martes, 20 de septiembre de 2016

Ecuador: perspectivas 2017

Exclusivo: El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - Lo políticamente correcto es decir que política es el arte de servir, sin embargo, en términos realistas y maquiavélicos la política es la posibilidad de ganar una elección, tomar el control del Estado democráticamente, y establecer un proyecto de país por parte de elites oficialistas, de oposición, partidos políticos, grupos de interés, elites empresariales, mediáticas, movimientos sociales, o sus coaliciones variopintas.


Por ende, el Ecuador en el 2017 elegirá entre diversas opciones básicamente dos caminos: la continuidad del correismo o tomar un rumbo diferente. Sin duda alguna, se puede hacer un análisis riguroso y estructural de lo bueno, lo malo, lo chévere, lo feo y lo pésimo del gobierno de Correa. Igualmente, es necesario realizar un análisis de las acciones, omisiones, posturas y contradicciones de la oposición  en estos casi diez años. Pero eso será en una próxima oportunidad, porque a continuación se realizará el análisis concreto de la situación político-electoral concreta que enfrentará el país en el 2017.

En primer lugar, se encuentra el oficialismo, que es el favorito para ganar más por la incapacidad de la oposición que por méritos propios, su candidato a pesar del afán de ocultamiento será el ex vicepresidente Lenin Moreno acompañado como binomio presidencial por el actual vicepresidente Jorge Glas. Moreno tendrá el reto de decir que hará frente a la crisis económica, el desempleo, la política económica, el comercio exterior, la situación institucional, las libertades, la politización de la justicia, y la polarización social.

 En otras palabras, Lenin Moreno tiene muy poco margen de maniobra porque su discurso tiene que ser de continuidad y defensa del  correismo, tener como bandera de campaña todo lo bueno, solo hablar de lo bueno de la “revolución”, de las carreteras, los hospitales, las becas, el gasto público, etc. Y, además, satanizar y demonizar a sus adversarios posicionándoles como el regreso de la derecha, el neoliberalismo, la restauración conservadora, los banqueros, la defensa de la soberanía y demás retórica que se desinfla ante la realidad cotidiana. Ese discurso del miedo fue lucrativo en el 2006 como interpelación a la oligarquía dominante, fue eficiente cuando la economía funcionaba por los altos precios del petróleo, pero ahora ya no pega; porque AP ha gobernado 10 años con todos los poderes a su antojo y tiene que hacerse cargo.

El oficialismo si quiere ganar tiene que dar mayor flexibilidad al discurso de Moreno, diciendo que va a mantener lo bueno y cambiar lo malo, que él no es Correa, que será su gobierno, que no será un títere, y proponiendo alternativas y soluciones diferentes al relato correista de proyecto de país. Lo cual sinceramente parece imposible, por algo el correismo puro y duro le impone a Glas como binomio, alguien que no le aporta nada, ni un solo voto, no es un binomio plural, de la sociedad civil, de otro partido, o alguien más amigable que expanda su base electoral que es lo que se busca generalmente con los binomios. Es un correista pura sangre que le ponen como comisario político para que controle a Moreno, en quien no confían plenamente (no quieren sorpresas, no quieren un desenlace Uribe-Santos), Moreno si gana será un conductor conducido, Glas pretenderá ejercer el verdadero poder y así garantizar el “proyecto”, la impunidad, y el retorno del líder en el 2021.

Por lo tanto, Moreno parte como favorito por su perfil personal, no porque representa a AP, ni siquiera porque es el elegido del Presidente; que en verdad no lo es, es Glas, pero es Moreno quien puede ganar y no le quedó más remedio a Correa que tragarse ese sapo. Por ende, Moreno tendrá una campaña muy difícil, en la cual será interpelado por sus adversarios por sus contradicciones, y tendrá que hacer una simbiosis entre la continuidad y el cambio.  Tiene que representar estas dos variables si quiere ganar. Si lo logra sin duda alguna ganará en primera vuelta, que es lo que el oficialismo anhela ante el temor de una segunda vuelta, pero para tal fin tiene que desmarcarse del correismo puro y duro. Pero ¿alguien se imagina a Moreno criticando en algo al correismo, sin una respuesta de Correa?

Y, peor aún, más allá de la oposición, el peor enemigo de Moreno es el involucramiento directo de Correa en su campaña. Correa tiene que estar callado en la campaña, no es más un activo es un pasivo incómodo para Moreno; quien tendrá que posicionar que él es el candidato no Correa, pero ¿alguien cree que eso sea posible o tan siquiera vendible?

