viernes, 16 de diciembre de 2016

Imaginando otro Trump

Exclusivo: El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - Trump es un imbécil. Bueno. Tal vez no. O no del todo. Veamos. Es multimillonario, si bien es cierto tener dinero no es sinónimo necesariamente de inteligencia, ni sabiduría; y mucho menos de ser buena persona, pues por lo menos digamos que tiene su mérito, así haya sido por oportunismo.

Donald Trump y Barack Obama en la Casa Blanca

En segundo lugar, ganó de largo las primarias republicanas, fue un torbellino que nadie vio venir, y los arrasó. No se puede argüir que no es un hombre que se arriesga, pragmático, de acción, y temerario. Ha posicionado su apellido, TRUMP, como una marca de negocios, entretenimiento, y show a nivel global. Es un rockstar, una estrella, un fenómeno mediático al que la mayoría ridiculizó y subestimó. Y ganó.

Donald está acostumbrando a romper paradigmas, a pensar lo inimaginable, y lograrlo; ha sido su filosofía de vida. Sin importar lo que los demás piensen, o precisamente aprovechándose de los estereotipos marcados de las élites, siendo políticamente incorrecto, y así barrió con dos de las dinastías políticas estadounidenses más poderosas de los últimos años: Los Clinton y los Bush.

Fue el candidato que llegó a la gente, al ciudadano común y corriente, no le importó lo que dijeran las élites políticas, económicas, financieras, políticas y mediáticas. Pateó el tablero político, rompió con el statu quo, no jugó con las reglas de juego impuestas por sus adversarios, y los humilló. Fue el único candidato que entendió el sentido de la elección, supo llegar a las pasiones, emociones, sentimientos, frustraciones, y esperanzas de la gente. Con métodos, discursos, y propuestas polémicas, absurdas, demagógicas, y estúpidas. Claro que sí. Pero a este tipo de personajes hay que derrotarlos, y para eso no hay que ser ideológicamente puros y virginales, sino jugar para ganar, y Clinton nunca pudo hacerlo.

Pero, Trump al ser un hombre de negocios pragmático y resultadista sabe que no puede llevar a su país al caos, ni al mundo al precipicio. Por lo menos no sin un enorme costo personal y político, y sin librar duras batallas. Por ende, imaginemos un Donald Presidente pragmático, maquiavélico, y resultadista. Muy bien, deporta a personas sin papeles con antecedentes criminales, pero después de una reforma migratoria masiva que sorprende al mundo, y deja atónitos hasta a sus propios seguidores fanatizados.

Segundo acto, Trump suspende todo tipo de intervencionismo militarista estadounidense, no por una cuestión de principios, sino porque es práctico, y sabe que la invasión a Iraq fue un gigantesco fracaso. Logra estabilizar su relación geopolítica con Rusia, al detener la expansión de la OTAN, logrando un balance of power con la ex URSS. Sigamos imaginando. A pesar de su retórica de campaña respeta los logros diplomáticos alcanzados por la administración Obama, es decir se mantiene el acuerdo nuclear con Irán, el descongelamiento de las relaciones con Cuba, y las coaliciones para derrotar a ISIS.

En el lado económico y de comercio exterior Trump frena la globalización del capitalismo salvaje y el neoliberalismo inhumano, con una política económica moderada, centrada en la creación de puestos de trabajo dentro de sus fronteras, y con acuerdos para el desarrollo. Dejando a un lado los tratados de libre comercio asimétricos e inequitativos. Mantiene los principales puntos del Obamacare, al tener mayoría en las dos cámaras trata de incluir en las grandes decisiones a los demócratas, y es un dealmaker con las fuerzas de la sociedad civil.

En conclusión, no sé si el completo imbécil soy yo al pensar que Donald Trump puede dar este tipo de giro copernicano, pero vale la pena por lo menos tener una mínima esperanza de que el magnate racista no llenará el mundo de conflictos, guerras, y locuras sin sentido. Finalmente, estas son las consecuencias de ser incapaces de derrotar al fascismo totalitario, es una gran lección para los demócratas alrededor del mundo, no basta con tener principios, hay que saber ganar.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

No hay comentarios: