domingo, 10 de enero de 2016

Sobre el Fútbol y el FIFA Gate




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Andres Gomez Polanco *) - Jorge Valdano, gran delantero del Real Madrid y de la selección argentina, que consiguió de la mano de Maradona el campeonato mundial de 1986 define al futbol como: “la cosa más importante de lo menos importante”.  El mismo ex futbolista, quien es un gran hacedor de frases, también manifiesta que “no hay nada más importante en la vida, a los 12 años, que un partido de fútbol en la calle y con los amigos”. Esta gran fascinación por el “rey de los deportes” es un fenómeno cultural que trasciende exclusivamente lo deportivo. El fútbol es transversal a todas las sociedades a nivel mundial, es con gran diferencia al resto el deporte que más pasión genera, en colectividades tan disimiles y multiculturales como la latinoamericana, africana, europea y asiática es la actividad deportiva ejercida por excelencia. Y, como no serlo, si cuando se habla de fútbol la gente visualiza las extraordinarias fantasías de Messi, los goles de CR7, las definiciones impecables del “gordo” Ronaldo, el “tiqui –taca” del Barça de Guardiola,  los “galácticos” del Real Madrid, el Boca de Bianchi y Riquelme. Sin contar las maravillas de Pelé, el instinto goleador de Di Stefano, la calidad técnica de Johan Cruyff, la elegancia en la marca de Beckenbauer y, sin lugar a dudas, al mejor jugador de todos los tiempos D1eg0 Armando Maradona, aunque esta es solo una humilde opinión, el debate al respecto es interminable e infinito.  


Hablar de fútbol es sinónimo de emociones, pasión, lágrimas, sonrisas, desencantos, esperanza, drama, coraje, valentía, honor, entrega, sacrificio, dedicación y constancia. En síntesis, el fútbol encarna una amalgama indescriptible y dinámica de sentimientos encontrados que tocan la fibra más íntima de los fanáticos durante 90 minutos a nivel global. Pero, también este deporte ha evolucionado e involucionado según la dialéctica global en la cual está inmerso, hablar de fútbol es hablar en el siglo XXI de marketing, contratos billonarios, manejo empresarial, sponsors, multinacionales, mercadotecnia, traspasos millonarios, consumidores, socios, juntas directivas, finanzas, publicidad, entre otras características de nuestra sociedad globalizada neoliberal.

Tal es así que el fútbol mundial solamente en el año 2015 movió más de 3.500 millones de dólares en fichajes de jugadores, en España –la Liga de las Estrellas- representó el 1,7% del PIB nacional (9000 millones de euros) y el último mundial realizado en Brasil, durante un mes, generó más de USD 5000 millones. Adicionalmente, el rey de los deportes tiene ingresos anuales por más de 20.000 millones de euros. Casi tanto como lo que factura la suma de los deportes típicos de Estados Unidos (béisbol, fútbol americano, hockey sobre hielo, NBA), además del tenis, la Fórmula 1 y el golf (23.000 millones de euros entre todos). Sólo en Europa, el fútbol ingresa más de 15 mil millones de euros, la mitad de los cuales proceden de las cinco grandes ligas (Alemania, España, Inglaterra, Italia y Francia). Sin mencionar los multimillonarios montos por la publicidad, aseguradoras y contratos por derechos de televisión de torneos como el mundial de futbol, la UEFA Champions League, la Copa Libertadores de América, la Copa Sudamericana, El Mundial de Clubs, las eliminatorias para el mundial, la EUROCOPA, la Copa América, la Copa de Oro, los diversos campeonatos nacionales, entre otros.    

Lamentablemente la lógica de conseguir dinero a toda costa y enriquecerse a costa del fútbol sedujo a los principales dirigentes del fútbol mundial, tanto de la FIFA, las asociaciones regionales CONMEBOL, CONCACAF y UEFA, y las dirigencias nacionales, quienes después de una investigación del FBI han ido cayendo poco a poco. Como cuando cae el capo de una mafia gansteril, caen sus lugartenientes, sus esbirros, los cómplices, encubridores, instigadores y beneficiarios de la corrupción institucionalizada y sistematizada. Mafiosos del fútbol como Joseph Blatter, Michel Platini, Jeffrey Webb, Eduardo Li, Julio Rocha, Costas Takkas, Eugenio Figueredo, Rafael Esquivel, Julio Grondona, José María Marín, Jack Warner, Nicolás Leoz, Luis Chiriboga, entre otros criminales de cuello blanco han sido denunciados, acusados, enjuiciados, sentenciados. Además han confesado, han sido solicitados para extradición a los Estados Unidos y están con difusión roja de la INTERPOL por delitos como: enriquecimiento ilícito, fraude electrónico, crimen organizado, asociación ilícita, fraude fiscal, lavado de activos, evasión fiscal, extorsión y sobornos.  

Soy un hincha que ama practicar el fútbol, lo he hecho desde que tengo memoria en la calle, en el colegio, en las canchas barriales con amigos, recuerdo los torneos infantiles en mi barrio “La Floresta”, donde junto a primos y amigos quede goleador del certamen y ganamos el Campeonato. Soy hincha del Barcelona de Ecuador, el único ídolo que tiene el país –porque Ecuador es Barcelona y Barcelona es Ecuador- aunque debo reconocer que hasta los 5 años fui emeleccista (Emelec). Igualmente, en mi familia hay hinchas de Liga de Quito, Olmedo, el Nacional y Aucas, equipos por los cuales tengo un especial cariño, debo confesar que apoyé y festejé la Copa Libertadores ganada por Liga de Quito como un hincha más. Y, sobre todo, soy un apasionado de la Selección ecuatoriana y de jugadores como Alex Aguinaga, Antonio Valencia, Jefferson Montero, Alberto Spencer, Polo Carrera, Enner Valencia y Carlos Muñoz quienes representan, tal vez, el único símbolo de verdadera unidad y cohesión de un país tan polarizado y fragmentado como es el Ecuador.

Por lo tanto, la vorágine y orgías de corrupción me producen verdadera repugnancia e indignación, ver a tipejos mafiosos y cobardes como Luis Chiriboga, quien ejerció la Presidencia de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) durante 18 años seguidos decir que es inocente y que todo es una confabulación en su contra ante todas las pruebas expuestas, no es más que una burla a los ecuatorianos amantes del fútbol, una afrenta la decencia y una bofetada a la dignidad nacional. Ahora más que nuca quedó legitimado el apodo que la sociedad ecuatoriana le endilgó a tan oscuro personaje (Choroboga), que manejó a su antojo y capricho los destinos del fútbol ecuatoriano, hizo de la Federación su feudo personal en el cual mandaba a carajazo limpio, y se reeligió cuentas veces le dio la gana. Como dato curioso, al igual que algunos líderes políticos, estos dirigentes pretendieron eternizarse en el poder por los privilegios, por la adicción al mismo, pero, sobre todo, ahora se entiende, porque si salían del poder todas sus fechorías, crímenes y actos inmorales serían descubiertos.

Por otro lado, todos los Presidentes de las 10 Federaciones que integran el fútbol sudamericano (CONMEBOL) han sido acusados, denunciados, destituidos, apresados, incluso algunos han confesado y han sido extraditados gracias a la investigación realizado por la fiscal del FBI, Loretta Lynch. No se salvó ni uno solo!  No quedó títere con cabeza! Que contradicción que justamente la fiscalía y la agencia de inteligencia nacional (FBI) del “imperio yanqui” tuvo que ser el ente que desenmascare, procese y posicione los crímenes de estos miserables ante la opinión pública mundial, ante décadas de impunidad, inmunidad, ceguera y complicidad de la institucionalidad, funcionarios, fiscales, jueces y líderes políticos de los países sudamericanos. En justicia, transparencia, honestidad, verdad y consolidación de las instituciones democráticas deberíamos ser los sudamericanos verdaderamente soberanos, eficaces e independientes; y no esperar que vengan los “gringos” a impartir justicia en las repúblicas bananeras. En esto deberían enfocarse los “lideres” políticos del continente cuando hablan de unidad e integración, en vez de llenarse la boca hablando de tanta tontería doctrinaria fundamentalista.

Finalmente, la institucionalidad del fútbol mundial a nivel local y global debe refundarse para combatir la corrupción, enviar a los culpables a la cárcel después del debido proceso y su derecho a la defensa, sentar nuevas bases de transparencia, accountability y regulación en la suscripción y firma de contratos con el fin de evitar que las mafias se apoderen del rey de los deportes. Porque como dijo el Pelusa entre lágrimas por sus errores, en su partido de despedida “la pelota no se mancha”.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec