domingo, 1 de mayo de 2016

La Derecha buena onda en América Latina

El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - La elección presidencial ganada por Mauricio Macri en Argentina, la victoria apabullante de la oposición venezolana en las elecciones para asambleístas, la derrota de Evo Morales en el referéndum por la reelección indefinida, la segunda vuelta electoral entre dos candidatos presidenciales de derecha en Perú (Keiko Fujimori versus Kuchinsky) y la crisis política en Brasil son muestras inequívocas que anuncian el comienzo de un nuevo ciclo político en América Latina. Muchos dirán que es la simple lógica del péndulo político entre izquierdas versus derechas, que así como el neoliberalismo tuvo su preeminencia política con los Menem, Fujimori, Collor de Melo, Gaviria, y compañía en la década de los 90, la izquierda tuvo su cuarto de hora de poder la última década, y que ahora le toca a la derecha; y así se repetirá el ciclo ad infinitum.


También se podrá decir que la derecha política maneja mucho mejor las crisis económicas que las izquierdas, por ende, en un contexto de recesión económica el electorado latinoamericano opta por escoger líderes que sean capaces de realizar ajustes y equilibrar la macroeconomía. Mientras que en época de bonanza, como en la reciente década dado el elevado precio de las materias primas, es mejor que gobierne la izquierda por su tendencia a la redistribución de la riqueza y a las políticas sociales. Por lo tanto, este círculo vicioso entre bonaza-izquierda y recesión-derecha es el argumento “lógico” para explicar el gradual decaimiento de la hegemonía política de la izquierda latinoamericana. Sin duda alguna los Kirchner, Chávez, Evo, Lula, y Correa fueron una respuesta al modelo fracasado del neoliberalismo, así como esta “restauración conservadora” es una respuesta al fracaso estructural de los gobiernos de izquierda en la región. Sin embargo, la explicación del péndulo entre izquierdas y derechas es insuficiente para comprender la actual dinámica política latinoamericana; entender la política en claves ideológicas en la era de la tecnología, de la información, del internet, de las clases medias, de los millennials, y la globalización es una ingenuidad gigantesca.  

Por consiguiente, el retorno de la derecha tiene su explicación en su capacidad de conectar con la gente en un contexto de crisis económica, falta de oportunidades, expansión del consumo y  la clase media, electorado joven, y muerte de las ideologías. Además este escenario es complementado por la muerte del mito y romanticismo de la izquierda con valores como la honestidad, la transparencia y la ética pública después de 10 años de corrupción institucionalizada. En el mismo sentido, la derecha latinoamericana se ha aprovechado de la incapacidad de la izquierda para seguir cautivando a la sociedad, los discursos por la justicia social y la reivindicación popular con los que llegaron al poder poco a poco se van quedando obsoletos ante la crudeza de la realidad. Cada vez cautivan a menos gente, ya no movilizan emociones ni sentimientos, en otras palabras la izquierda está perdiendo sistemáticamente su sex appeal político que le hizo ganar elección tras elección.

La izquierda latinoamericana ha gobernado más de una década, con resultados buenos y malos que están a la vista de todos, pero, lo que queda claro, es que un cambio estructural en lo político y económico no existió. Poco a poco se les acaba la gasolina electoral a caudillos como Correa, Evo, Kirchner y Lula quienes cavaron la tumba política de sus proyectos al reducirlos a personalismos mesiánicos. Ante este escenario la derecha se construye simbólica, identitaria y políticamente como una alternativa desideologizada, que se presenta con soluciones de crecimiento y empleo, abanderando su discurso predilecto por la mano firme frente a la inseguridad, reconociendo la necesidad de la inclusión social, la honestidad y la transparencia; y con un tono conciliador, descomplicado, que busca el consenso, y la unidad.

En otras palabras, el discurso de la derecha representando un cambio con alegría, esperanza, optimismo, unidad nacional y entusiasmo; dejando a un lado los odios, disputas, enfrentamientos, insultos y polarización de la última década está llegando a las clases medias y a los millennials. En contraposición, la izquierda no tiene un discurso para estos sectores, cada vez más crecientes, su retórica por la justicia social y la igualdad se agotó, los está perdiendo en un contexto de crisis económica, pragmatismo, y globalización. La izquierda fue incapaz durante 10 años de construir una nueva forma de interrelacionarse con la gente, es víctima de su propia creación –crecientes clases medias consumistas-, y de sus propias contradicciones (corrupción, autoritarismo, mediocridad, e ineficiencia).

Adicionalmente los ideólogos, políticos, líderes y organizaciones políticas de la izquierda latinoamericana saben esta realidad, no niegan este fenómeno, conocen el diagnóstico, coinciden con él; pero su respuesta es equivocada. Muchos dicen no creamos o fuimos incapaces de construir estructuras populares-nacionales que reivindiquen y defiendan el proyecto. Otra estupidez por el estilo es decir que a la izquierda le faltó generar conciencia revolucionaria en la gente y que es necesario, hoy más que nunca, concientizar a la sociedad del enemigo neoliberal que acecha a través de un discurso de miedo. Y, a largo plazo, generar estructuras sociales revolucionarias comprometidas con el proceso de “cambio” Puro romanticismo ridículo y barato. Estas solo son recetas del desastre, en pleno siglo XXI a la gente no le interesan las estructuras nacional-populares, ni las ideologías, ni conciencia revolucionaria, ni los prejuicios, y mucho menos los discursos del miedo, que en una elección tiene un efecto búmeran. Lo que la gente quiere es decencia, honestidad, diversidad, esperanza, alegría, resultados, eficacia, oportunidades, principios y pragmatismo. Y la izquierda ya no los ofrece.

Por ende, esta nueva derecha emergente tiene todavía que demostrar si es el neoliberalismo retardatario que está de vuelta, o una alternativa diferente que trasciende el simple marketing político. Finalmente, la denominada “derecha buena onda” ha encontrado su nicho electoral ante el vacío de representación, legitimidad e identificación que, poco a poco, está dejando la izquierda en la región; lo cual abre a mediano y largo plazo una ventana de oportunidad para la emanación de una alternativa política que vuelva a emocionar y cautivar a la gente. Y que no necesariamente tiene que ser de derecha o de izquierda, sino que puede ser una alternativa innovadora que los trascienda.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec