domingo, 30 de octubre de 2016

Trump: perdiendo, gana.

Exclusivo: El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - Trump va a perder las elecciones contra Hillary Clinton, sin duda los resultados serán muy apretados, pero la dinastía Clinton; es decir la representación del establishment político, económico, financiero, mediático y militar se impondrá por sobre el outsider populista-fascista.


Sin embargo, el fenómeno Trump perdiendo gana, no solo porque el magnate racista se ha posicionado mediáticamente en todo el mundo, lo cual es muy lucrativo para sus próximas iniciativas empresariales. Sino, sobre todo, porque una plataforma política fanática y radical que tiene como ejes trasversales el racismo, la anti-inmigración, la misoginia, y el conservadurismo más recalcitrante ha capturado gran parte del electorado del país más poderoso del mundo.

La explicación de este fenómeno no es necesariamente que los gringos son racistas, xenófobos e ignorantes. Eso es una respuesta simplista y superflua, la irrupción del fenómeno Trump tiene una respuesta eminentemente política. Trump es la expresión política de indignación ante la muerte del American dream, Trump es la consecuencia política del neoliberalismo salvaje, Trump es la respuesta al modelo de desarrollo del goteo y las migajas. En otras palabras, Donald es la encarnación política de los estadounidenses excluidos de la globalización, de los gringos que han sido expulsados del sistema, y de los “americanos” que observan como el American way of life se convierte en una quimera inalcanzable.

Si como método de análisis ponemos a un lado los elementos ultraconservadores de la plataforma política del candidato republicano como son: el racismo, el discurso anti-inmigrantes (muro y deportaciones masivas), la xenofobia (anti-islámico), su carácter misógino (criminalización del aborto), su política fiscal totalmente a favor del 1% más rico de la sociedad, y su circense política exterior. Pues queda un outsider nacionalista anti-statu quo que interpela a las clases económicas, políticas, financieras (Wall Street) y mediáticas  dominantes a través de un discurso popular-nacional con manifestaciones carismáticas, que ridiculiza al adversario, moviliza pasiones y emociones; y espectaculariza la política.

Donald es el ejemplo más claro de que el populismo no es una ideología maquiavélica que responde al socialismo del siglo XXI, al nacionalismo, al chavismo, al peronismo, al fascismo, o al comunismo; el populismo en términos generales es una estrategia para captar, acrecentar o conservar el poder político en un sistema formalmente democrático (votos). Dado que Trump interpela al bloque de poder hegemónico estadounidense, encarnado en los Clinton, a quienes los construye discursiva e indentitariamente como enemigos del pueblo. En ese sentido Trump construye una identidad popular; la identidad del pueblo americano, blanco, y amenazado por el desempleo, la migración, la globalización financiera, China, y el libre comercio. Propone la reconstrucción de la patria, y se encarna mesiánicamente como el único líder que lo puede lograr con una actitud y discurso anti-político personalista que descoloca a sus adversarios.

Más allá de las particularidades, especificidades, circunstancias, coyuntura, y contexto queda demostrado que excluyendo los elementos fascistas de Trump, perfectamente su discurso interpelatorio calza en líderes populistas como Chávez, Marine Le Pen, Perón, Pablo Iglesias, o cualquiera que utilice la estrategia populista para captar el poder. De hecho en política económica Bernie Sanders y Trump tienen muchas coincidencias, además de su retórica anti-elitista.

Por consiguiente, el fenómeno Trump perdiendo gana, ya que queda demostrado que la mayoría de estadounidenses que lo apoyan no son irrestrictamente fanáticos del Ku klux Klan, si esto fuera así Trump no habría pasado ni siquiera la segunda semana de primarias republicanas. Quienes apoyan a Trump son “americanos” desempleados, subempleados, precarizados, endeudados, con hipotecas, que perdieron sus casas, que no encuentran trabajo, ni pueden brindar mejores oportunidades a sus hijos. Los que apoyan a Trump son los pobres, los “losers”, y la clase media empobrecida que no se siente representada por la clase política tradicional (demócratas y republicanos). Por lo tanto, el fenómeno Trump no es solamente un problema de educación, es un problema político de crisis de representación que tiene que tener una respuesta política; porque si no el día de mañana puede aparecer otro Trump. Y por eso Donald perdiendo gana, debido a que las causas estructurales que permitieron su irrupción no van a desaparecer inherentemente con la victoria de Hillary.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

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