jueves, 25 de agosto de 2016

El eterno problema de la sucesión politica en Latinoamérica

Exclusivo: El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - Uno de los grandes conflictos políticos de Latinoamérica ha sido históricamente el problema de la sucesión política, entendida esta última como la generación de liderazgos y cuadros nuevos que reemplacen al líder, caudillo o mesías de turno. Generalmente los procesos políticos caudillistas finalizan cuando al líder se le acaba la gasolina electoral o cuando este fallece, dejando en acefalía y herido de muerte al proyecto político que encabeza.

Estatua de Néstor Kirchner en la sede de la Unasur (Ecuador)

Cundo murió Perón el peronismo se convirtió en una maquinaria de poder que vomitó tanto al neoliberal Menem como al Kirchnerismo “nacional y popular”, no importa la ideología, la coherencia política, el verdadero legado, la ideas-fuerza, la doctrina, parámetros mínimos. No importa nada. Los caudillos como proyecto político no dejan nada, ni heredero, ni ideología y menos aún un proyecto de país perdurable, son el vacío.

Tras la muerte del caudillo el Chavismo se aferra a la vida a través del recuerdo del comandante, es el único activo que tiene la languidecida Revolucion Bolivariana, sin Chávez no existe proyecto político. Ni Maduro ni Diosdado tienen la legitimidad del “campeón del pueblo”, el chavismo sin Chávez no es más que un régimen autoritario y bueno para nada, con Chávez no difería mucho de este diagnóstico, pero, por lo menos, tenía a Chávez. El chavismo sin el comandante no existe, al igual que el peronismo, todos tomarán su nombre como bandera política, pero sin su efectividad.

El Fujimorismo es un fenómeno político que no existe ni se entiende sin Alberto Fujimori, para bien y para mal, cuyo legado además de la corrupción y la vulneración a los derechos humanos fue un sistema político fragmentado y desinstitucionalizado. Su hija, Keiko, no es la heredera de un proyecto político, es la heredera de un caudillismo neoliberal mafioso y autoritario. No existe un proyecto de país, el fujimorismo es el chino no Keiko, por eso, la mayor de los hermanos Fujimori ha disputado el ballotage presidencial tanto en 2011 como en 2016, y por esa misma razón ha perdido ambas lides electorales.

El correismo en Ecuador y Evo Morales en Bolivia mayoritariamente pueden compartir este camino mesiánico, pero, para ser rigurosos, hay que observar la sucesión política en sus respectivos casos. Y si su proyecto político trasciende esta sucesión, o si perece cuando ni Correa ni Morales estén en el poder, o cuando sean derrotados, o cuando de forma natural ya no estén en este mundo.

En otras palabras, la sucesión política en Latinoamérica en vez de caracterizarse por ser un proceso común y corriente, normal, natural, en el cual un líder o partido entrega el poder de manera ordenada, pacífica, sin desinstitucionalizar el país, refundar el sistema político, o entorpecer la labor del gobierno entrante; se ha caracterizado por la ruptura y el resquebrajamiento.

Finalmente, en América Latina de una vez por todas la sucesión política tiene que dejar de ser un tema trascendental, extraordinario y excepcional, no debería importar si sigue Correa, Chávez, Lula, Cristina, Evo, o quien sea. En verdad no importaría si existiera un proyecto político, o un sistema político institucionalizado, pero no existen, y por esa razón la sucesión es traumática.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

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