martes, 27 de septiembre de 2016

Socialismo del Siglo XXI: ¿Por qué fracasó?

Exclusivo: El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - El Kirchnerismo, el Chavismo, el Correismo, el Orteguismo, el Evismo, y el lulismo fueron la consecuencia de la década perdida neoliberal en América Latina, cada uno con sus matices, particularidades y especificidades. Es indiscutiblemente un error desde el análisis político estandarizar y homogeneizar cada uno de estos procesos políticos, no es lo mismo el lulismo con su alianza entre los sectores populares y la industria nacional sin alterar el sistema político imperante, que el Chavismo  y su quiebre institucional, político, social y económico.


Igualmente, no es lo mismo la dinastía familiar del nuevo Somoza, Daniel Ortega, que el hiperliderazgo  de Evo Morales atemperado por la fuerza de los movimientos sociales con buenos resultados macroeconómicos. Tampoco son homogéneos el Kirchnerismo como expresión de poder relativo, limitado y reemplazable dentro del Peronismo, que el Correismo como fenómeno político que monopoliza el sistema político ecuatoriano.

Por lo tanto, tratar de encontrar una explicación única y uniforme que explique las limitaciones, contradicciones, y el fracaso integral del proyecto del socialismo del siglo XXI en Latinoamérica es un error. Muchos dirán que el fracaso se debe a que fue la intención de imponer el viejo y trasnochado anhelo comunista-socialista en la región (castro-chavismo), lo cual es un absurdo. Estos procesos políticos se caracterizaron por su interpelación a una oligarquía dominante que nunca tuvo un proyecto nacional, al fracaso del modelo neoliberal, a las grandes brechas sociales, pobreza y marginalización, y a la crisis sistémica de la institucionalidad democrática.

Por consiguiente, aunque parezca una exageración la pregunta que titula este análisis, ¿Por qué fracasó el socialismo del siglo XXI?, no lo es ya que su fracaso no reside en que no vuelvan a ganar una elección; Correa, Kirchner, Lula, Evo tal vez vuelvan a ser presidentes. Tampoco significa que sus maquinarias electorales (“partidos”) no jueguen un rol preponderante en los próximos años, seguro lo harán. Sino que dada la fuerza política, su legitimidad popular, las elecciones ganadas, el dinero por el boom de los commodities, su control total de las instituciones, y la capacidad de movilización política y social fueron incapaces de generar un proyecto de país incluyente, democrático, económico y socialmente sustentable, eficiente, transparente, y que los trascienda.

Por eso el Socialismo del siglo XXI, mas allá de que vuelvan o no al poder, ganen o no unas nuevas elecciones, o se mantengan vigentes, hechas las sumas y las restas, fue una nueva oportunidad perdida. Y aunque Maduro retenga el poder a costa de su propio pueblo, Cristina vuelva a apoderarse del Peronismo, o Correa regrese en el 2021 las condiciones, el contexto, la coyuntura, y la correlación de fuerzas ya no son las mismas. Fracasaron en su ideal de un proyecto de nación por su sectarismo, autoritarismo, mesianismo, corrupción, e ineficacia. Por ende, a continuación detallo rápidamente los patrones comunes del fracaso integral del socialismo del siglo XXI como proyecto de nación, reconociendo, una vez más, que cada realidad tiene sus particularidades y matices.

Nunca entendieron que la economía no solo consiste en gastar, gastar y gastar a lo loco; el gasto público es una herramienta de la política económica, pero no es una política económica, creer eso aunque haya necesidades infinitas y exista mucho dinero del petróleo, por deuda pública o externa es un suicidio financiero. Cualquier proyecto económico y, sobre todo social, debe ser sustentable y perdurable en el tiempo, sino es una estupidez e irresponsabilidad económica que afecta a los más necesitados.

Siempre se subestimó, criminalizó y excluyó a los empresarios, el capital internacional, y la inversión extranjera porque idiotamente pensaron que el precio del petróleo siempre iba a estar al alza, y se podría mantener el gasto público eternamente. Siempre utilizaron la retórica anti-mercado, contra el imperialismo y el poder financiero, pero cuando se les acabó la plata hipotecan, venden y subastan los bienes de la nación como unos rapaces neoliberales. Nunca comprendieron que para construir un proyecto económico-productivo en un contexto de globalización e interdependencia se necesita de un Estado fuerte y eficaz, pero no solo de eso, sino también de la iniciativa privada, del mercado, del capital financiero, de inversores externos, y de una industria nacional que emprenda e innove. Solo lograron más rentismo, empresaurios que se benefician de contratos del Estado, y profundizaron la dependencia de una economía primaria-exportadora.

Jamás escaparon de la vieja teoría de la Industrialización por Sustitución de Importaciones, no porque el objetivo sea malo, industrializarse, generar cadenas de valor, y luchar por una economía del conocimiento es excelente. Lo trágico es que no se reconoció la complejidad de nuestro mundo y la estrategia fue pésimamente diseñada. No pudieron insertar inteligentemente a nuestros países en una economía capitalista-competitiva, sin producción e innovación el desempleo crece, nunca le dieron importancia al equilibrio macroeconómico y la deuda externa vuelve a ser nuestro lastre. En fin, nunca entendieron como construir un proyecto productivo de país en el siglo XXI.

