lunes, 22 de febrero de 2016

El Kurdistan: ¿Una nueva Palestina?




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Andres Gomez Polanco *) - El Kurdistán es una región ubicada al norte de Oriente Medio, Asia Menor, históricamente habitada por el pueblo kurdo; cuyos orígenes se remontan a los pueblos medos, asirios y a los aqueménidas en el siglo X a. C.  Los kurdos a lo largo de la historia han sido impedidos de constituirse como una sociedad nacional, con su Estado soberano, independiente y con autogobierno; primero fueron dominados por el imperio Medo, posteriormente por el Imperio macedonio (Alejandro Magno), y durante la Edad Media por la hegemonía islámica, aunque gozaron de cierta autonomía. Sin embargo, bajo la autoridad del Imperio Otomano y el Imperio Persa este pueblo fue fragmentado, reprimido, y excluido sistemáticamente; situación que se profundizó con la desintegración del Imperio Otomano tras la primera guerra mundial. El Tratado de Lausana (1923) dividió el Kurdistán en los territorios dominados por las potencias coloniales de Inglaterra y Francia, que al finalizar la  II Guerra Mundial y debido al proceso de descolonización quedaron en soberanía de Turquía, Irak, Irán, Siria y Armenia.


De esta manera, en el ajedrez geopolítico del petróleo y la Guerra Fría el pueblo kurdo fue dividido en varios países, sin ningún tipo de reconocimiento, autonomía o derechos; siendo considerados una amenaza para la unidad nacional siria, turca, iraní e iraquí. Como consecuencia, los kurdos optaron por la vía armada como mecanismo para buscar reivindicaciones y su independencia, ante la represión y la indiferencia de la comunidad internacional. Tal es así que en Irán se fundó el PDK (Partido Democrático del Kurdistán) que implementó una guerra de guerrillas, en 1970 el PDK se expandió a Irak, y en 1974 el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) se levantó en armas contra el Estado turco. En los tres casos, la respuesta de las autoridades nacionales fue la represión brutal y la negación absoluta de iniciar un proceso de negociación, por consiguiente, las elites militares turcas, el dictador Sadam Husein y los ayatolas iraníes comenzaron un proceso estructural de marginalización violenta del pueblo kurdo.  Sin contar con las disputas  y guerras internas entre las facciones (derecha e izquierda) políticas y militares kurdas, especialmente en lo referente al Kurdistán iraquí.

Los kurdos obtuvieron mayor autonomía en Irak tras apoyar la invasión estadounidense (2003), y una vez derrocado Sadam Husein, crearon la entidad federal autónoma del Kurdistán iraquí. En Siria el pueblo kurdo fue eficazmente controlado por el dictador Bashar al Assad, pero desde 2011, año en que inició la guerra civil en este país, controlan grandes extensiones de territorio sirio, y son quienes luchan en el terreno contra el Estado Islámico. Por consiguiente, este pueblo históricamente subyugado, que tiene lengua y cultura propia, alrededor de 50 millones de personas, posee una cultura milenaria, y es mayoritariamente islámico. Además es la minoría étnica más importante de Oriente Medio que puede convertirse, sino lo es ya, en la próxima Palestina, emulando la represión de un pueblo sin Estado, y posicionándose como un foco de inestabilidad latente en la región.

Por lo tanto, el destino de los 24 millones de kurdos que están en Turquía, los 13 millones que habitan en Irán, los 8 millones que sobreviven en Irak, y los 3 millones que existen en Siria depende de una solución política negociada, pacífica y diferenciada, en la cual la comunidad internacional deberá jugar un papel preponderante en una región caracterizada por su inestabilidad y violencia. Caso contrario la anarquía, el extremismo, las guerras fratricidas y los muertos tendrán un nuevo capítulo en un Oriente Medio cada vez más ingobernable. Cabe resaltar que en un mundo globalizado divido en unidades estatales soberanas, las fuentes primarias de conformación estatal han tenido dos orígenes: (i) una etnia o nacionalidad cohesionada cuya existencia es anterior a la creación de su Estado (caso kurdo), y (ii) la creación del Estado sin la existencia de un pueblo o étnica social y culturalmente cohesionada, sino en proceso de formación de su identidad nacional desde el Estado. Al pueblo kurdo se lo puede categorizar en estas dos realidades, ya que como nacionalidad ha existido milenariamente, pero sin la posibilidad de formar una unidad política independiente que sintiese su identidad nacional, pero ha sido parte en la conformación de Estados sin una identidad nacional mayoritaria (Irak o Siria), en la cual no han podio asimilarse o coexistir legítimamente.

En síntesis, el sueño de la existencia de un Estado del Kurdistán es un objetivo complejo, multidimensional, con muchos obstáculos, intereses contradictorios, con implicaciones económicas, internacionales, militares, geopolíticas y financieras. Una de las dificultades para encontrar una solución política es precisamente que no se requiere solo una, sino varias soluciones, por lo menos 4 (Irán, Siria, Irak y Turquía), y cada realidad tiene sus propias especificidades y particularidades. Al contrario de la mayoría de procesos de negociación en los que existen dos actores: Estado e insurgentes, fuerzas beligerantes, guerrilleros o minorías étnicas; en el caso del pueblo kurdo son varios Estados y no existe una confederación de fuerzas kurdas con autoridad plena con quien negociar, sino grupos políticos y armados que responden a las realidades territoriales en las que están inmersos. En otras palabras, una solución política o un proceso de negociación en pos del reconocimiento, mayor autonomía o inclusive independencia del pueblo kurdo, no puede ser un proceso único ni homogéneo, pero las implicaciones que tendrían estos procesos diferenciados están indisolublemente relacionadas entre sí.    

Otra dificultad radica en que el territorio donde está ubicado el pueblo kurdo abarca 190.000 km² de Turquía, 125.000 km² de Irán, 65.000 km² de Irak y 12.000 km² de Siria, con un área total de casi 392.000 km²; pero en dichos territorios se encuentran concentrada la mayoría de las reservas petrolíferas de Irak e Irán y la totalidad del petróleo sirio. Por ende, los intereses economicos por el control de este recurso natural estratégico no renovable es el mayor impedimento para la materialización de un Estado soberano kurdo. Ni Irak, ni Siria y mucho menos Irán están dispuestos a perder territorio, recursos naturales y miles de millones de dólares por venta de petróleo, por el deseo de autodeterminación del pueblo kurdo. Sin mencionar que los intereses de las potencias- Estados Unidos, Rusia, China y Unión Europa- por el control de los recursos petroleros y sus alianzas se verían afectados si ingresa un nuevo actor estatal. Además un Estado kurdo complicaría aún más la dinámica regional por la hegemonía en el Oriente Medio, protagonizada por Arabia Saudita e Irán.

En conclusión, la solución política que dignifique a millones de familias kurdas y evite un nuevo derramamiento de sangre en esta región del mundo debe ser una negociación descentralizada que responda a cada realidad nacional-territorial, tomando en cuenta no solo los equilibrios regionales, sino los equilibrios en cada uno de los futuros procesos de negociación kurdos, y con un acuerdo tácito o explícito de las potencias que haga perdurables los acuerdos alcanzados. Por ejemplo, en Irak dado el debilitamiento y la imposibilidad del control de la integralidad territorial por parte del Estado iraquí, se conformó la Federación del Kurdistán iraquí que tiene gran autonomía, control territorial y recursos petrolíferos; lo cual hace factible su posible independencia, dada la correlación de fuerzas y su poder de negociación. En el caso de Irán, los kurdos tienen una posición de negociación desfavorable para alcanzar la independencia, ya que este país tiene un Estado fuerte, autoritario y es líder regional; por lo cual el horizonte más viable sería un proceso de paz que garantice los derechos y una cierta autonomía a la minoría kurda-iraní.

Igualmente, en Turquía la posibilidad de alcanzar la independencia es una quimera, ya que el Estado turco se ha caracterizado por su política de cero tolerancia ante el secesionismo kurdo, tiene el respaldo de las potencias occidentales que consideran terroristas a sus grupos armados. Además Turquía es un país poderoso, por lo cual la victoria militar kurda es un sueño irrealizable. Tal es así, que desde el 2012 se ha establecido un frágil proceso de paz entre la Turquía del autócrata y despótico Erdogan y el PKK, con altos y bajos, pero que demuestra que en este país el camino de los kurdos es el de la reforma para adquirir su reconocimiento, garantizar sus derechos, oportunidades, autonomía, y representación.

En contraposición, Siria debido a su guerra civil, atomización del poder (grupos insurgentes moderados contra Al Assad, Estado Islámico,  Al Qaeda y oposición laica) y a la incapacidad del Estado por tener el monopolio del uso de la fuerza legítima en todo su territorio, puede ser una oportunidad para que los kurdos alcancen su independencia. Es por esto que su combate al Estado Islámico, a través de los Peshmerga, representa una ventana de oportunidad única para ganar una silla en la futura mesa de negociación para la estabilización del territorio sirio, donde gracias a su control armado de ciertas áreas, puedan posicionarse como un actor indispensable para las potencias occidentales en su estrategia contra el terrorismo yihadista. Pero la gran dificultad del caso sirio es que Turquía que combate al Estado Islámico, también ataca a los kurdos, ya que para el régimen del dictador Erdogan una entidad federativa kurda al estilo iraquí o, peor aún, un Estado kurdo independiente en su actual frontera con Siria podría desestabilizar su integralidad territorial, y ser un aliciente para la insurrección de más de 20 millones de kurdos asentados en su territorio.

Finalmente, la solución política desconcentrada para el pueblo kurdo además de necesitar imprescindiblemente de equilibrios internos, geopolíticos, económicos y regionales debe enmarcarse en una estrategia de lucha contra el terrorismo (Al Qaeda y Estado Islámico). Por lo tanto, la viabilidad de estos procesos de independencia o mayor autonomía dependen de que estas variables contribuyan estructuralmente a la pacificación, estabilización y equilibrio de poder en el Medio Oriente. Caso contrario, si la lucha del pueblo kurdo es canalizada a través del terrorismo, la anarquía, la sordera y la negación de concesiones reciprocas será un proceso siempre fallido por su inestabilidad inherente, como ha sido hasta ahora el proceso palestino.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec