jueves, 14 de julio de 2016

CULOCRACIA: Los medios como dispositivos ideológicos

Exclusivo: El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - “El siglo XX fue de las tetas (tetocracia), pero el siglo XXI es de los culos (culocracia)”. Las palabras precedentes corresponden al intelectual kirchnerista José Pablo Feinmann, quien más allá de lo misógino y machista de la expresión, trata de sintetizar su idea del dominio ideológico de los medios de comunicación sobre las sociedades y los individuos a través de su hipótesis de la Culocracia.

José Pablo Feinmann

Básicamente lo que trata de decir Feinmann es que los medios de comunicación, en la era de la globalización y las tecnologías, son la vanguardia de un proceso de estupidización mundial debido a que si un “boludo” trabaja durante todo el día sin descanso ni tregua para pagar sus cuentas, mantener una capacidad de endeudamiento para tener una colección de tarjetas de crédito que sostengan su consumismo, y llega rendido a su casa para repetir la misma rutina día tras día. Es un acto de supervivencia casi necesario poder desconectarse de su realidad y entregarse a vivir una vida que no es suya, una amalgama de anhelos, sueños, dinero, diversión, y ocio permanente. En otras palabras, prender su televisión y ver cualquier programa que evite pensar críticamente la realidad, que evite que ese “boludo” sea consciente de que es parte de un suicidio colectivo, que impida que ese “boludo” entienda que es simplemente un engranaje miserable de un sistema llamado neoliberalismo. Y, por lo tanto, al no poder pensar críticamente su vida, al no ser consciente de su realidad, y no tener alternativas para hacerle frente, el “boludo” termina legitimando el sistema imperante.

En esta “conspiración mundial” la televisión, según Feinmann, juega un papel fundamental al anestesiar el espíritu reivindicatorio de las sociedades y los individuos. Además es un dispositivo ideológico que posibilita la reproducción social de las condiciones materiales de dominación. Es decir cuando el “boludo” llega del trabajo y ve la televisión en su único espacio libre de tiempo, es absorbido por los valores que inspira y socializa la televisión: éxito económico, lujos, mujeres bonitas, carros de lujo, tetas impresionantes, culos perfectos, restaurantes pletóricos, comida exquisita, viajes alrededor del mundo. En si una orgía de consumo y de placer inalcanzables que reafirman estúpidamente la ilusión del esclavo (boludo) en la quimera que ofrece el sistema que lo explota. En palabras marxistas la estructura (neoliberalismo) se replica en la superestructura (medios de comunicación) que termina reproduciendo todo el sistema interminablemente, generando un hegemonía que impide la conformación de un bloque histórico que reivindique e interpele al bloque de poder imperante (Gramsci).

En síntesis, toda la perorata marxista anteriormente expuesta se resume en un solo nombre: TINELLI, su programa de televisión (Showmatch), para Feinmann, es la encarnación de la CULOCRACIA, porque TINELLI noche tras noche impide que se germine la capacidad crítica de los argentinos a través de su show que tiene al culo como su eje central. Mujeres despampanantes bailando, cantando, mostrando sus cuerpos, showmatch es la representación del placer inalcanzable,  de la cosificación de la mujer, es el ejemplo perfecto del proceso de estupidización del neoliberalismo salvaje que impide tácita o explícitamente que los boludos piensen. Ya no se necesitan golpes militares, dictaduras, un plan cóndor, la doctrina de la seguridad nacional, tanques, torturas, ni nada por el estilo. Ahora la cultura de lo banal, de lo superfluo, la cultura del espectáculo, la farandulización del mundo solo necesita la televisión, Facebook, twitter, WhatsApp, YouTube, Snapchat, o lo que sea que el capitalismo en su infinita capacidad creadora emprenda para imponerse a sí mismo.

Finalmente, no creo en las teorías de la conspiración, ni en la existencia de un gran titiritero malévolo, ni en la división de la vida social entre buenos y malos, seguramente discrepo en la mayoría de las afirmaciones de Feinmann. Pero en algo tiene razón este argentino ultra kirchnerista, evidentemente no es su idolatría ciega del Kirchnerismo lo cual a estas alturas del partido es un acto de complicidad con los corruptos.  Sino que es necesario, que se puede y podemos hacer una mejor televisión, la cual no precisamente tiene que ser aburrida, y no necesariamente desde el Estado, sino una televisión desde la sociedad civil, divertida, reivindicativa, y que ayude a pensarnos cotidianamente. Porque la CULOCRACIA no puede ser nuestra unica opción.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

2 comentarios:

  1. Saludos, excelentes observaciones, aunque me pregunto: que pasaría si evitamos las generalizaciones y matizamos el argumento?, para encontrar matices en personas como yo que escogen lo que nutre a su curioso cerebro y por ello pudo llegar a este útil artículo...

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  2. Que tal , y perdón por la tardanza de la respuesta. En primer lugar, gracias por leer mi análisis y por tu comentario. Totalmente de acuerdo que lo fundamental es el análisis concreto de la situación concreta. Pero para ello hay que tener , primero, bien claro el panorama. Saludos

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