lunes, 21 de noviembre de 2016

¿Por que ganó Trump?

Exclusivo: El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - El resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses dio como resultado la derrota de Hillary Clinton, Donald Trump será el presidente número 45 en habitar la Casa Blanca durante los próximos 4 años, y quien sabe talvez 8.


La mayoría de encuestas, análisis, y premoniciones daban como ganadora indiscutible a Clinton, Trump no tenía ninguna posibilidad por sus insultos a las minorías, xenofobia, misoginia, escándalos, inexperiencia, superficialidad, y fanfarronería. Los medios de comunicación más poderosos, políticos republicanos, Wall Street, el establishment económico, el statu quo financiero, es decir los poderes fácticos, apoyaron con cientos de millones de dólares a Hillary. Pero no fue suficiente. O, en otras palabras, Clinton fue derrotada precisamente por representar y encarnar esos intereses.
 
Clinton en Latinoamérica, Asia, Europa, África, y en todas partes del mundo era percibida como la mujer progresista, la defensora de los derechos de las mujeres, liberal, democrática, la posible primera presidenta de los Estados Unidos, con experiencia, exitosa, ex Secretaria de Estado, Senadora, Primera Dama, una política profesional. Tenía una muy buena imagen, el mundo se volcó en favor de Clinton, especialmente porque Trump estaba al frente. Sin embargo, para los estadounidenses Clinton solo representaba a la clase política tradicional, no era la adalid de nada ni de nadie, ella era Wall Street, su victoria era la victoria del statu quo, nada iba a cambiar, y los estadounidenses blancos, de clase obrera, sin estudios superiores querían un cambio.

Para la mayoría Clinton pierde la elección, ese argumento lo esbozan diversos analistas políticos, pero para este autor Trump gana la elección. Dado que fue el quien supo descifrar lo que la mayoría de los estadounidenses querían, fue el quien supo canalizar las pasiones, emociones sentimientos, necesidades, miedos y frustraciones de su gente. Fue Trump quien impuso la agenda, quien generó impactos mediáticos, fue el quien manejó a los medios. El magnate inmobiliario comprendió desde un inicio que debía polarizar la elección entre el outsider, anti-político, con un discurso nacionalista y mesiánico versus la candidata del establishment y del bloque de poder imperante. Trump siempre supo que debía romper las reglas de juego tradicionales, patear el tablero político, utilizar su carisma, su estilo políticamente incorrecto, y decir las cosas como son frente al formalismo elitista de la dinastía Clinton.

Fue Trump y no Clinton en un contexto político lleno de incertidumbre, fanatismo, y frustración quien supo transformar el miedo en un elemento político para ganar. El miedo a la pérdida de empleos, el miedo a la globalización, el miedo a los inmigrantes, el miedo al multiculturalismo, el miedo a que para la mayoría de estadounidenses blancos, del interior, y sin estudios superiores el american dream ya no existe, el miedo a que el american way of life sea un sueño inalcanzable. En tal sentido, Trump encarnó el cambio, ¿y que hizo Clinton? Nada, absolutamente nada nuevo, Clinton nunca supo cómo contrarrestar a Trump,  nunca llegó a los corazones, emociones, y sentimientos de los votantes.

Donald Trump utilizó el populismo para ganar, el populismo entendido como una apelación al pueblo contra un bloque de poder hegemónico, no como una ideología, porque el populismo es simplemente una estrategia para captar, acrecentar, o mantener el poder en un contexto de democracia formal. Por ende, en los debates Trump no cambió su argumentario, su estilo, ni su discurso; fue políticamente incorrecto, arrinconó a Hillary, la destruyó, la desnudó, la ridiculizó frente a los votantes. Mientras que los académicos, intelectuales, comentaristas y sesudos analistas decían que Hillary ganaba los debates porque Trump no se mostraba presidencial, a Donald le interesaba tres pepinos mostrarse como presidencial para agradar a las elites; él lo tenía claro quería llegar a la gente. Y lo hizo en los Estados claves, por eso ganó.

Finalmente, este análisis no pretende ser una apología a las ideas de Trump, las cuales considero absurdas, ridículas, peligrosas, y totalitarias. Pero si es un llamado a llegar a la gente, a entender sus necesidades, sus frustraciones, miedos, pasiones, y emociones. Porque si no las entendemos, posiblemente lo hagan nuestros adversarios, que no tienen escrúpulos y no son demócratas. En conclusión, si quieres ganar, juega para ganar; porque frente al fascismo no sirven las lamentaciones, solo la victoria.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

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