lunes, 10 de octubre de 2016

¿Qué es ser de izquierda y de derecha en el siglo XXI?

Exclusivo: El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - Ser de izquierda es ser comunista. ¡No! Ser de izquierda es ser socialista. ¡Tampoco! Ser de izquierda es la teología de la liberación o la doctrina social de la iglesia. ¡Menos aun! Ser de izquierda es ser trotskista, leninista, maoísta, castrista, chavista o soberanista.


En la otra orilla, ser de derecha es ser conservador o libertario ¡No! Ser de derecha es ser liberal ¡Jamás! Ser de derecha es ser neoliberal ¡Menos aun! Ser de derecha es ser representante del liberalismo social, del capitalismo salvaje, o del capitalismo con rostro humano.

En verdad el debate ideológico sobre izquierda y derecha es obsoleto, es un tema del siglo XX, ha muerto. Ha muerto porque a nadie le interesa, ha muerto porque es un paradigma de las generaciones pasadas, ha muerto porque a los ciudadanos no les interesa ni las entienden. Además en términos prácticos ha muerto porque ya no existe correlación de fuerzas desde la caída del muro de Berlín, este debate es una pérdida de tiempo. En otras palabras, hablarle de izquierda y derecha a los millennials es hablarles del pasado, de fanatismos estúpidos, de fundamentalismos que ya no pueden explicar, ni descifrar, y menos aún ser parámetros de acción ante un mundo irremediablemente globalizado, interdependiente, y dinámico.

Nadie en su sano juicio gobierna con fanatismos de izquierda o de derecha, y si lo hacen, les va extremadamente mal. Los gobiernos en el siglo XXI deben ser pragmáticos, estratégicos, y eficaces. En lo económico a quien le importa la derecha o la izquierda, si tus políticas públicas generan empleo, oportunidades, innovación, crecimiento económico, equidad, conocimiento, tecnología, y reducción de la pobreza. A quien le importa la izquierda y la derecha si politiqueros de ambos bandos son corruptos, autoritarios, vulneran los derechos humanos; se creen sátrapas, señores feudales o semi-dioses y abusan de su poder. Y, sobre todo, son incapaces de tener un proyecto de país que trascienda la izquierda y la derecha, por lo que siempre terminan en fracasos que derivan en la ley del péndulo para que todo inicie otra vez.

En un mundo lleno de desafíos, problemas y oportunidades; cada vez más interconectado por las redes sociales, con mercados financieros muy poderosos, donde el Estado-nación tiene cada vez menos poder, y la innovación tecnológica es imparable; la innovación ideológica no ha llegado a la política.  Debido a que simplemente los paradigmas políticos como derecha e izquierda ya no sirven, han sido desbordados y despedazados por la realidad.

Muchos dirán que entonces hay que refundar la izquierda y la derecha; muchos otros hablarán de la tercera vía o de la socialdemocracia; y que este razonamiento es la despolitización de la política al querer sepultar las ideologías. Por ende, es una “conspiración” a favor del establishment. Cuando no hay nada más favorable al statu quo que reducir el debate político a izqueirdas y derechas.
En realidad esta reflexión tiene como propósito establecer la posibilidad de ver más allá de lo evidente, de pensar políticamente, incluso pensar ideológicamente, superando las limitaciones de la izquierda y la derecha. Porque es evidente que para entablar un proyecto de país se requiere escoger un rumbo, un camino, tener certezas; pero porque siempre hay que escoger entre lo mismo. Entre izquierdas y derechas. Escoger a los mismos políticos diciendo las mismas cosas. Ese es el reto, pensar políticamente más allá del statu quo dominante, con eficiencia en la administración pública, con valores y principios, pero también con pragmatismo para gobernar y para ganar elecciones.

Finalmente, tal vez y solo talvez la izquierda y la derecha sigan vigentes porque nadie las ha interpelado políticamente, pero, sobre todo, porque todavía erotizan y movilizan en términos políticos. En otras palabras son románticas. Por lo tanto, una nueva opción política que las trascienda debe también tener su lado romántico y erotizar políticamente.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

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