lunes, 25 de enero de 2016

Islamofobia: Terrorismo e intolerancia




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Andres Gomez Polanco *) - Más de 3 millones de muertos en Afganistán, Pakistán, Irak y Siria; guerras civiles, anarquía, desgobierno, dictaduras, caos, 2 millones de refugiados sirios, torturas, violaciones a los derechos humanos, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad, violaciones al derecho internacional, 7,6 millones de desplazados en el interior de Siria, más de 23000 árabes muertos en el Mar Mediterráneo huyendo de la guerra. Solamente en 2015 189 niños murieron y 301 resultaron heridos en Irak, esclavitud sexual, tráfico de personas, casi 3000 militares estadounidenses muertos en combate, y tres trillones de dólares invertidos en muerte, destrucción y desolación.


Todo lo precedente es el legado de aquellas palabras pronunciadas en 2001 por el nefasto Presidente de Estados Unidos George W. Bush ante el congreso tras los lamentables ataques terroristas ocurridos el 9/11, que dejaron 3000 personas fallecidas, “Estados Unidos declara la guerra contra el terror, en la cual ejercerá su derecho a la legítima  defensa, contra toda organización terrorista y los Estados que exporten, apoyen, sean cómplices, instigadores, financistas o encubridores del terror. Esta lucha a nivel global será una guerra preventiva y extraterritorial contra el eje del mal”.

Después de 15 años la guerra contra el terror no solo que ha fracasado en su intento de eliminar la amenaza terrorista (más allá de la muerte de Osama Bin Laden Al Qaeda sigue vigente), sino que han aparecido nuevos actores como ISIS que han recrudecido y radicalizado el miedo, intolerancia y la lucha contra el terror. Lo anterior no es una consecuencia de la nada, de la mala suerte, ni de la eficacia del enemigo; sino, sobre todo, es el resultado inequívoco de un ajedrez geopolítico irresponsable e inhumano. El cual tenía como torpe estrategia el invadir y reconstruir países para eliminar el terrorismo, a la vez apoderarse de los recursos petroleros, derrocar dictadores y grupos armados sangrientos (antiguos aliados) Sadam Husein y los talibanes respectivamente, e instaurar la democracia y la libertad a punta de fusil, bombardeos y balazos. Los ideólogos de esta estrategia del desastre Dick Cheney, Michael Chertoff, Condoleezza Rice, Donald Rumsfeld y otros halcones neo conservadores (neocons) pensaron que destruir un país y refundarlo no traería mayores complicaciones, tomando la excusa de la democratización de Oriente Medio, mientras saqueaban los países árabes sin ningún costo, y solo con unos cuantos “daños colaterales” (muertes y asesinatos).

Sin embargo, la coalición liderada por Bush junto a Tony Blair y Aznar solamente generó más destrucción, muertes, desorden, ingobernabilidad, crisis humanitaria e inestabilidad regional. El desprestigio e ilegitimidad de Estados Unidos y Occidente que ha pretexto de las inexistentes armas de destrucción masiva invadieron Irak y dieron inició a esta vorágine de muerte. La atomización, fragmentación y  debilidad estructural de Estados como Libia, Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, Yemen, y Egipto que no controlan su integralidad territorial, tienen disputas internas y no poseen el monopolio legítimo del uso de la fuerza, lo cual genera vacíos de poder que son aprovechados por las organizaciones terroristas (ISIS). Este gigantesco error geopolítico ha tratado de ser solucionado o, por lo menos, atemperado por el Presidente Barak Obama dando énfasis a la diplomacia por sobre la respuesta militar (acuerdos con Irán), retirando las tropas de Irak y Afganistán de manera gradual. Y conformando coaliciones internacionales que busquen soluciones políticas; y no solo militares, ante crisis que pueden escalar a conflictos regionales como es el caso Sirio. Aunque aún falta muchísimo por hacer.

En este contexto de guerra, violencia y muerte el pueblo árabe y los migrantes y residentes que profesan el Islam, especialmente en Europa, han sido uno de los grupos vulnerables más afectados, estigmatizados y criminalizados. Lamentablemente se ha masificado y construido un estereotipo de discriminación, marginalización y exclusión de la religión, cultura y civilización islámica. Se confunde terrorismo, Al Qaeda, Osama Bin Laden, ISIS, ataques terroristas y terror con el Islam y los árabes. Se malinterpreta el Corán porque una sarta de psicópatas y asesinos “justifican” sus atrocidades y fundamentalismos usurpando a una religión. Por consiguiente, ni ISIS, ni Al Qaeda, ni Boko Haram, ni ningún grupo terrorista son sinónimo del Islam, al contrario son su antítesis.

Sin embargo, desde el 9/11 se ha instaurado un clima social de desconfianza, temor y agresividad contra todo lo que represente el Islam en Occidente. Se ha edificado una suerte de macartismo anti-yihadista que en su ciego fanatismo inducido por el miedo ataca todo lo árabe e islámico por el hecho de serlo. Pseudo líderes como Donald Trump y Marine Le Pen, quienes tiene opciones presidenciales en Estados Unidos y Francia, usufructúan y recrudecen el racismo en sus sociedades. El populismo racista anti-migración profundiza la satanización de los musulmanes, quienes en su inmensa mayoría son personas buenas, trabajadoras, honestas y tolerantes como lo son los judíos, los hindúes, los latinoamericanos, los asiáticos, los cristianos, los budistas, los europeos, los eslavos, caucásicos, africanos, entre otros. Aunque este autor cree en aquel pensamiento expresado por el científico alemán Albert Einstein “la única raza existente, es la raza humana”.  

Un claro ejemplo de la animadversión social a la que están sistemáticamente expuestos los musulmanes se encuentra en Europa, donde viven aproximadamente 48 millones (entre primera y segunda generación), estos generalmente se encuentran excluidos en guetos miserables, los jóvenes son parte de los nini ni estudian ni trabajan, no tienen oportunidades de movilidad social y son parte mayoritaria de la población más pobre en sociedades europeas todavía en crisis. Igualmente, los musulmanes ilegales son criminalizados y perseguidos, no tienen ninguna atención social y no pueden acceder a puestos de trabajo; todo lo cual favorece a que organizaciones terroristas fanaticen a “lobos solitarios” para que realicen actos terroristas. Además estas condiciones impiden la integración de los musulmanes a las sociedades europeas, y la profundización del resentimiento y la polarización que son terrenos fértiles para el fanatismo terrorista.

Los ataques terroristas contra la revista cómica Charlie Hebdo (12 personas muertas), los perpetrados en el bar “Bataclan” en el centro de París (130 fallecidos), la crisis de los refugiados sirios en Turquía y Europa del Este, Aylan Kurdi niño fallecido en las costas del Mediterráneo cuya foto estremeció al mundo, y el creciente racismo anti-musulmán en Europa son fenómenos interrelacionados y consecuencias de una estrategia geopolítica fracasada, mercenaria e inhumana. Por lo tanto, sus posibles soluciones tienen que tener como cimientos medidas multidimensionales, estructurales y transversales que involucren los ámbitos geopolítico-internacional, humanitario-social, desarrollo económico-productivo y estabilidad política.

En el área geopolítica-diplomática se tiene que actuar con corazón, pero a la vez con pragmatismo y real politik, para precisamente encontrar una respuesta a la crisis humanitaria de los refugiados, cuya solución depende de la estabilización política de Siria. Indudablemente, los diversos intereses geo-economicos y geopolíticos existentes entre las potencias (USA, Rusia, UE, China, Irán y Arabia Saudita) tendrán que armonizarse, tiene que buscarse un equilibrio entre las facciones internas –incluyendo al dictador Bashar Al’Assad- (excepto ISIS), y tener conciencia de que sin Rusia no hay solución viable ni perdurable. Misma estrategia que si resulta exitosa se puede aplicar en Yemen, Libia, Somalia y Afganistán tomando en cuentas sus particularidades.

En compaginación tiene que existir una lucha militar contra el terrorismo, no se puede combatir a psicópatas suicidas-asesinos a pañuelazos y con rosas, pero esta lucha tiene que estar sustentada en la legalidad y legitimidad internacional, en coaliciones que ataquen militarmente posiciones concretas y específicas sin intervencionismos, en la cooperación y operaciones multilaterales en inteligencia, y, sobre todo, en cerrar las fuentes de financiamiento del terrorismo internacional. Una medida concreta para reducir la vorágine de refugiados sería que la UE reestablezca el Programa de Estocolmo para que los ciudadanos de los países árabes puedan solicitar refugio desde sus países de origen o de tránsito, lo cual en la actualidad no es factible.    

En la misma tónica el desarrollo, el crecimiento económico, las oportunidades de empleo y estudio, la prosperidad y la equidad son políticas públicas imprescindibles si se quiere reducir sostenidamente la marea humana de refugiados que huyen de las balas, pero también de la miseria y la pobreza. También se debe considerar que la inseguridad, la marginalización y la falta de oportunidades son alicientes para la germinación y consolidación de organizaciones terroristas.

Mientras tanto al interior de los países europeos el terrorismo no tiene que ser combatido con intolerancia, fanatismos, miedo, temor, extremismos, ni racismo. Los cuales al contrario son sus principales aliados. Por ejemplo, los mejores reclutadores de terroristas en la actualidad no son los ideólogos de ISIS, ni los ayatolas, ni mucho menos los líderes islámicos extremistas; sino los discursos de Trump y Le Pen.

Por ende, países europeos como Italia, España, Alemania, Inglaterra, Austria, Francia y los de Europa del Este deben configurar políticas públicas comunitarias y nacionales para que los musulmanes se integren  a sus sociedades, y asimilen o toleren valores como la libertad de culto, el laicismo, la igualdad de género, los valores democráticos y la libertad de expresión. Tienen que posicionar a los musulmanes como ciudadanos con derechos y obligaciones como los demás, no como ciudadanos de segunda. En otras palabras, tienen que tener oportunidades de estudio y trabajo, incluir a los jóvenes en el desarrollo, acceso universal a la salud, posibilidades de vivienda. Y, sobre todo, establecer una pedagogía social para que se sientan parte y sean recibidos como miembros de las sociedades nacionales y la comunidad europea. De la misma forma, los musulmanes tiene que poner de su parte y facilitar su integración en las sociedades europeas, sin fanatismos, dogmatismos, ni sectarismos que vulneren los derechos humanos, ni prejuicios, ni atavismo mentales.

Finalmente, derrotar el terrorismo, desterrar la islamofobia y consolidar la tolerancia, respeto, paz y entendimiento de la diferencia es vital en la construcción de sociedades cada vez más diversas, heterogéneas y multiculturales. La cual es una tarea global en todos los niveles individual, comunitario, nacional, regional, internacional y global. Y a través de todas las instancias: Organizaciones no gubernamentales, Estados, sector privado, sociedad civil, Organizaciones Intergubernamentales y las Naciones Unidas. Precisamente esta última ha sido fundamental para reducir los impactos de la crisis humanitaria y brindar ayuda a los que más necesitan, por medio del extraordinario trabajo que realizan organismos especializados como ACNUR, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Pero, también es verdad, que una de las causas de este problema ha sido indudablemente la debilidad política y la ausencia de legitimidad que ha sufrido el Consejo de Seguridad de la ONU desde que Estados Unidos desconoció unilateralmente una de sus resoluciones (invadir Irak). Posicionando su valor como superpotencia, excepcionalismo y poderío militar por sobre Naciones Unidas, de lo cual hasta ahora, la ONU, no se ha podido recuperar. Aunque este es un análisis para otro artículo.
* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec