lunes, 18 de enero de 2016

CATALUNYA: Solución política para el independentismo




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Andres Gomez Polanco *) - El debate catalán y, por supuesto, español sobre la independencia de Catalunya se ha profundizado y radicalizado durante los últimos años. Este proceso de fanatización de las dos partes involucradas (independentistas y españolistas)  se sintetiza en la siguiente afirmación de la Presidenta del parlamento catalán Nuria De Gispert: “El 11 de Septiembre de 1714 hubo una guerra en Barcelona y en Catalunya, y ganaron, no los catalanes, ganaron los otros”. Por ende, el denominado proceso de independencia catalán se ha posicionado en el imaginario político español y europeo como una iniciativa inaceptable, autoritaria, ilegal y secesionista de la soberanía nacional; o bien como el derecho histórico de la nación catalana a su legítima autodeterminación de los pueblos ante los abusos sistemáticos del poder central español. No existen claroscuros, posiciones intermedias, puntos de encuentro, posibilidad de diálogo, ni capacidad de consenso para solucionar esta disyuntiva. En otras palabras, se ha asesinado a la política.


Catalunya ha sido un territorio históricamente construido como una nacionalidad con su propia lengua, historia, identidad, cultura, cohesión existencial y visión conjunta de futuro de su población. Esta realidad humana e histórica ha estado insertada en las diferentes dinámicas políticas que han atravesado su territorio desde pertenecer al Imperio Carolingio, al Reino de Aragón, el Principado y Condado de Cataluña, el Imperio absolutista español, la República española, la dictadura nacional-católica del “Generalísimo” Francisco Franco, hasta llegar a la actualidad en la que es una comunidad autónoma de la monarquía constitucional y parlamentaria fundada en 1975 con la transición democrática española. Cabe resaltar que en todas estas dinámicas políticas Catalunya jamás ha minimizado o marginalizado su identidad como nación, pero tampoco ha podido constituirse como unidad política de pleno autogobierno.

El catalanismo político siempre ha luchado social, electoral y comunicacionalmente por una mayor autonomía política, económica, financiera y tributaria de Catalunya. Tal es así que han emanado del parlamento español estatutos de autonomía, leyes de descentralización, regímenes administrativos especiales y traslado de competencia con el propósito de brindar mayor autonomía a los catalanes sin por ello cercenar al país ibérico. Pero, desde el 2010 una serie de factores multidimensionales han viabilizado el crecimiento del catalanismo político-independentista que se niega a formar parte de España, y ve como único camino posible su salida del Reino. El proceso inicia en el 2010 con la vuelta al poder del partido hegemónico de Catalunya CiU (Convergencia y Unión) que aprovechado la decisión del Tribunal Constitucional que rechazó el estatuto autonómico 2006, prometido en la legislatura de Zapatero, convocó a una manifestación de más de medio millón de catalanes. En la cual el sentimiento independentista, la denostación a las instituciones y a la clase política española y la reivindicación del derecho a decidir marcaron la bases de un movimiento político-social diverso, dinámico y en el cual confluyen partidos de izquierda, centro y derecha (CUP, CiU, ERC, ICV), empresarios, academia, movimientos sociales y las fuerzas vivas catalanas con el único objetivo de conseguir la independencia.

Aprovechando esta fuerza popular CiU de la mano de Artur Mas ganó las elecciones al Parlamento Catalán en las elecciones autonómicas del 2010, proclamando a este como Presidente de la Generalitat. Artur Mas ganó las elecciones con la promesa de iniciar un proceso sostenido, gradual y sistemático que culmine con la independencia de Catalunya a través de la negociación de un nuevo pacto fiscal, para posteriormente establecer los mecanismos legales y políticos para materializar el derecho a decidir por medio de un referéndum.  Los años 2011 y 2012 se caracterizaron por la profunda confrontación entre Mas y Rajoy (PP) ya que el Presidente del Gobierno desconoció tajantemente el pacto fiscal aprobado unilateralmente por el parlamento catalán, en el cual se retiraban competencias de la administración general del Estado. Ante lo cual los partidos catalanes pro-independencia realizaron “consejos comarcales catalanes” en cada municipio del territorio catalán. En estos se proclamó la vigencia de los territorios catalanes “libres” y se desconoció la constitución española.

Siguiendo con esta misma lógica, el partido CiU liderado por Artur Mas ha utilizado e instrumentalizado la causa independentista para retornar y consolidarse en el poder después de 23 años ininterrumpidos de gobierno (1980-2003), a la cabeza de Jordi Pujol, su padre político. En los cuales se descubrió casos de corrupción escandalosos de la clase dirigente catalana (el clan Pujol), casos de lavado de activos, cuentas no declaradas en paraísos fiscales (Andorra), entre otras acusaciones que involucran al propio Mas. Por lo cual, los detractores del proceso independentistas acusan a Mas de ser un oportunista al instrumentalizar la causa independentista como un escudo de impunidad ante las acusaciones de corrupción. Y como un trampolín político para salvar la vida política de su partido y la propia, después de tomar decisiones anti-populares debido a la crisis económica (desahucios, aumentar el iva, los impuestos, rescatar a los bancos, recortar programas sociales, etc.). Igualmente, es contradictoria la posición de CiU debido a que ha sido por excelencia el partido bisagra que ha permitido la gobernabilidad tanto del PP como del PSOE en la conformación de coaliciones de gobierno en el parlamento español, negociando y haciendo concesiones en las que nunca se abordó el tema de la independencia.

En 27 de Septiembre del 2012 el Parlamento catalán aprobó una resolución convocando a un referéndum de autodeterminación no vinculante, para conocer la opinión de los catalanes sobre la independencia. La resolución fue votada después del debate de política general con el resultado de 84 votos a favor (CiU, ICV-EUiA, ERC, SI, más otros dos diputados), 21 en contra (PPC y C's) y 25 abstenciones (PSC). El Presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, declaró en el discurso ante el Parlamento que “había llegado la hora de que el pueblo de Cataluña ejerciera el derecho de autodeterminación”. La reacción de la clase política española (PP-PSOE-C’s) las instituciones democráticas, los tribunales constitucionales, los medios de comunicación y el empresariado fue contundente. Negativa absoluta a cualquier tipo de negociación que permita la realización de un referéndum de autodeterminación, el cual fue considerado una iniciativa ilegal, ilegítima, inconstitucional y secesionista. Ante esta polarización Artur Mas demostró su olfato político y convocó a elecciones parlamentarias anticipadas en las cuales se impuso y pudo formar gobierno junto a sus aliados pro-independencia, bajo el proyecto claro y sin ambages por una Catalunya independiente.

De tal manera que en Enero del 2013 el Parlamento catalán elaboró y aprobó la "Declaración de Soberanía y del derecho a decidir del Pueblo de Cataluña", la cual establecía una hoja de ruta política para conseguir implementar la soberanía política del pueblo catalán a través de un referéndum vinculante. Declaración que fue consignada como inconstitucional y nula por parte del Tribunal Constitucional español en 2014, estableciéndose una pugna de poderes. En noviembre del 2014, Artur Mas y sus aliados, desconociendo la sentencia del Tribunal Constitucional realizaron un referéndum sobre la independencia catalana, pero de carácter alternativo y no vinculante, en el cual se utilizó la institucionalidad de la Generalitat ante la negativa del Estado español. Este referéndum arrojó los siguientes resultados: participaron 2.305.290 personas, la primera pregunta ¿Quiere que Cataluña sea un Estado? Tuvo 80,76% votos por el SI (1.861.753) y por el No 10,07% (232.182). La segunda pregunta: en caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente? obtuvo el 96% de los votos a favor. Ante este respaldo popular Mas confirmó la hoja de ruta y su lucha por celebrar un referéndum vinculante sobre la independencia. Mientras que Rajoy expresó que el referéndum ilegal e ilegítimo fue un fracaso, ya que solo acudió el 33% del electorado catalán, y el Tribunal Constitucional inició un proceso de desacato contra Mas y declaró carente de legalidad el proceso participativo.    

En este contexto de dicotomización en torno a la independencia entre unionistas y rupturistas el Presidente de la Generalitat convocó para Septiembre del 2015 a unas nuevas elecciones autonómicas, las cuales tendrían un carácter plebiscitario. Para ello se conformó una coalición variopinta de partidos catalanistas pro independencia que abarcaron todo el arco ideológico desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha (Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Demócratas de Cataluña y Moviment d'Esquerres,  Òmnium Cultural,  Asociación de Municipios por la Independencia, Asamblea Nacional Catalana (ANC),Súmate, Solidaritat Catalana per la Independència, Reagrupament, Catalunya Sí y Catalunya Acción y Avancem). La propuesta de esta coalición denominada “Junts pel Si” fue establecer nuevamente como presidente a Artur Mas, quien en un tiempo de 18 meses lideraría el proceso de independencia de Catalunya. Los resultados fueron los siguientes: la coalición Junts pel Si y la CUP -partido de extrema izquierda pro independencia, pero anti-neoliberal- obtuvieron el 48% de los votos, y los partidos que defienden la unidad de España aunque con diferentes estrategias PSOE, C’s, PP y  PODEMOS obtuvieron el 52% de los votos.

A pesar de los resultados Artur Mas consideró que tenía la legitimidad suficiente para continuar con el proceso independentista, ya que la coalición rupturista logró imponerse como mayoría en los escaños del parlamento catalán. Siempre y cuando lograra un acuerdo con el partido de extrema izquierda, la CUP, el cual no fue parte de la coalición por sus desacuerdos con Mas y su política neoliberal, pero apoyaba la independencia. Por lo tanto, Octubre, Noviembre y Diciembre del 2015 fueron meses de profundas negociaciones entre Artur Mas y los dirigentes de la CUP, quienes no apoyaron su investidura. Ante lo cual en Enero del 2016 Carles Puigdemont, delfín político de Artur, fue investido como Presidente de la Generalitat, para evitar un nuevo llamado a elecciones y continuar con el proceso independentista.

Toda esta novela por la independencia se ha caracterizado por la cerrazón, sordera, polarización, satanización del adversario y ausencia de diálogo de ambas partes. Por un lado, Artur Mas y sus aliados han posicionado la independencia como un objetivo político innegociable, su proyecto y supervivencia política depende de su realización. De la misma forma Rajoy y el statu quo político español han declarado la soberanía y unidad de España como líneas rojas que no pueden ser vulneradas bajo ninguna circunstancia. Lo cual ha tenido como resultado el establecimiento del inmovilismo, la inacción, la inercia y la negación de la política como fuente de solución pacífica de los problemas de las colectividades. Es decir se ha producido un proceso de bunkerización de posiciones extremas. Que incluso se ha trasladado al fútbol radicalizando a un más el clásico Barcelona vs Real Madrid, ya que los catalanes ven a los “bluegranas” como su ejército simbólico.

Sin duda alguna, la solución para este inmenso desafío es compleja y es obvio que no va a dejar contentos a todos, una de las partes va a perder ya que se declara o no la independencia. Esa es la cuestión, ese es el resultado esperado, para después atenuar a la parte perdedora lo más posible. Por ende, el primer paso es reconocer sin dubitaciones ni miedos que la solución ante el desafío independentista catalán no reside en las normas jurídicas, en la defensa a ultranza de la constitución, en la legalidad a toda costa, ni en los tribunales. Es un problema político que debe de tener una solución política que trascienda, transversalice y legitime lo jurídico, constitucional, legal y normativo. Se tiene que entender que así como no se debe politizar asuntos judiciales, el camino del fracaso es la judicialización de problemas políticos. Ahora es fundamental que el mecanismo político que permita dilucidar la independencia o no de Catalunya tiene que ser consensuado, aceptado y legitimado por todos los actores políticos y sociales involucrados. Y la obviedad salta a la vista, el camino legítimo es la realización de un referéndum vinculante en el cual se pregunte a los catalanes si quieren seguir formando parte del Reino de España o prefieren la independencia política. Solamente de esta manera la decisión que dicte el pueblo catalán podrá ser contundente, irrefutable y respetada por las diferentes posiciones políticas sin ningún tipo de excusa, plan B u objeción.

En síntesis, la solución política del referéndum vinculante es la mejor estrategia para derrotar y sepultar al catalanismo independentista extremo (Artur Mas, Pujol, CiU) ya que será la misma soberanía popular a la que tanto apelan, la que a través de los votos les negará su proyecto. El cual quedará  derrotado e ilegítimo durante unas cuantas generaciones. Sin embargo, la ceguera, sordera, inmovilismo, ausencia de análisis, mediocridad, falta de liderazgo y temor a perder de Mariano Rajoy y las elites del PSOE, Ciudadanos y PP han excluido la solución política y privilegiado la judicialización del problema catalán. Tienen miedo a perder y a arriesgarse porque Rajoy (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (C’s) y Susana Díaz (PSOE) no tienen el peso político, legitimidad, liderazgo ni estrategia para convencer a los catalanes que se queden en España en un proceso electoral. Lo cual otorga grandes posibilidades de victoria al catalanismo independentista.

El único partido, con trascendencia, en hacer suya una solución política –referéndum vinculante- ante el problema catalán ha sido PODEMOS, Pablo Iglesias ha manifestado que él quiere que Catalunya se quede en España, con un nuevo encaje constitucional, reconociendo constitucionalmente que España es un país de países y su carácter plurinacional (andaluces, vascos, navarros, canarios, gallegos, la comunidad valenciana y los catalanes) y seduciendo a los catalanes para que sean parte de un nuevo proyecto de país. Para este autor, esa es la estrategia a seguir, hay que arriesgarse y se deben enamorar políticamente las mentes y corazones de los catalanes con un nuevo proyecto de país que los incluya. Una España plurinacional, democrática, socialmente justa, productiva y próspera. No se debe obligar a los catalanes mediante sentencias, amenazas, insultos y menosprecios a ser parte del país de países que es España, eso solo genera más independentistas. Con esa estrategia torpe y miedosa Artur Mas está encantado de la vida!, que mejor para el que lo judicialicen, sentencien y apresen para convertirse en el mártir del independentismo extremo. Sin embargo, también es verdad que PODEMOS no tiene la suficiente legitimidad, consenso, liderazgo y presencia nacional para encabezar en solitario esta cruzada electoral y política contra el independentismo. Por consiguiente, la solución política-electoral debe enmarcarse en un consenso de mínimos entre los principales partidos (PSOE-PODEMOS-PP-C’s-IU), actores sociales españoles, sociedad civil, ex-presidentes y figuras histórico-representativas de la política española (Felipe González, Julio Anguita y José Luis Rodríguez Zapatero) para que cada uno, en el área, tema, campo y sector de Catalunya que sea más fuerte seduzcan y ofrezcan una alternativa de país a los catalanes para que se queden.
Este consenso de mínimos para la solución política–electoral del problema catalán no necesariamente tiene que homogeneizar las visiones de país de los partidos involucrados, lo cual sería contraproducente y poco viable. Sino que puede enmarcarse en el consenso de un nuevo encaje constitucional concreto para Catalunya en el cual se haga énfasis en una mayor descentralización, autonomía y autogobierno tanto en lo económico, político, tributario, financiero y social de todas la comunidades autónomas existentes en España. Además del reconocimiento constitucional de la plurinacionalidad y multiculturalidad del Reino. Y por qué no estudiar la viabilidad de una confederación o federación. Es decir el referéndum tiene que preguntar a los catalanes si quieren salirse de España, pero brindando una alternativa. No es eficaz plantear el derecho a decidir en blanco y negro, si se quedan no cambia nada, eso no seduce a nadie! Si deciden quedarse será con un nuevo anclaje constitucional que en su conformación será participativo e incluyente. Así lo hicieron los ingleses con Escocia, y ganaron, no hay que tenerle miedo a la democracia.

Por lo tanto, la solución democrática, eficaz y estructural es la realización de un referéndum en el cual los catalanes decidan quedarse en España porque han sido mayoritariamente seducidos por un nuevo proyecto de país con el cual se sienten identificados. También se debe considerar que Catalunya representa el 20% del PIB de la economía española, su PIB es de 199.786 millones de euros, tiene como PIB PERCAPITA 26.996 euros. Además posee un fuerte sector industrial y de servicios, tiene más de 30000 empresas de tipo mediano-grande, las exportaciones catalanas en 2015 sumaron 60.195 millones de euros -acumulan el 27% de las exportaciones a nivel nacional- y el 23% de la inversión extranjera directa nacional se ubica en Catalunya. Por ende, la independencia catalana afectaría económica, financiera, social y geopolíticamente a España ya que perdería 15000 millones de euros anuales en su presupuesto, muchos capitales y empresas fugarían, el sistema de pensiones se desbalancearía, y el peso económico y diplomático de España en la Unión Europea y en el mundo se vería seriamente mermado. Sin contar que el país recién se está recuperado de la crisis económica que ha marginalizado su sociedad desde el 2008.

Igualmente, si se consolida la independencia los catalanes podrán esgrimir que todos los recursos humanos, industriales, presupuestarios, naturales y la riqueza catalana podrán ser administrados en favor de los catalanes sin otorgar un solo euro a Madrid. Mejorando notablemente su calidad de vida, enriqueciéndolos y, sobre todo, permitiendo su salida total de la crisis económica. Sin embargo, se debe tomar en cuenta que la independencia generaría una nueva unidad política que deberá seguir el proceso lento y tortuoso de ingreso a la Unión Europea –para lo cual necesita la aprobación de España- instaurando una economía cerrada, con aranceles e impedimentos para exportar, importar, circulación de capitales y mano de obra al no ser parte de la UE. Adicionalmente Catalunya como Estado independiente tendrá que cuadrar cuentas con España en relación a créditos, préstamos, deuda pública, régimen bancario, seguridad social, impuestos, deuda externa, convenios internacionales, régimen migratorio de sus habitantes, régimen migratorio con Europa (al no ser parte ya de régimen Schengen), fronteras, reglas de exportación e importación, seguridad ciudadana y militar, entre otros temas escabrosos y nada fáciles. Sin mencionar el rechazo de la UE a su posible proceso de independencia y si este se concreta a su ingreso a la unidad política comunitaria, debido a que serviría como precedente y motivación a numerosos procesos secesionistas existentes (La Liga del Norte italiana, Baviera en Alemania, las regiones de Valonia y Flandes en Bélgica, entre otras) lo cual generaría una atomización, fragmentación y balcanización del proyecto europeo común.

Finalmente, la solución política ante el independentismo es el referéndum vinculante, el cual tiene grandes posibilidades de victoria si se plantea como una estrategia para seducir al pueblo catalán con una alternativa incluyente, presentado a España como un país de países. Esta campaña tiene que ser una causa nacional y no una posición solitaria de cualquier partido. Porque la bunkerización de las posiciones intransigentes solo produce inmovilismo y polarización que germinan fanatismo, bandolerismo e intolerancia, los cuales pueden terminar en una espiral de violencia que posicione “sacar los tanques a las calles” como la única alternativa. En conclusión, la solución política debe ser constitucional, electoral, pacífica y estructural porque ante tanto inmovilismo de lado y lado el independentismo ensombrece y esconde problemas como la corrupción, la pobreza, la desigualdad, el desempleo y la falta de oportunidades. Como bien lo expresó el fantástico cantautor catalán, Joan Manuel Serrat, quien apoya la realización de un referéndum, pero está en contra de la independencia “el asunto de la independencia parece una estrategia en la cual están de acuerdo tanto Rajoy como Artur Más, ya que esta es usada como una cortina de humo que esconde sus errores, corrupción y mediocridad, incluso llega hasta el colmo de engrandecerlos por el fanatismo nacionalista”.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec