jueves, 24 de diciembre de 2015

EVO MORALES: ¿Sin reelección no hay paraíso?




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Andres Gomez Polanco *) - “Sin tetas no hay paraíso” es el nombre del best seller literario escrito por Gustavo Bolívar y más tarde popularizado masivamente a través de su adaptación como serie de televisión. Básicamente la historia se sintetiza en la ilusión sagrada, objetivo quimérico y sueño supremo de la protagonista, Rosemary Bohórquez, en poder operarse sus “pequeños senos” para  a través de sus “nuevos pechos grandes” pasar de ser una simple pre-pago (prostituta) a la “mujer oficial” de un “gran” narcotraficante. Es decir las tetas de exuberante tamaño representan el mecanismo de movilidad social, el camino del dinero, el adminiculo para alcanzar la gloria, el sendero para subir de “categoría”. En otras palabras, la silicona es el elemento del cual está forjado el paraíso, sin el cual la superación es imposible.


Y muchos se preguntarán ¿qué diablos tiene que ver la historia precedente con el intento de reelección de Evo? ¡Pues todo! El actual Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia convocó a un referéndum (Febrero 2016) para posibilitar su reelección por un periodo más (2020-2025), a pesar de estar en el poder desde el 2006, haber ganado tres elecciones presidenciales consecutivas 2006-2010, 2010-2015 y 2015-2020 con un inmenso respaldo popular 53%, 65% y 60% de los votos respectivamente. Sin contar con la elaboración de una nueva constitución (2009) que fue aprobada por el pueblo boliviano con el 61% de los sufragios, misma carta magna que solo viabiliza 1 reelección consecutiva, que ahora se pretende reformar vía referéndum.

Por lo tanto, la metáfora que este autor realiza calza perfectamente, solo hay que cambiar la palabra tetas por relección para que todo cobre sentido; debido a que la reelección es a Evo lo que “tetas” para Rosemary Bohórquez: su ilusión sagrada, su objetivo quimérico y sueño supremo pero, esta vez, por el poder. Por lo cual, para Evo sin reelección se acaba la transformación en Bolivia, sin él en la presidencia todo lo alcanzado se puede perder, sin la posibilidad de reelección perpetua no existe Bolivia. Razonamiento equivocado ya que al igual que a la protagonista de “Sin tetas no hay paraíso”, las tetas van a representar el camino al infierno en vez de los campos del Edén. Y para el proyecto político que encabeza exitosamente Evo Morales la reelección indefinida puede representar algo semejante, aunque sin silicona de por medio.

Por consiguiente, este continuo deseo insaciable por el poder y sus mieles, esta obsesión por ser imprescindibles, insuperables e inimitables; y, sobre todo, esta tozudez por ser omnipotentes y omnipresentes que se encuentra en el núcleo de todos estos regímenes bolivarianos (socialismo del siglo XXI) puede convertirse en el epitafio de la tumba de sus proyectos políticos. Especialmente en el caso de Evo Morales y su proyecto de izquierda nacionalista-indigenista la reelección perpetua significaría desinstitucionalizar por completo no solo la democracia. Sino el proyecto político que a pesar del personalismo y el autoritarismo tiene un centro neurálgico que se asienta en los movimientos sociales, las comunidades campesinas, los pueblos indígenas y los consejos comunales; lo cual permite procesos más horizontales, incluyentes, heterogéneos, diversos y participativos en la toma de decisiones que sus contrapartes de la región.

Muchos intelectualoides, políticos de toda tendencia y académicos tienden a homogeneizar y estandarizar los procesos del denominado socialismo del siglo XXI en la región, lo cual es una locura y un despropósito analítico. Si bien es cierto pueden configurarse generalidades, patrones comunes y tendencias, cada proceso político tiene sus particularidades y especificidades. Tal es así que establecer una nueva reelección de Morales acabaría con los cimientos del proyecto político más exitoso –con sus altos y bajos- de los auto-denominados procesos bolivarianos acaecidos en Sudamérica. Esto se debe a que la democracia comunitaria y participativa caracterizada por el diálogo, la búsqueda del consenso, la pluralidad, el papel protagónico de la colectividad y el saber escuchar, cualidades propias de las comunidades indígenas aymaras se irían al traste. Puesto que ya de por si existe una dinámica en constante turbulencia y contradicción entre el mesianismo de Evo y los procesos de democracia comunitaria, con la reelección perpetua el dique de contención se desmantelaría, y se encumbraría el personalismo, autoritarismo y caudillismo en el proceso político indigenista.

Además la reelección hasta el 2025 de Evo monopolizaría la legitimidad de su proyecto político en él, la lucha histórica del movimiento indígena por la reivindicación sería encarnada por su figura. Y Evo dejaría de ser la consecuencia de un proceso histórico para transformarse en su falso y único tótem. Esto ocasionaría inestabilidad política e institucional para su proyecto de país en el mediano y largo plazo, cuando se le acabe la gasolina electoral al caudillo, cuando aparezca un nuevo outsider en un contexto económico y sociopolítico difícil. O, simplemente, cuando por los procesos naturales de la vida el líder ya no esté porque murió de viejito arropado por sus seres queridos, o enquistado en el poder lo cual sería verdaderamente patético. O ya no esté a disposición porque su edad o su estado de salud ya no lo acompañan. En síntesis, cuando un proceso político depende de un solo líder, es un fracaso a mediano y largo plazo y, por ello, no trasciende a la existencia del caudillo.  
Por ende, sería lamentable que el proceso político más exitoso entre los “bolivarianos” (Correa, Ortega, Chávez-Maduro, Kirchner) se tire al tacho de la basura por una pretensión personalista. Y para este autor ha sido el más exitoso porque además de las reivindicaciones históricas en favor de las más pobres, humildes, explotados y humillados; Evo ha sabido mantener los equilibrios macroeconómicos, baja inflación y déficit fiscal, endeudamiento razonable, subir la productividad y generar empleo. Al contrario de sus panas del socialismo del siglo XXI que están en aprietos económicos. Tan exitoso ha sido el modelo –por lo menos en el ámbito económico y social- que la economía se ha manejado con responsabilidad, sin dejar por ello de realizar programas sociales, invertir en infraestructuras, educación, salud, seguridad social, seguridad ciudadana y demás políticas públicas de inclusión. De tal modo que los adalides del neoliberalismo, FMI y el Banco Mundial, han felicitado al sindicalista cocalero por su manejo correcto de los equilibrios macroeconómicos. Han puesto como ejemplo regional y mundial el manejo de la economía del indígena aymara sin título universitario de Harvard. Evo ha demostrado que se puede reducir la miseria sin sobreendeudar al país, se pueden realizar las grandes trasformaciones económicas sin dejar empeñado el futuro de las próximas generaciones. Y que inclusión y productividad no son términos antagónicos sino complementarios.

Aquí unos datos interesantes que refrendan lo anteriormente expuesto: Duplicación del PIB: de 9.5 a 24.6 mil millones de dólares, el Estado pasó de 17 a 34 por ciento en el control del PIB, con 2.5 por ciento de transferencia a la población vulnerable (Brasil, 1.7; Ecuador 0.8; y en Perú 0.3 por ciento). PIB per cápita: de 1 200 a 2 mil 200 dólares. Ingreso promedio: de 950 a mil 833 dólares. Sextuplicación récord de las reservas internacionales: de 2 mil a 13 mmd. Quintuplicación de la inversión pública: de 600 a 3 mil 323 md. En el área rural: de 474 a 867 mdd. Construcción de 900 kilómetros de carreteras pavimentadas, y 2 mil 700 más en construcción; atención a municipios: de 17 mil a 51 mmd; creación de la Agencia Espacial Boliviana, y construcción en China del satélite Túpac Katari, con 64 becados a la Academia China del Espacio; teleférico de transporte público entre La Paz y la ciudad de El Alto, donde viven un millón de personas.

Renta Dignidad, en beneficio de 240 a 600 mil ancianos; Bono Juana Azurduy (para niños menores de un año): 13.4 md a 208 mil madres y 341 mil niños; Bono Juancito Pinto: 51.9 md a más de 1.8 millón de niños y niñas.
Deuda externa: cayó de 5 mil a 2 mdd.
Retorno a los mercados mundiales: después de un siglo, colocación de bonos soberanos a 10 años, por 500 mdd.  Confianza: superávit fiscal por primera vez desde 1940 y bolivarización de los depósitos bancarios que alcanzó 60 por ciento debido a la expectativa de los ahorristas en moneda local. Exportaciones de 2 mil a 6 mil mdd.

Todo ello gracias a la nacionalización del gas, al establecimiento de políticas redistributivas y, a la vez, al manejo inteligente de la economía. Y he aquí una supuesta contradicción, si bien es cierto Evo, sobre todo en sus discursos internacionales, despotrica contra Estados Unidos y el capitalismo que destruye la Pachamama, en el manejo de su economía ha sido pragmático. Entiende que la propiedad privada, la inversión extranjera y las multinacionales son imprescindibles para la perdurabilidad sostenible de su modelo soberano.

Evo Morales el dirigente indígena, el activista comunitario, el campesino aymara, el líder sindical que nació en la extrema pobreza, al igual que la mayoría de los indígenas, en un país con mayoría indígena ha sabido reivindicar la dignidad de su pueblo, y desterrar la discriminación  y el racismo de una sociedad elitista y colonialmente excluyente. Evo el Presidente que mastica coca y que lidera una lucha por la reivindicación histórica de los siempre marginados, también es un caudillo autoritario, que persigue a sus opositores, que en ocasiones vulnera los principios democráticos, que atenta contra la libertad de expresión y la libertad de prensa. Siguiendo la misma lógica, es un líder que ha vulnerado derechos humanos, fanatizado en su geopolítica y relaciones internacionales (no en lo económico), que tiene tintes machistas y homofóbicos, entre otros defectos y debilidades. Sin embargo, este proyecto político exitoso se puede ir al despeñadero si vía referéndum se aprueba una nueva reelección, que además es innecesaria, porque a diferencia de sus colegas regionales el proceso boliviano tiene cuadros con legitimidad propia como es el caso del vicepresidente Álvaro García Linera,  quien sería un excelente candidato y presidente.

Finalmente, las encuestas dicen que el NO ganaría con el 53% de los votos frente al 43% del SI, una posible derrota que aunque suene contradictorio salvaría el proyecto indigenista. Pero aún faltan dos meses de campaña y todo puede pasar, quien sabe es muy probable que Evo remonte y gane, aunque ganando pierda. En conclusión, como este autor expresó en análisis anteriores, nadie puede decir que la reelección indefinida sea inherentemente buena o mala para la democracia, el único ente soberano con legitimidad para tomar esta decisión, aunque se equivoque, es la gente en su diversidad. Y Evo, a diferencia de otros líderes, no ha tenido miedo aunque las encuestas no le favorezcan y preguntará al pueblo. Por lo tanto, en Febrero del 2016 se sabrá si al igual que para Rosemary Bohórquez, para Evo sin tetas (reelección) no hay paraíso. Pero aún más importante, la sociedad boliviana responderá la siguiente inquietud: ¿Sin Evo es posible el desarrollo?

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec