lunes, 11 de abril de 2016

LULA: El ocaso de un ícono




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Andres Gomez Polanco *) - Lula, sin duda alguna el líder más exitoso y trascendental de la izquierda latinoamericana de los últimos 35 años, el líder que sacó a más de 16 millones de brasileños de la pobreza, el líder que posicionó a Brasil como una potencia económica en el mundo. El presidente que transformó al gigante sudamericano, el presidente que hizo de la inclusión social, la equidad, la solidaridad, y la igualdad de oportunidades en favor de los más humildes una política de estado, el presidente que respetó los valores democráticos, que buscó el consenso, que impulsó la negociación y la institucionalidad democrática se desmorona por la corrupción, el enriquecimiento ilícito, y las complicidades en latrocinios de su gobierno, y su partido (Partido de los Trabajadores).


Lula, de origen humilde, dirigente sindical, tornero mecánico, el presidente de los trabajadores y líder indiscutible de la izquierda moderna en el mundo no puede explicar la corrupción institucionalizada y sistematizada del PT. No puede justificar el uso de testaferros, los sobornos, los sueldos millonarios por conferencias, los viajes subsidiados por empresas contratistas del Estado, los apartamentos, haciendas y demás “regalos” lujosos. Lula no puede justificar lo injustificable, no puede defender lo indefendible, no puede explicar por qué congresistas, asesores, militantes del partido, ministros, servidores públicos y dirigentes políticos del PT se encuentran judicializados, imputados, sentenciados y encarcelados. En otras palabras, Lula no puede explicar que la corrupción en sus dos administraciones (2002-2010) no fue una cuestión de manzanas podridas, sino su forma de gobierno y su forma de hacer política.

Con los mega escándalos de corrupción, casos mensalão y Lava Jato, Luiz Inacio “Lula” da Silva se ha deslegitimado a sí mismo, ha caricaturizado su trayectoria política, y, lo más lamentable de todo, ha ratificado que el socialismo del siglo XXI se hunde por sus propios errores (corrupción, falta de transparencia, abuso de poder, autoritarismo, debacle económica, y falta de visión), mas no porque la derecha haga méritos. La debacle de Lula es una herida mortal para la izquierda moderna, ya que era el referente de una izquierda verdaderamente progresista, inteligente, que sabe convivir con el mercado, exitosa, que se adapta a la globalización, que sabe administrar la economía. Una izquierda del siglo XXI que respeta la democracia, que no es populista, que se diferencia del chavismo fracasado, y que es honesta. Sobre todo lo último, el romanticismo de la izquierda por la moral, la ética, la honestidad, transparencia y accountability frente a la derecha neoliberal y elitista ha quedado sepultado como un mito, como un doble discurso y un ejemplo de doble moral. Era más que obvio en los casos del Kirchnerismo y los regímenes chavistas, pero en el caso de Lula es una sorpresa, para este autor, quien lo consideraba un referente de pragmatismo, libertad, justicia social, y humildad.

El presidente obrero que derramaba lágrimas en su discurso de posesión en el año 2002 al exclamar que “el título de Presidente de la República, era el primer título que le otorgaban en su vida” hoy trata de esconderse como un cobarde de sus responsabilidades ante la justicia a través de su nombramiento como ministro. Quien te vio y quien te ve Lula.  De referente de dignidad a acusado de corrupción, de heroísmo a ridiculez,  de personaje histórico a bufón desesperado, de líder político a politiquero.

Finalmente, la justicia debe investigar y desmantelar la red de corrupción política más grande de la historia de Brasil (2000 millones de dólares se calcula que se han ido por el caño de la inmoralidad), caiga quien caiga, y se llame como se llame. Lula debe afrontar la justicia, defenderse, y asumir su responsabilidad. Pero más allá de la impunidad y el desarrollo judicial de estos casos de corrupción, Lula podrá ser candidato, y, tal vez, presidente en 2018, pero ha dejado de ser el legendario líder sindical y presidente de los trabajadores, para ser un simple político, uno más, que se dejó embaucar y seducir por su propia ambición. Lamentablemente estamos presenciado el ocaso de un ícono, la caída de un ídolo con pies de barro. O, tal vez, por primera vez, vemos al verdadero Lula.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec