lunes, 14 de diciembre de 2015

Pablo Iglesias. De asaltar los cielos al cambio por consenso




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Andres Gomez Polanco *) - Si hace 3 años alguien hubiera pronosticado que la política y la sociedad española iban a ser sacudidas por un grupo de profesores universitarios que se dedicaban en su mayoría a la crítica, análisis y estudio de la ciencia política nacional e internacional, seguramente la inmensa mayoría se hubiera reído. Más aún si se trataba de profesores jóvenes treintañeros, con piercings, coletas, con aura bohemia y de “freaks”, militantes de los movimientos anti-globalización, de los movimientos sociales europeos, las fuerzas pacifistas e inclusive de las juventudes comunistas en los 90. Sin embargo, sucedió lo impensable, aconteció lo improbable y en Enero del 2014 nació PODEMOS fundado por los politólogos Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero. Meses más tarde el partido fundado por los catedráticos de la Universidad Complutense de Madrid cimbró las arcaicas estructuras del bipartidismo español (PSOE-PP) al sacar un sorpresivo resultado en las elecciones al parlamento europeo (5 escaños). Además de ganar las alcaldías de las principales ciudades españolas: en Barcelona con Ada Colau y en Madrid con Manuela Carmena. En otras palabras, Pablo Iglesias con su partido logró posicionarse como una alternativa real de poder y de gobierno frente al partido socialista y al partido popular. Pablo ha conseguido transformar la indiferencia y pasividad en ebullición política, las mayorías sociales del movimiento de los indignados (15M) en posibilidad de mayoría política, el miedo en esperanza y la capacidad de ganar en un hecho real.  


Pero para que PODEMOS dispute la hegemonía social y política a los poderes tradicionales españoles ha tenido que implementar una estrategia pragmática, realista y contundente que desborde los prejuicios, los sectarismos, el catecismo político y las ideologías absurdas. Es decir Pablo no ha construido un discurso ideológico de izquierda, no ha gritado a los cuatro vientos contra la democracia liberal, tampoco ha prometido desmontar las estructuras capitalistas, ni el régimen opresor de los monopolios transnacionales. Y, mucho menos, han primado en sus discursos las proclamas anti-imperialistas, anti-yanquis y pro-comunistas. Ni siquiera Iglesias ha posicionado a su partido como una organización política de izquierda, a pesar de las críticas y cuestionamiento de los puristas y virginales ideológicos de la izquierda tradicional. PODEMOS entendió que para ganar no se trata de ser de izquierdas, de derechas, no se trata de ser socialdemócratas, neoliberales, ambientalistas, socialistas del siglo XXI o eurocomunistas, ese es el discurso de los derrotados y de los perdedores. Para ganar y ser verdaderamente competitivos hay que llegar a la gente, a sus problemas, a su realidad, a sus necesidades, a sus sentimientos, emociones, pensamientos, sueños, anhelos y frustraciones. Hay que comprender y asimilar la realidad, para lo cual las ideologías solo son estorbos que a la gente no le interesa, no le dicen nada, e inclusive le apesta. Para ganar hay que ser transversales.

Pablo Iglesias se distanció y trazó su raya frente a los trasnochados fanáticos de la izquierda que prefieren guardar la pureza de sus formas, simbolismos, banderas, cánticos y panfletos frente a la posibilidad cierta de ganar, tener el poder y cambiar las cosas. PODEMOS no se alió a la izquierda dogmática tradicional (Izquierda Unida) porque eso significaba posicionarse en el típico tablero político de izquierdas y derechas con sus diversos matices, con lo cual se auto-excluían de la posibilidad de ganar al estar al margen izquierdo del partido hegemónico de la izquierda (PSOE). En otras palabras, no se trataba de estar a la izquierda de la izquierda, de solo competir electoralmente para esgrimir consignas pero no para ganar; Pablo concientizó a su agrupación, a la izquierda y a la gente que cree en el cambio en que el principal deber de todo revolucionario es ganar, no conseguir victorias estéticas, las cuales nos mantiene castos pero igual de perdedores. Además el bipartidismo y las fuerzas del statu quo que no quieren que nada cambie, se frotan las manos, se mueren de la risa e inclusive sufren de orgasmos políticos cuando sus rivales se presentan como alternativas de la “izquierda”, como una alternativa de los freaks, como una alternativa ideologizada; porque saben que no tienen ninguna posibilidad de disputarles la victoria. Pero cuando PODEMOS erotiza la política, invoca a la gente, apela a la centralidad que no es lo mismo que el centro político, cuando Pablo Iglesias moviliza pasiones y emociones, construye identidades, espectaculariza la política y se presenta como una alternativa creíble, sus adversarios tiemblan. Tiemblan porque una mafia enquistada en el poder, sea de la ideología que sea, no le tiene miedo a la izquierda, a la derecha, a los movimientos sociales ni a los intelectuales; sino a la gente. En síntesis, tienen miedo a una alternativa política que haga que el miedo cambie de bando, que brinde una salida creíble y trasformadora, y que ridiculice y deslegitime a la mafia en el poder pateando el tablero político establecido. Porque ante mafias políticas gansteriles no se trata de izquierda versus derecha, se trata de los de arriba (elite política) contra los de abajo (la gente).    

Por consiguiente, citando la tesis onceava de Marx sobre Feuerbach “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Estos profesores de ciencia política se cansaron de hacer increíbles diagnósticos de lo mal que va España o magnificas soluciones para remediar la crisis económica, la desigualdad, la corrupción y la crisis de legitimidad del sistema político que solo se quedaban en libros, artículos o simposios universitarios. Entendieron que la acción política es fundamental para transformar las cosas y el primer paso para ello, en democracia, es ganar. Por lo cual, ante la fortaleza económica de sus adversarios, sin contar con una estructura territorial, mucho menos redes clientelares, organización partidaria, el poder del Estado y los recursos públicos, ni aliados estratégicos; decidieron asaltar los cielos a través del efecto mediático de Pablo Iglesias con sus ideas y discursos en los medios de comunicación masiva como tertuliano de todo programa de análisis político al que fue invitado. PODEMOS entendió perfectamente que es más trascendental ante la opinión pública lo que diga su líder en un programa televisivo en horario de prime time, antes que un discurso en el congreso que nadie ve, que es aburrido y que a nadie le impacta ni le importa. Iglesias fue muy inteligente al aceptar que la nueva plaza pública se llama televisión, nos guste o no. Tal es así que además de sus funciones como eurodiputado en Bruselas es presentador de dos programas políticos como “Fort Apache” en Hispan TV y “Otra vuelta de Tuerka”  en la Tuerka TV.

Igualmente, Pablo ha renovado la política española al establecer por primera vez primarias completamente abiertas para que los ciudadanos elijan a los candidatos de PODEMOS, su manejo determinante de las redes sociales y la tecnología, transparentar las cuentas de los partidos, su financiamiento a través de créditos ciudadanos para no deberle a los bancos, y su liderazgo carismático y descomplicado. Por lo tanto, este profesor universitario de 37 años, soltero, sin hijos, con coleta, que viste de jeans, camisa y sin corbata, que va en moto por las calles de Madrid, y que vive en un pequeño apartamento heredado por su tía abuela en el barrio obrero de Vallecas puede abrir una nueva era política en España, sino lo ha hecho ya. Ante este escenario sus rivales han acusado a Iglesias de ser populista; Pedro Sánchez, Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre y Albert Rivera han tratado de posicionar la figura de Pablo como la de un populista anti-sistema, inexperto, radical e irresponsable que generará el caos. Para este autor la idea de populismo es un claroscuro que tiene una dialéctica antidemocrática al erosionar instituciones y, a la vez, un dinamismo como fuerza democratizadora al reivindicar a la gente; por lo cual utilizarlo como insulto es común dada la mala fama del término en épocas de banalidad electoral. Pero ante un análisis mínimamente serio y decente el populismo, recalco para este autor, puede actuar como una fuerza que rompe con el consenso hegemónico de una mafia enquistada en el poder, que bien puede ser de izquierda o de derecha o cualquier ideología. En si el populismo es solo un mecanismo para tomar, acrecentar o mantener el poder, puede ser democrático o anti-democrático o ambos, pero ese es un debate para otra ocasión.  

Sin embargo, no todo ha sido color de rosas en este año y medio para Iglesias ya que en las elecciones andaluzas su partido quedó tercero tras el PSOE y el PP. Y en las recientes elecciones autonómicas catalanas la coalición en la cual estaba PODEMOS apenas obtuvo el 9% de los votos. Además los rivales y adversarios también juegan y han sabido reaccionar muy bien ante la vorágine podemita, tal es así que las acusaciones sistemáticas de los lideres políticos, partidos, medios de comunicación, académicos y líderes de opinión han calado en parte del electorado que desconfía de la capacidad, serenidad, pragmatismo e idoneidad de Pablo Iglesias al ser considerado populista, anti-sistema, radical, fanatizado y pro-chavista. En referencia a esta última acusación se ha posicionado en el imaginario colectivo de los españoles, por lo menos como sospecha, la relación directa o indirecta de PODEMOS con el chavismo y en menor medida con el régimen iraní (Hispan TV). Bien sea porque la gran mayoría de los integrantes de la formación morada fueron en su momento asesores del régimen bolivariano, por los posibles dineros del chavismo como ente financista, o por la defensa a ultranza de Chávez y Maduro por parte de Pablo, Errejón y Monedero en sus programas televisivos.

De igual manera, al liderar un discurso anti-corrupción contra la clase política tradicional (la casta) PODEMOS fue escrutado por sus adversarios y salieron acusaciones de corrupción que no supieron aclarar bien, por consiguiente quedó sembrada la duda y la incoherencia. De nuevo el financiamiento ilegal por parte del gobierno chavista, sus relaciones con el régimen iraní, evasión tributaria por parte de Juan Carlos Monedero, pagos en negro de los trabajadores en sus programas de televisión, becas a dedo y consultorías públicas incumplidas por parte del segundo de la formación (Errejón),  sus dubitaciones al criticar violaciones de derechos humanos de sistemas políticos ideológicamente afines, entre otros.  

En la misma lógica Iglesias no pudo jamás desembarazarse de aquel discurso subversivo, de barricadas, duro y provocador que le sirvió para ser un fenómeno mediático y proyectarse políticamente, pero que ha sido un lastre para su crecimiento electoral. Tampoco Pablo ha podido llegar al votante mayor de 50 años que quiere un cambio, pero no un salto al vacío, que está harto de la corrupción, pero que no quiere improvisaciones ridículas. Otro error estratégico ha sido no desembarazarse totalmente y sin medias tintas del chavismo, que solo es un estorbo para Pablo. Sin contar que en toda esta vorágine ha aparecido un “podemos de derechas” (Ciudadanos-Albert Rivera) que ha sabido inteligentemente posicionarse como el cambio responsable, sin sobre saltos y eficaz lo cual ha restado claramente el impulso de PODEMOS. Además uno de los grandes errores que ha cometido “el coletas” –así llaman a Iglesias- ha sido no explicar claramente sus propuestas económicas, financieras, tributarias y empresariales; lo cual ha ahuyentado a parte del electorado por su incertidumbre.  

Por lo tanto, en el supuesto no consentido de que Pablo quiera convertir a España en un régimen bolivariano, totalitario y arcaico como el venezolano –percepción que solo busca generar miedo y que es ridícula para este autor- las condiciones de posibilidad para su consecución son imposibles, porque en política no es cuestión de hacer análisis con el deseo ni de tener toda la voluntad del mundo de hacer las cosas, sino de poder hacerlas dadas las correlaciones de fuerzas y debilidades. Y en España a pesar de las dificultades existe una institucionalidad democrática consolidada, un régimen supranacional como la UE que tiene como ejes transversales a la democracia liberal, el libre mercado y los derechos humanos. Además existen partidos políticos, medios de comunicación, empresarios, movimientos sociales y una sociedad civil todavía muy fuertes para desterrar cualquier intento iluso en la implantación de un régimen autoritario. Por consiguiente, aunque PODEMOS quisiera construir un remedo de régimen chavista en España –que no lo creo- simplemente no podría.

Por consiguiente, a pesar del maremoto político que ha representado PODEMOS para el régimen político español del 78, lo cual ha sido saludable, no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la mayoría absoluta en las próximas elecciones generales a realizarse el 20 de diciembre. Por lo cual, Pablo Iglesias tendrá necesariamente que moderarse, lo que ya se ha visto en la campaña electoral, hacer pactos de gobierno y de estado con otros partidos, dialogar, llegar a consensos, hacer concesiones recíprocas y hacer propuestas programáticas. Caso contrario se marginará como un fenómeno político rupturista intransigente. El reto de Iglesias si es que no llega a ser Presidente de gobierno –escenario posible ante una alianza parlamentaria con el PSOE, siempre y cuando lo superen electoralmente- radica en su capacidad de institucionalizar a PODEMOS sin perder su carácter renovador, seguir entusiasmando a la gente, ser una oposición responsable, llegar a pactos de Estado y construirse como una alternativa de poder con credibilidad.  

Finalmente, en un contexto social complicado con tasas de desempleo juvenil del 40%, corrupción, crisis de representatividad, aumento del desempleo, la desigualdad y la ausencia de oportunidades España requiere responsabilidad de estado de sus líderes para recobrar la senda del crecimiento, la equidad del Estado del bienestar y la transparencia. Por lo tanto, ante esta realidad el politólogo Pablo Iglesias, esta vez, no podrá materializar aquella frase tan recurrente en sus mítines “el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto” sino que si quiere ser parte del cambio que viene a España tendrá que asaltar los cielos por consenso.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec