lunes, 6 de junio de 2016

Muhammad Ali: la búsqueda de la trascendencia

Exclusivo: El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - Vivir por vivir. ¿Qué sentido tiene? Levantarte todos los días a hacer lo mismo. La rutina asfixiante como ley de supervivencia monetaria. Darle un soporífero cotidiano a tus sueños. Matar tu pasión, tus sentimientos, y tus emociones por la estabilidad. En otras palabras, morir cada segundo con la mediocridad del conformismo, mediocre pero estable, mediocre pero a salvo, conformista pero seguro, en si vivir por obligación, por necesidad, y viendo a la muerte como una salida.


El anterior párrafo refleja la clase de vida que consciente, subconsciente y, sobre todo, inconscientemente millones de personas alrededor del mundo practican sistemáticamente día tras día. Muchos dirán es el sistema que nos obliga a pensar en ganar dinero, mucho dinero, siempre más, y cada vez más. Por consiguiente, vivir para trabajar, no importa que ignore mis sueños y la felicidad, porque la felicidad es el dinero, porque no me importa ser un ser humano, prefiero deshumanizarme y ser un consumidor. En otras palabras, un ente con tarjeta de crédito, capacidad de endeudamiento, y ansioso siempre por más consumo, más dinero, y menos vida.  Cabe resaltar que ganar dinero legal y legítimamente no es un pecado, no es algo malo, ni hay que satanizarlo, no se vive del arte, además si alguien tiene el sueño de ser millonario, pues es legítimo. Eso no lo hace una mala persona. De hecho el mundo necesita cada vez más emprendedores, empresarios responsables, gente de negocios decente, y espíritus innovadores que sacudan el mundo.

Pero, si vendes tu alma, tus sueños, tu pasión, tus convicciones en pos de consumir más, buscar el poder por el poder, la fama o la gloria; o en su defecto, por miedo al fracaso optas por la estabilidad del conformismo. En síntesis, mi querido lector estás viviendo por vivir. Y aquí entra Muhammad Ali, el más grande boxeador de todos los tiempos, un joven afro-americano, sin mayor futuro ni oportunidades, pobre, condenado a la exclusión, y discriminado por el solo hecho de ser negro en un Estados Unidos donde la segregación racial estaba institucionalizada. ¿Quién en su sano juicio hubiera pensado que este hombre se transformaría en leyenda? ¿Quién hubiera creído sería un mito del boxeo, pero, especialmente, del afán de superación?  Seguramente nadie. Lo cual, en verdad, no interesa, porque el único que debía creerlo, lo creyó, y lo consiguió.    

Muhammad Ali, el tres veces campeón de los pesos pesados, encarna la búsqueda de la trascendencia, personifica la lucha de todos los días por una causa, por una convicción, vivir por y para tu pasión, darlo todo por trascender. Ali le dio sentido a su vida, no se conformó con ser uno más, con aceptar su destino, con resignarse con su realidad, aunque las posibilidades de surgir eran ínfimas, aunque todo a su alrededor le decía que no lo iba a lograr, que era imposible. El entendió que vivir por vivir es morir, que tienes que tener algo porque vivir, una causa, un principio, un sueño, por más quimérico que sea, porque si no la vida no tiene sentido, en ese caso la vida no vale nada.

 Cabe resaltar que aquí no se trata de alcanzar el tan mentado “éxito” traducido erróneamente como dinero, fama, poder, o gloria. Dado que ninguno de los cuatro elementos antes mencionados otorgan felicidad absoluta, ni tampoco importan cuando estas en el cementerio. De lo que se trata es de trascender, en lo que tú quieras, haciendo lo que desees (cosas legales y legítimas), tener una causa, un sueño por el cual perseverar y luchar; algo que te permita sentirte vivió, un horizonte por el cual seguir adelante, una utopía que legitime el espacio que ocupamos en este mundo, un ideal que justifique nuestra existencia. Solo cuando nuestras vidas se enmarcan en esa lógica, podremos decir legítimamente que la estamos viviendo y nuestra vida merece ser vivida.

Y que mejor ejemplo de lo antes mencionado que Muhammad Ali, y no necesariamente por su extraordinaria trayectoria profesional, sino, principalmente, por todo lo que tuvo que sobrellevar y superar para trascender. Racismo, pobreza, discriminación, cárcel, prohibición para practicar el boxeo, deslegitimación mediática, incomprensión, traiciones, y desilusiones. Pero, siguió adelante, tuvo la fuerza, la valentía y el coraje para vencer todas las adversidades, por una sola razón, porque tenía una causa por la cual luchar; bien sea alcanzar la excelencia profesional o aportar en favor del movimiento por los derechos civiles en su país. Porque Ali encaró la vida como sus peleas en el ring “volaba como una mariposa, picaba como una abeja; porque las manos no pueden golpear lo que los ojos no ven”.

En conclusión, la vida es muy corta como para perderla en lamentaciones y, peor aún, en vivir solo por vivir, ignorando nuestros sueños, y con ello nuestra felicidad y la de los que nos rodean. Hay que vivir por una causa, por un sueño, por un ideal, por nuestra pasión; porque solo ahí este viaje, que sabemos se va a acabar, habrá valido la pena. Y no porque consigamos inherentemente todo lo que queramos sin excepción solo por el hecho de arriesgarnos, tal vez esto nunca pase, tal vez fracasemos, lo más probable es que sea difícil y duela. Pero, aun así, habrá valido la pena, porque lo intentaste, porque no renunciaste jamás, porque cuando pasen los años y regreses a ver no te arrepentirás de no habértela jugado.

Esta es una decisión difícil, no es una invitación al éxito sin esfuerzo ni sacrificio, es una invitación a trascender que no tiene ninguna garantía de que termine bien, quien quiera garantías que vaya al banco. Esto se llama vivir, y no solo vivir, buscar la trascendencia en la vida; porque como bien lo dice el terno Muhammad Ali  “Odiaba cada minuto de entrenamiento, pero me decía ‘no te rindas. Sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón”. Descansa en paz Campeón.    

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

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