jueves, 26 de mayo de 2016

La democracia como redención: Abdalá Bucaram

Presidente del Ecuador (1996-1997)


Exclusivo: 
El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Andres Gomez Polanco *) - ``En 1998 Bucaram se comparó con Febres Cordero diciendo: yo tengo los huevos más gruesos que los de Febres. Mejor dicho yo tengo huevos y Febres no los tiene``

Abdalá Bucaram

En la campaña electoral de 1996, en Ecuador, Bucaram exclamó ante la gente: ``Te voy a enseñar que es un solo toque, el 7 de julio cuando vayas a votar te paras en la cola, miras que no hayan socialcristianos que te puedan chorear la cartera, sacas la cédula, tu nombre es Juan Quishpe, firmas, pones tu nombre, coges la papeleta, te vas a la urna, abres la papeleta, cuando ves a Nebot dices no Dios mío Satanás, y cuando ves a Abdalá con cariño, suave, suavecito, no hagamos lámpara, hay que ser humildes y sencillos en el triunfo, coges la pluma, miras la 10, y ¡un solo toque!``

``Votar por mí es como rayar un Mercedes Benz con una chapa de cerveza, votar por mí es como botar excrementos en el Club la Unión``. ``Yo nací en el suburbio, Nebot nació en cuna de seda. A mí me talqueaban con levadura a él con talco menen``. ``Soy Batman, el loco 001, soy el loco que ama``.

Todas las expresiones precedentes sintetizan la personalidad, el estilo político, y, sobre todo, la forma de hacer política que caracterizó al autodenominado líder de los pobres, Abdalá Bucaram Ortiz, mejor conocido como el loco que ama. Es decir la política como espectáculo, como demagogia sistemática, como el arte del más bacán, la política como pasión desbordada. En otras palabras, la farandulización y banalización de la política que reivindica a los sectores populares desde las catacumbas y las cloacas, rescatando la identidad popular como herramienta para dicotomizar y polarizar el espectro político contra las elites racistas y excluyentes.

Muchas cosas se han esgrimido sobre el líder roldosista: su estridencia, corrupción, machismo, mal gobernante, populismo, tarimero, demagogo, autoritarismo, deshonestidad, primitivismo político, personalismo, estilo mesiánico, neoliberal, y un largo etcétera. Las cuales en su mayoría son verdades incuestionables, pero, indiscutiblemente, un elemento que encarna y personifica Bucaram, como ningún otro, es la democracia como redención.  

Abdalá en la tarima con sus bailes, canciones, bromas, insultos, y carisma conectaba con la gente, con los humillados de siempre, con los menesterosos, con los sin voz, con la ``chusma``. El apoyo popular hacia el loco que ama no se sustentaba en la ignorancia, ausencia de cultura política, o falta de valores democráticos de la gente. Esta es la clásica y siempre errónea explicación de las elites (académicos, analistas, políticos profesionales y empresarios), esta lógica fracasada subestima a la gente, les cree idiotas, títeres, y vagos que creen en el populista demagogo de turno porque les falta civilidad, ética pública, y conocimiento.

Cuando en verdad la explicación es más compleja y, menos racista y clasista, esta radica en que este tipo de líderes saben descifrar la realidad a través sensibilidades, sensaciones, emociones, sentimientos y pasiones. En otras palabras, conectan con la gente porque llegan a la fibra más íntima de su ser mediante su liderazgo carismático, el cual explica la realidad, interpela a los enemigos de la patria, genera expectativas, y construye soluciones. Porque más allá de las ideas, razones, proyectos, planes programáticos, políticas públicas, y modelos de desarrollo la política es pasión, y quien no lo entienda así, está condenado a ser derrotado por quienes si lo entienden. Y no hay que ser un demagogo gritón para encarnar a la política como pasión, se puede tener ideas, ser programático, y espectacularizar la política para ganar, sino miren a Obama el liderazgo carismático más importante de los últimos 30 años en USA.  

Igualmente, Bucaram como redención democrática permitió la incorporación de la cultura popular a la política, ridiculizó al consenso dominante sostenido en la razón universal al demostrar que la gente sencilla, sus costumbres, saberes, tradiciones, cosmovisión y creencias tienen espacio en la democracia. Que la cosa pública no tiene por qué ser solo un espacio de hombres con corbata, que se ejerce en salones engalanados, y en términos tecnocráticos. Es decir Abdalá viabilizó una vez más, desde Velasco Ibarra, la irrupción del pueblo, de las masas, del populacho en el sacrosanto templo de la democracia institucional.

Es por ello que Bucaram ha sido proscrito y criminalizado desde hace 20 años en la política ecuatoriana, con innumerables exilios, auto-exilios, acusaciones de corrupción, prohibiendo su candidatura presidencial, y criminalizando su figura ante la sociedad. Abdalá desde 1997 hasta 2005 fue considerado, por la clase política, un desestabilizador del sistema político, de los partidos, instituciones, de la economía, en sí un riesgo para la democracia ecuatoriana.

Por consiguiente, fue proscrito de participar en elecciones, tenían miedo de que a pesar de todo vuelva a ganar. Cabe aclarar que el presente análisis no es una defensa del loco que ama, quien debe retornar al Ecuador, presentarse ante la justicia, y responder por lo que se le acusa. Pero, a la vez, no se puede ocultar la verdad,  el líder de los pobres fue excluido del sistema político ecuatoriano, acto seguido Bucaram por todos los medios trató de retornar y para ello arrasó con instituciones por medio de negociaciones turbias. A la par los mismos actores políticos que lo mantuvieron excluido generaron un caos institucional que terminó con la refundación de la patria y un nuevo caudillismo que los arrasó por completo.

En conclusión esta historia tiene dos moralejas. En primer lugar, la democracia no debe ser entendida solo como un gran acuerdo institucional de derechos para resolver nuestros desacuerdos de manera pacífica. Lo cual es imprescindible, es verdad, pero es poco erótico. Por ende, la democracia también debe ser entendida desde su lado redentor, desde la pasión, los sentimientos, desde el romanticismo. En otras palabras, desde su lado populista. Y, en segundo lugar, ningún sistema político justo, transparente y legítimo que quiera perdurar en el tiempo puede proscribir a un actor político, ese es la ruta del caos, del fracaso, de la desinstitucionalización. Negar la participación de cualquier actor, líder u organización política es tenerle miedo a la democracia, a la gente, y es la prueba fehaciente de que eres incapaz de ganar.

Finalmente, para evitar los autoritarismos y populismos de todo tinte la democracia debe enamorar a la gente, debe cautivarla, brindarle esperanza, justicia y oportunidades. Porque la gente debe sentir en su vida diaria que con la democracia se come, se educa y se cura. Es decir debe resurgir el lado redentor de la democracia, porque caso contrario, en la política como en la física ningún espacio queda vacío, y aparecen caudillos populistas que la encarnan. Como bien asevera Bucaram ``Yo creo ser el pueblo, el indio, el cholo, el negro, yo me compenetro con ellos``.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec

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