El Socialismo del siglo XXI (Bolivarianismo) fracasó como corriente política en América Latina ya que ningún país, candidato, o proyecto político latinoamericano quiere volver a abanderar sus ideas dado su desprestigio, deslegitimación y resultados deprimentes. También más allá de ciertos avances en integración regional como CELAC y UNASUR, el proceso integracionista fue ideologizado; y por ello se encuentra estancado. Un proceso de integración regional tiene que tener principios y resultados, pero no tiene que ser ideológico, porque jamás se obtendrán consensos. Lo único que han logrado es excluir de MERCOSUR, UNASUR y la CAN a países como Perú, Chile, Argentina, Paraguay y Colombia; y con ello, propiciar el advenimiento de la Alianza del Pacífico.

De la misma manera, dejaron de inspirar y transmitir esperanza, entusiasmo, alegría, transparencia, y fe por la política; al utilizar las mismas prácticas del pasado, perseguir, criminalizar, encarcelar, el excesivo personalismo, los insultos, y la corrupción. Pero, sobre todo, sustituyeron la esperanza por el miedo, ahora solo transmiten miedo porque se sienten amos y señores de todo, no admiten disidencia, entienden la política como religión y verdad única. Y por eso dejaron de representar a la gente y se han convertido en una mafia de poder que se sostiene con la retórica del miedo a la “restauración conservadora”, al regreso de la derecha, o al pasado neoliberal.

En vez de transformar el Estado en una administración pública profesional, eficiente, con rendicion de cuentas y con meritocracia; la convirtieron en maquinarias electorales, en la guarida de sus sumisos y lacayos, en la vanguardia de la “revolución”, en una secta a la que se ingresa por la capacidad de aplaudir y ser una alfombra humana. La cual tienen que soportar los servidores públicos que si piensan en su país y no en el partido o la ideología de turno, y que a pesar de eso realizan su trabajo con amor a la patria. Pero con miedo a ser desplazados, despedidos o reemplazados por incapaces y corruptos; pero incapaces con carnet del partido.

No entendieron que un proyecto nacional tiene que trascender una ideología, un partido, un proyecto político y obviamente un liderazgo, ningún proyecto político es eficaz y perdurable en el tiempo si no entiende esta premisa básica. Creyeron que generar equidad e igualdad de oportunidades significa cercenar las libertades y gobernar como señores feudales autoritarios. Cometieron la insensatez de los neoliberales pero al revés, sacrificar la libertad en pos de la equidad, lo cual es un dilema estúpido e históricamente superado. De la misma forma estos procesos políticos han fracasado porque se creyeron los únicos representes de la patria, los padres fundadores de las nuevas repúblicas, las legítimas encarnaciones de la patria, la palabra patria solo les pertenece a ellos los demás son la anti-patria. Son tan limitados que creen tener el copyright de la palabra patria, ¿quién les dio la patente de encarnar al pueblo? claro que con esta estrategia puedes interpelar exitosamente al bloque de poder dominante, pero solo de manera temporal, sin embargo, nunca construir un proyecto de nación. Porque la patria es el otro, la patria es el prójimo. Todos somos la patria.

También prometieron combatir la corrupción, acabar con la impunidad e inmunidad, respetar la justicia, la independencia de poderes, y el estado de derecho para que los corruptos que se aprovechan de su autoridad pública para enriquecerse estén en la cárcel después de un juicio justo. Pero hicieron todo lo contrario al desinstitucionalizar la democracia, al perseguir a los denunciantes, al politizar la justicia, al debilitar y cooptar la participación de la sociedad civil, al crear una argolla de mafiosos que manejan la justicia a su gusto, al promover el enriquecimiento con los sobreprecios y sobornos en los contratos de infraestructura. En otras palabras, crearon una nueva mafia de poder corrupta y autoritaria que no se diferencia en nada a la rapacidad del capitalismo de amigos de los neoliberales, salvo en su cinismo.

Finalmente, el socialismo del siglo XXI fracasó como proyecto de nación porque más allá de lo bueno, lo malo, lo chévere y lo pésimo de sus acciones nunca pudieron construir los dos pilares que todo país que busca el desarrollo debe poseer: un sistema político legítimo e incluyente, y un modelo económico y social eficaz y sustentable. Es decir UN RUMBO, UN CAMINO  que puede ser mejorable, debatible, y perfectible; pero no cada diez años refundado, con constituciones temporales y a la medida, y un sinnúmero de asambleas constituyentes cada vez que aparece el nuevo “salvador de la patria”.

En conclusión, en política generalmente los adversarios nunca se reconocen ningún éxito, por ende, tienes que hacer de lo extraordinario lo normal; y tus adversarios por tus resultados no podrán cuestionar el modelo económico, el sistema político, ni el proyecto de país. Sin duda alguna, mejorarán, lo perfeccionarán, lo reformarán, pero no lo tirarán al tacho de la basura. Lamentablemente los líderes del socialismo del siglo XXI desperdiciaron su oportunidad, tuvieron todo para hacerlo, y prefirieron pensar en sí mismos y en sus delirios de grandeza.  Y después de más de una década seguimos discutiendo el proyecto de nación y lo peor de todo, después de diez años lo único seguro que tajó el “socialismo del siglo XXI”  es el regreso de los neoliberales, que contradicción tan patética.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

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