lunes, 4 de abril de 2016

Justin Trudeau: El verdadero sucesor de Obama




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Andres Gomez Polanco *) - Los titulares de las principales cadenas de televisión, radios, páginas web, blogs, cuentas de Twitter y Facebook alrededor del mundo centran su atención en líderes como Donald Trump, Hillary Clinton y Bernie Sanders. También hablan de los escándalos de líderes, anteriormente reconocidos, como Lula da Silva, Hugo Chávez y Evo Morales. En la misma lógica, los flashes recaen sobre los populismos emergentes en Europa con Pablo Iglesias, Marine Le Pen y Beppe Grillo. Sin contar con la hegemonía mediática de líderes autoritarios como Putin, Erdogan y Xi Jinping.


Sin embargo, los estilos y formas de liderazgo representados por los nombres anteriormente expuestos están en franca retirada, ya que son liderazgos del siglo XX, anticuados, sin imaginación, ni creatividad, sin capacidad de renovación y anclados en las ideologías cavernarias de izquierda y derecha. Los líderes del socialismo del siglo XXI, los caudillos xenófobos, el clan Clinton, y los típicos líderes del neoliberalismo (Peña Nieto, Merkel, David Cameron) y la socialdemocracia (Hollande, Bachelet, Pedro Sánchez) no inspiran a nadie, están en retirada, ya no tienen discurso ni proyecto, suenan repetitivos, cansados y desconectados de la realidad. En síntesis, emocionan cada vez menos y representan cada vez más el pasado, antes que el futuro.

En esta vorágine, más allá de sus aspectos negativos y positivos tanto de gobierno como de política internacional, los cuales deben ser analizados según su coyuntura, contexto histórico, y correlación de fuerzas existente; Barak Obama se ha posicionado como el líder del siglo XXI. Tal es así que su estilo de liderazgo ha renovado no solo la imagen de USA ante el mundo, sino la forma de hacer política, su capacidad de comunicación con la gente, y los principios que debe encarnar un líder democrático en una sociedad mundial globalizada y multicultural.  

Obama ha demostrado su pragmatismo al negociar con Irán, viajar a Cuba y restablecer relaciones diplomáticas, desescalar el conflicto en Oriente Medio, acercarse a los nuevos liderazgos de América Latina (Macri, Santos), y manejar estratégicamente sus relaciones con China y Rusia. Además el premio Nobel de la Paz ha posicionado claramente su liderazgo en la lucha contra el cambio climático, aunque aún falta mucho por hacer, ridiculizando a aquellos seudo-líderes republicanos que niegan con profunda ignorancia la existencia y la amenaza que representa este fenómeno.

Igualmente, Obama ha luchado infatigablemente contra la mayoría republicana en el senado en pos de establecer políticas públicas y medidas para reducir la inequidad y generar justicia social (Obamacare). Adicionalmente, el primer presidente afro-americano en la historia de los Estados Unidos ha entendido la necesidad de defender la diversidad y el pluralismo religioso, étnico y cultural; profundizar las libertades, respetar los derechos humanos y defender la democracia.  Sin contar con su liderazgo carismático, su capacidad oratoria, su cercanía con la gente y su humildad. Sin duda que si Obama pudiera presentarse a una nueva reelección Clinton,  Sanders, Cruz y Trump no tendrían la más mínima posibilidad.              

Pero el 2016 será el último año de Obama en el poder y, por ende, en la cúspide del liderazgo mundial. Por lo tanto, quedará un espacio vacío que deberá ser ocupado por un líder o lideresa que encarne y profundice el legado progresista de Obama. ¿Ese nuevo liderazgo será representado por Donald Trump, Ted Cruz o Hillary Clinton? Definitivamente no. ¿O por Sarkozy, Jeremy Corbiyn, o Putin? Tampoco.      

El sucesor de Obama para defender e impulsar su legado progresista en el mudo se encuentra en Canadá. Su nombre es Justin Trudeau. El recientemente electo Primer Ministro, con 44 años, con estudios en docencia y geografía ambiental, profesor de francés y matemáticas, cuyo padre Pierre Trudeau fue también Primer Ministro (1968-1984), se posiciona ante el mundo como el líder del progresismo democrático, como el nuevo liderazgo del siglo XXI.

Justin Trudeau dio sus primeras muestras de liderazgo en el año 2000, en el funeral de su padre, donde de manera locuaz, ordenada, brillante y apasionada brindó un discurso que impresionó a importantes amigos de Pierre Trudeau como Fidel Castro y Jimmy Carter, quienes comenzaron a hablar de la posibilidad de una dinastía política. Deseo que se concretó en el 2007 cuando Justin ganó su escaño en el senado, y fue reelegido en 2011. Posteriormente, en 2013 fue elegido líder del Partido Liberal con el 80% de los votos de sus militantes. Hasta que en Octubre del 2015 Trudeau ganó la mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes y se convirtió en Primer Ministro remontando y ganado al conservador Stephen Harper, que estuvo 10 años en el poder.

Trudeau representa un liderazgo nuevo, renovado, fresco y de futuro. Con ideas claras, concretas, prácticas y profundas. Un liderazgo que se niega a caer en el espectro atrasado y arcaico de izquierda y derecha, capitalismo versus socialismo del siglo XXI, socialdemocracia contra neoliberalismo, ya que estos debates son inútiles, absurdos y torpes en el contexto globalizado, interdependiente, y multicultural del siglo XXI. Trudeau encarna el progresismo democrático al defender la equidad social, estar en contra de las grandes brechas sociales y fomentar la justicia social, pero, a la par, y sin medias tintas, defender y promover los valores democráticos, elecciones libres, libertad de expresión, equilibrio de poderes, tolerancia, y transparencia (accountability).

Para este líder canadiense es inconcebible la idea de renunciar a la libertad en pos del progreso, o renunciar a los derechos fundamentales para obtener igualdad de oportunidades y, menos aún, renunciar a los derechos humanos en favor de la seguridad. Estos falsos dilemas son característicos de líderes incapaces, mediocres y autoritarios, que en su reduccionismo mental ven al mundo en blanco y negro, construyen enemigos, destruyen la cohesión social, y dividen a sus sociedades en amigos versus enemigos, ya que no les inspira la unidad nacional, solo son ambiciosos vulgares por el poder. En contraposición, Trudeau conjuga la idea de Haya de la Torre “Pan con libertad”.  

Además Trudeau encarna el cada vez más mayoritario espíritu ambiental en la lucha contra el cambio climático, la defensa de los animales, el consumo responsable y la conservación ambiental. Por ejemplo, a través de su política de tarificación del carbón. También este joven Primer Ministro simpatiza con la idea de democracia radical al entender que las autoridades son simples servidores del pueblo, ciudadanos comunes, que no deben convertirse en una nueva oligarquía, mucho menos si tienen una retórica de reivindicación popular (eso es doble moral). Por ende, Justin es sencillo, humilde, sin grandes escoltas ni caravanas, sin lujos insultantes provenientes del dinero público, ni pomposidades absurdas de la era medieval. Un claro ejemplo de su convicción democrática  es la eliminación de toda propaganda gubernamental con fines partidistas, el establecimiento de un proceso abierto de nominación de candidaturas, y la trasparencia en el manejo de recursos públicos.

Este liderazgo del siglo XXI está abierto al debate, no teme confrontar ideas, no utiliza los insultos como mecanismo de defensa, es tolerante y abierto, no teme a la negociación y a los consensos, respeta al adversario político, y entiende que el poder es algo pasajero, no concibe eternizarse en el cargo. Tal es así que Trudeau está abierto a debatir con la sociedad canadiense temas polémicos como la legalización de las drogas, el derecho al aborto, el matrimonio y adopción de personas del mismo sexo y la eutanasia. En el siglo XXI ya no hay cabida para liderazgos de “super hombres”, mesías, caudillos y populistas ungidos que se creen omnisapientes y omnipresentes, y que solo ven a sus ciudadanos como súbditos que votan.    

En conclusión, Justin Trudeau es el líder mundial del siglo XXI que puede recoger los principios y valores del Presidente Obama para que el progresismo democrático a nivel global no quede en acefalía. Porque Trudeau es carismático, firme, tolerante y sencillo, se declara feminista, su gabinete es multicultural (hay asiáticos, anglosajones, sighs, hindúes, afrodescendientes, entre otros.), es animalista y ambientalista, es un liberal en lo político, y pragmático en lo económico y social. Y, sobre todo, tiene como doctrina la vigencia de la dignidad del ser humano, sin fundamentalismos. Finalmente, Justin Trudeau es el prototipo de liderazgo que requieren los países de un mundo diverso, heterogéneo, plural, con innumerables retos, e interdependiente que quieran triunfar y no quedar rezagados. Trudeau es el liderazgo que conecta con las clases medias y los millennials, a diferencia del neoliberalismo y el socialismo del siglo XXI que son incapaces de hacerlo. El pragmatismo con derechos humanos de Trudeau se posiciona como la continuación  del legado del YES WE CAN de Obama.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec