en su mayoría jóvenes (millennials), tampoco votaron por la oposición en términos políticos, electoralmente lo hicieron, ya que fue un voto contra el correismo no a favor de un proyecto de país, dado que ningún candidato opositor supo encarnar el cambio. Por lo cual, la tendencia demográfica e histórica es incuestionable se abre una ventana de oportunidad porque el 60% de los electores no se identifica con ninguno de los proyectos políticos existentes, en otras palabras, como dirían los neoliberales son un porcentaje de mercado disponible.

9) El correismo cometió un error monumental y estratégico la noche del 19 de Febrero, ya que al proclamar y celebrar la victoria de Moreno en primera vuelta sin resultados oficiales produjo las acusaciones de fraude, las protestas ciudadanas, y finalmente tuvieron que admitir que hay ballotage. Lo cual ha posicionado a Lasso enormemente no solo en términos políticos, sino mediáticos, sociales, y electorales, dado que el ex banquero es quien hoy por hoy tiene la iniciativa, impone la agenda, y domina el debate a un mes de la segunda vuelta. Otra cosa hubiera sido si Moreno decía “ganamos con un millón de votos de diferencia, no nos alcanzó por poquito para evitar el ballotage, pero triunfamos de manera contundente” simple, no pasaba nada, e iban tranquilos al ballotage.

10) Finalmente, gane quien gane tendrá que asumir un país en crisis económica, con altos índices de subempleo, desempleo juvenil, y con una gobernabilidad democrática compleja dados los resultados de la Asamblea Nacional (dispersión). Sin contar que Correa desde Bélgica estará expectante para volver el 2021 o antes, no hay que descartar que de ganar Moreno pueda darse el fenómeno Santos-Uribe, o que Lasso, si triunfa, sea rehén de los socialcristianos para gobernar.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

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