Por otro lado, se encuentra la fragmentada y atomizada oposición desde la derecha hasta la extrema izquierda. Posiblemente existan 11 candidatos presidenciales de oposición, lo cual facilitaría notablemente la victoria del correismo. Desde cadáveres políticos como Álvaro Noboa o Lucio Gutiérrez, que no representan a nada ni a nadie en una elección presidencial, seguido por el candidato de Centro Democrático Nacional que no le conocen ni en su casa, y el ex fiscal correista Washington Pesantez, quienes no son más que chimbadores electorales que aspiran cierta representación en la Asamblea a través de su candidatura presidencial.

Además la oposición tiene como candidato a Abdala Bucaram Pulley  (Dalo) quien tiene cierto apoyo en la costa ecuatoriana y puede representar una alternativa populista minoritaria, pero sin mayores posibilidades de victoria. En la misma tónica, se encuentran el prefecto del Azuay Paúl Carrasco y Lourdes Tiban (Pachakutik) quienes son alternativas presidenciales minoritarias en términos electorales, por lo tanto, si no deciden unirse a la coalición de derecha (la Unidad) y a la coalición de izquierda (Acuerdo por el cambio) respectivamente su participación en solitario será testimonial. En la misma posición está el recientemente refundado partido Izquierda Democrática quien tendrá que unirse a la coalición de izquierdas si quiere ser competitivo, su participación en solitario con María Paula Romo o Paco Moncayo es un suicido electoral, solo entendible para meter en la asamblea a una o dos figuras del partido y consolidar su reconstrucción.

Ante este contexto de debilidad y torpeza las fuerzas de oposición con posibilidades reales para competir al correismo en las próximas elecciones son realmente tres: En primer lugar, la Unidad (PSC, Avanza, Concertación), liderada por Jaime Nebot y los socialcristianos cuya candidata presidencial será Cynthia Viteri, que representa a la centro derecha. En segundo lugar, Guillermo Lasso a través de CREO que también representa a la centro derecha y una coalición de movimientos políticos provinciales y figuras políticas multicolor. Y en tercer lugar, la centro izquierda que está representada por la confluencia Acuerdo Nacional por el Cambio que tendrá seguramente como candidato al ex General Paco Moncayo.

De las tres fuerzas de oposición anteriormente mencionadas tanto Cynthia Viteri como Lasso van a disputar en primera vuelta a un mismo electorado ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo para conformar un solo frente de derechas. Seguramente tanto la candidata de la Unidad como el ex banquero esperan que haya segunda vuelta y pasar al ballotage con el candidato del correismo; para en ese escenario polarizar la elección y obtener directamente los votos de su contraparte de derechas. Cálculo que puede no darse si no hacen una campaña inteligente, que llegue a la gente, a sus pasiones, emociones y sentimientos, y al contrario sean las derechas las que logren por la fractura del voto opositor hacer que ningún candidato presidencial logre llegar al 30%. Y así Moreno ganaría solo con el 40% de los votos en primera vuelta, y ni siquiera necesitaría más del 50%.

En la otra vereda está Paco Moncayo quien espera representar la tercera vía, ni la derecha ni el correismo, sino posicionarse como el candidato del progresismo y así entrar como “la alternativa” en el espectro electoral venidero. Lo cual es un objetivo complejo debido a que ante la premura del tiempo, en una elección en la que básicamente se decide seguir o no con el modelo correista, una posición de centro, que intente modificar este eje electoral juega a contra-corriente. A largo plazo podría ser una iniciativa interesante, pero en el corto escenario electoral, puede ser tachada como una candidatura de media tinta, blandengue, que no es ni chicha ni limonada. Más aún si hay correistas arrepentidos entre sus filas y levantan las banderas de la izquierda, el socialismo, el progresismo que “es el que ha gobernando supuestamente”.

Finalmente, hay que esperar la campaña y ver como se desenvuelven cada uno de los actores referidos, sin descartar del todo una posible candidatura de Correa de última hora por medio de que la genuflexa Corte Constitucional eche abajo la transitoria constitucional referida a la reelección indefinida. Por consiguiente, habrá que ir a votar en Febrero del 2017 tapados la nariz ante tal escenario de partidos y líderes, porque lamentablemente todos se creen presidenciables y no es así, pero es lo que hay. Y es lo que hay porque son estos actores los que se involucran y actúan políticamente, mientras los demás los vemos.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

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