lunes, 9 de mayo de 2016

El arte de ganar: El Cholo Simeone y la Política

El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - El Atlético de Madrid es el equipo sensación de la UEFA Champions League, la escuadra liderada por el argentino Diego Pablo Simeone (El Cholo) ha logrado lo impensable: hacerles frente y pelearles de igual a igual al Real Madrid, Barcelona, y los grandes de Europa en todos los torneos. Con un presupuesto y poderío económico sustancialmente inferior, el equipo del Cholo Simeone ha demostrado que la garra, la disciplina, el esfuerzo, el talento, el coraje, y la estrategia pueden ser determinantes para vencer a rivales plagados de estrellas y dinero.


El Cholo es el vivo ejemplo  de que el simple talento y las grandes billeteras pueden ser derrotadas, que con una estrategia inteligente se puede vencer aunque la correlación de fuerzas sea asimétrica, y que en la vida siempre, pero siempre, hay que luchar, luchar y luchar. En otras palabras, que ser aparentemente débiles, estar siempre en desventaja, y con la mayoría de circunstancias en contra no son excusas para no buscar la victoria, ya que la resignación es el recurso de las personas que prefieren rendirse a intentarlo. Y cuando se lucha y se persigue un sueño, la primera regla básica es que no tenemos derecho a rendirnos.

Por ende, la pregunta clave, con justa razón, es ¿qué tiene que ver el Atlético de Madrid y, especialmente, el Cholo Simeone con la política? Pues directamente, nada. El Cholo no es partidario tácito ni explícito de ningún partido político en España ni en Argentina, no ha promocionado a través de su imagen a un líder o movimiento político, y, mucho menos, ha incursionado en lides electorales. Sin embargo, la relación entre el Cholo y la política tiene dos aristas que son: (i) los valores y (ii) la capacidad de ganar. En cuanto a los principios el Atlético de Madrid materializa en la realidad los valores que inspiran a Simeone, es un equipo que posiciona el esfuerzo colectivo por sobre las grandes individualidades, donde la solidaridad y el trabajo en equipo suplen las deficiencias personales, donde primar la valentía para hacerle frente a todo problema y adversidad, y la disciplina y perseverancia para no dejarse derrotar jamás.

Los valores antes expuestos son determinantes para un líder, grupo de personas, u organizaciones que pretendan involucrarse en política, porque un proyecto político tiene que ser necesariamente, independientemente de su ideología, doctrina y propuestas, un proyecto colectivo de país. Ningún proyecto político que pretenda ser perdurable en el tiempo puede estar cimentado en un afán personal, ni egolatrías mesiánicas -caudillistas. Cuando esto es así el proyecto político deja de existir y se establecen mafias de poder, y los intereses superiores de la patria quedan a un lado. Igualmente, el trabajo arduo, de hormiga, y en equipo es fundamental para la acción política debido a que la política activa conlleva realizar grandes sacrificios y esfuerzos; pero, es un trabajo en equipo, toda la responsabilidad no puede ni debe caer en un “genio” omnipotente, por más capaz, carismático o autoritario que este sea. Dado que nadie, absolutamente nadie es indispensable en un proyecto político, si es así el proyecto fue personalista y fracasará, ya que de imprescindibles están llenos los cementerios.

Siguiendo la misma lógica, quien quiera hacer política tiene que tener valentía y correr riesgos, tiene que ser consciente que la cobardía y la duda sistemática son las peores consejeras porque nos someten al estancamiento, la inercia y la inacción. Tiene que ser valiente porque lamentablemente en política abundan las calumnias, el desprestigio, la persecución, las mentiras, los insultos, los ataques familiares y personales, y la deshonra. Ante ello el miedo y la debilidad cavan la tumba de todo líder u organización, porque se debe tener el arrojo, la entereza e inclusive el impulso de luchar siempre, ante todo, y contra todo sin amilanarse. En otras palabras, en política es muy importante el timing, pero, siempre se paga un pecio más alto por la pasividad que por la temeridad.

Otro de los valores sagrados de la revolución del Cholo Simeone ha sido enfatizar la disciplina y la perseverancia como valores imprescindibles para alcanzar el éxito, porque el simple talento sin constancia produce confianza excesiva, vanidad y prepotencia al subestimar al adversario. Y en política cuando no eres constante ni disciplinado estas pavimentado tu ruta hacia el fracaso, ya que no hay peor error que creer que nuestro simple talento, por más extraordinario que sea, alcanza para ganar y viabilizar un proyecto político. No hay error más grande que creer que sin disciplina, ni trabajo siempre vamos a derrotar al adversario. Es decir subestimar es el primer paso del fracaso triunfalista, y en política no hay adversario insignificante ni pequeño.

En segundo lugar, el Cholo Simeone y su capacidad para ganar es un gran ejemplo de como la estrategia y la táctica son trascendentales para conseguir los grandes objetivos. En política como en el fútbol puedes tener grandes personalidades, en el caso del rey de los deportes Messi, Neymar o Cristiano Ronaldo; en el caso de la política grandes candidatos y financistas, pero una estrategia inteligente puede hacer que un equipo como el Atlético elimine al Barcelona. Y que en política un partido o político todopoderoso pueda ser derrotado por una organización o líder aparentemente débil. En consecuencia, para la acción política que mejor tener un Messi (líder, partido, candidato), pero quien gana los partidos a mediano y largo plazo es la estrategia, es un Cholo Simeone.

De la misma manera tanto en política como en el fútbol el resultado fundamental es la victoria, si uno juega bien, trabajo duro y hace muchos goles, pero pierde, es un fracaso. En la misma tónica, en política si eres honesto, tienes ideas y un proyecto de país, y encarnas valores y principios, pero pierdes, es un fracaso. Por lo tanto, parafraseando al Cholo Simeone lo que prima no es la lógica de la competencia sin límites, ni la ambición desmedida y, mucho menos, el ganar a toda costa y pasando por encima de todos. Eso es falso e inmoral. Pero debes ganar para cambiar las cosas, debes ganar para transformar la realidad, debes ganar para alcanzar el éxito individual y colectivo, tienes que ganar para buscar materializar tus sueños. Porque si tu no ganas, otro lo hará. Y en política a diferencia del fútbol, puede ganar alguien sin principios ni valores pero que supo cómo ganar, lo cual es peligroso, y hace que ganar sea una responsabilidad ética.

Por lo tanto, al más puro estilo del Cholo Simeone si tu adversario en política es más poderoso, tiene recursos, controla el Estado, maneja a su antojo las instituciones, tiene  mucho dinero, y usa la ley a su favor no todo está perdido, si existen elecciones medianamente limpias le puedes ganar, pero con una estrategia para ganar. Y para ello tienes, en primera instancia, que creer en ti mismo, ser consciente de la dificultad, pero al mismo tiempo estar seguro de tus capacidades, tener la convicción de luchar por la victoria, y no amedrentarse ante la dimensión de los desafíos.

Por consiguiente, hay que ganar y para ello en política es fundamental tener una estrategia innovadora y creativa; no la típica estrategia standarizada, llena de estereotipos, y lugares comunes que no sorprende a nadie. Una estrategia para ganar tiene que descolocar a tu adversario, sacarle de su zona de confort, patear el tablero político, no dejar que tu adversario controle el contexto ni las reglas de juego, en contraposición cambiárselas, ridiculizarlo, sacarle la cartea, y desnudarlo ante la sociedad civil. Igualmente, quien quiera ganar tiene que jugar para ganar, tanto en el fútbol como en la política, sin vender su alma ni relativizar sus principios se debe jugar para ganar, lo cual implica hacer alianzas y concesiones, negociar, buscar consensos, llegar a acuerdos y romper paradigmas. Quien quiera mantenerse virginal, cien por ciento sectario, e ideológicamente puro no juega para ganar, se mantendrá virginalmente puro, pero perderá siempre, y eso es jugar para el adversario. En política como en el rey de los deportes hay gente que lo único que busca es ser un referente de supuesto “moralismo” y le importa un bledo ganar, de hecho se sienten muy cómodos perdiendo, es su modus vivendi, son los representantes de la victoria estética de los perdedores, siempre puros pero igual de perdedores. Por lo cual ganar y tener valores no tienen que ser objetivos y elementos contrapuestos en política, se puede y se debe ganar siendo éticos, claro que sí, pero posicionar como nuestro consuelo ético la derrota es un error garrafal.  Y eso ha demostrado el Cholo en el fútbol que con valores y principios, inspirando a la gente, se puede cambiar la realidad por más imposible que parezca, que podemos ganar, luchar e intentarlo, una y otra vez, por más poderoso que sea el adversario y quimérico el objetivo.

Finalmente, citando a Simeone antes del partido en el cual eliminó al Barcelona de la Champions League “sabemos que ellos tienen más dinero, más estrellas, que son mejores, que son los mejores del mundo; pero nosotros, también sabemos que tenemos equipo, que trabajamos duro, que somos capaces, y sabemos que les podemos ganar. Y cuando eso pase, también sabremos que somos mejores que ellos”. Por lo tanto, en política hay que ganar y hay que luchar, sería más civilizado no transformar la política en una batalla épica entre amigos versus enemigos sino discrepar con respeto y tolerancia, eso debería ser lo normal, lo más saludable. Pero, muchas veces el adversario no cede, y en ese caso, para cambiar las cosas, aunque no nos guste, debemos dar la batalla política, y cuando eso pase, tienes que hacerlo, no hay otra opción, DEBES GANAR.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec