domingo, 1 de noviembre de 2015

Bolatage en Argentina: ¿Es Macri Peronista?




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


Los muchachos peronistas, todos unidos triunfaremos,y como siempre daremos, un grito de corazón: ¡Viva Perón! ¡Viva Perón!

(Por Andres Gomez Polanco *) -
Las letras precedentes pertenecen a una estrofa del himno del Partido justicialista, mejor conocido como la Marcha Peronista la cual resume la política argentina desde 1945, año de emanación del peronismo como fenómeno político. Tal es así que desde el retorno a la democracia en 1983 hasta la actualidad han transcurrido 32 años, de los cuales 24 han sido gobernados por distintas vertientes del Peronismo (el Menemismo, el Duhaldismo y el Kirchnerismo) y tan solo 8 años por la Unión Cívica Radical y demás fuerzas opositoras (Raúl Alfonsín y De la Rúa, quienes no acabaron sus mandatos). Sin mencionar que Juan Domingo Perón gobernó desde 1945 hasta 1955, posteriormente fue derrocado por un golpe de estado militar tras los bombardeos de la Plaza de Mayo (Revolucion Libertadora), lo cual originó un régimen autoritario donde el Peronismo fue proscrito y criminalizado hasta 1973, cuando el general regresa de su exilio de 18 años, se presenta y gana las elecciones hasta su muerte en 1974. Desde 1975, tras un año de gobierno de la esposa del General María Estela Martínez de Perón quien era la vicepresidenta, los militares a cargo del General José Rafael Videla dan un golpe de estado e inician el proceso sangriento de “Reorganización Nacional”.

Mauricio Macri junto al Monumento a Perón en la Ciudad de Buenos Aires.

Por consiguiente, hablar del Peronismo en Argentina no es solamente hacer referencia a un fenómeno político de masas determinante en la historia del país, sino, sobre todo, hablar del Peronismo es hablar de la política en Argentina. Es decir en el país gaucho POLITICA y PERNONISMO son sinónimos, son realidades que se retroalimentan, son el mismo campo de lucha en el imaginario colectivo para alcanzar democráticamente el poder. El movimiento ideológico, cultural, económico, social, simbólico y discursivo creado por el General Perón no ha sido una facción más de la política argentina, el Peronismo es la política en Argentina. Por ende, el discurso de reivindicación de los de abajo, de los oprimidos, de los explotados, de los humillados, de las cabecitas negras, de los descamisados; el discurso que hace énfasis en lo nacional-popular, en la justicia social, en la equidad y en la democracia contra la dictadura es el discurso y el imaginario peronista. En síntesis, el Peronismo es el discurso político hegemónico en la Argentina que sintetiza históricamente la lucha de la transformación y el cambio contra el inmovilismo oligárquico del statu quo. Por lo tanto, el Peronismo más que razones, argumentos, programas, ideas, proyectos y modelos de desarrollo es un sentimiento, es una pasión, es emoción, es el impulso hacia la acción que toca la fibra más íntima del ser de un grupo mayoritario de ciudadanos argentinos.

En consecuencia han existo desde la muerte del General Perón un sin número de corrientes que se autoproclaman herederos, legítimos interpretes e incluso reencarnaciones del Peronismo justicialista. Tal es así que desde el Peronismo y reivindicando sus banderas han aparecido proyectos privatizadores, neoliberales y ultra monetaristas como el de Carlos Saúl Menem; al igual que proyectos nacionalistas con rasgos de izquierda como el de Néstor y Cristina Kirchner. En otras palabras, el Peronismo incluso el encabezado por el propio General ha sido de izquierda, de derecha, nacionalista, liberal, democrático, autoritario, pragmático y dogmático. La respuesta a esta supuesta contradicción es que por un lado el Peronismo nunca ha encarnado a una ideología específica, ni a un proyecto de país concreto. Al contrario es un sistema de poder que tras la muerte de su creador quedó en acefalía, y que por tanto cada grupo con sus contradicciones, antagonistas, aliados, amigos y enemigos intenta apoderarse de su dirección para gobernar el país a su modo, pero siempre a nombre del Peronismo.

En este contexto el próximo 22 de Noviembre Mauricio Macri, líder del PRO y candidato presidencial de la coalición opositora CAMBIEMOS se enfrentará en el primer ballotage de la historia política argentina contra el candidato oficialista del FRENTE PARA LA VICTORIA Daniel Scioli. Este escenario inédito de la política argentina ha sido un balde de agua helada sobre la cabeza de Cristina Fernández, la plana mayor del Kirchnerismo, los energúmenos de la CAMPORA, y la nomenclatura del Partido Justicialista; debido a que se esperaba que Scioli venza en primera vuelta y de esta manera reafirme la invencibilidad, la vigencia del “proyecto”, y la perdurabilidad del Kirchnerismo sin Cristina. A diferencia de lo esperado, Scioli apenas pudo superar en votos a Macri con el 36% y el 34% de los sufragios respectivamente. Además de la histórica y contundente derrota del oficialismo en la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires donde la candidata del PRO se impuso al Kirchnerismo, cosa que no sucedía desde 1983, y donde los kirchneristas querían refugiarse una vez salieran de la Casa Rosada.

Indudablemente, la segunda vuelta electoral tendrá un resultado apretado, todo apunta que Mauricio Macri derrotará a Daniel Scioli, pero en política y, sobre todo, en elecciones primero hay que jugar, hay que hacer campaña y ganar para después festejar. Quien se duerme bajo los laureles pierde. Por lo tanto, ante este posible desenlace electoral muchos analistas, intelectuales, periodistas, políticos, economistas y líderes de opinión argentinos e internacionales han declarado que el Peronismo fue derrotado. Afirmación que además de falsa, este autor considera equivocada e ilusa, ya que el que será posiblemente derrotado es el Kirchnerismo, no el Peronismo, de hecho Macri está ganando las elecciones al más puro estilo Peronista, ergo Macri es Peronistas.

Sin duda alguna, la afirmación de Macri como Peronista escandalizará a muchos puristas, dogmáticos, historiadores, políticos K e inclusive a gente del PRO, a los independientes y a los sesudos analistas políticos, quienes para bien o para mal consideran que el líder del PRO representa las antípodas del proyecto Peronista. Sin embargo, mi hipótesis se sustenta en la forma de hacer campaña, en el discurso, en la generación de identidades, en la dicotomización del espectro político nacional, la creación de fronteras políticas, en la movilización de pasiones y emociones, y en la espectacularización de la política que hace Macri para ganar al más puro estilo Peronista. Si bien es cierto muchos dirán que Macri no se ha caracterizado por el conflicto, el insulto, la diatriba, la estigmatización y satanización del adversario y, mucho menos, en la división de la sociedad entre pueblo y anti-patria; lo cual es verdad. También dirán que Macri apuesta por el diálogo, levantar puentes, reconocer lo que se ha hecho bien, negociar, la unidad, por el futuro, la racionalidad universal y las propuestas. En vez de la pasión irracional, el desbordamiento de las masas “salvajes” y la invocación del pasado como generación de miedo y sustentación de un complejo adánico. Lo cual también es cierto.

Sin embargo, la alternativa de liderazgo, el proyecto de nación y la campaña electoral que ha desarrollado Macri no necesita dividir, satanizar, generar miedo, ni ser un caudillo para ser Peronista. Quien razona de esta forma, confunde Peronismo con Kirchnerismo. Macri ha sido Peronista porque ha creado fronteras políticas en la sociedad al posicionar a su proyecto político como una alternativa de progreso, libertad, desarrollo, honestidad y justicia social frente a la mafia del poder kirchnerista que se ha enquistado en las instituciones democráticas. Macri fiel al estilo Peronista ha dicotomizado la elección ante el pueblo argentino al configurar por un lado una alternativa de país que personifica un cambio político y una transformación económica que demanda la sociedad, frente al continuismo de Scioli que ha dejado de encarnar un cambio, ahora representa el pasado, el statu quo, el establishment y al poder. Igualmente, el Alcalde de Buenos Aires ha construido identidades políticas y ha movilizado no solo razones, sino y, sobre todo, pasiones y emociones en la sociedad argentina al presentar un proyecto que cautiva, seduce, enamora y agrega al posicionarse  como la esperanza, la alegría y el futuro; frente a quienes solo tienen el miedo, la desesperanza, el inmovilismo y el continuismo como factores de apelación popular. De igual modo, Macri ha espectacularidazo la política al construir un discurso innovador, colorido, fresco, nuevo, de futuro, transversal, y que llega a la gente, en contraposición al ritualismo, el mesianismo y a la vetusta simbología kirchnerista. Sin gritar, sin insultar, ni descalificar.

En conclusión, Macri y sus estrategas de manera inteligente ignoraron de manera correcta a los intelectuales, analistas, académicos y políticos que querían que su campaña rompa, deslegitime y ridiculice al Peronismo. Macri entendió que gran parte del pueblo argentino, sabiéndolo o no, es Peronista, hace suyo su imaginario indentitario, discursivo y cultural. En otras palabras, Macri apostó a ganar y derrotar al Kirchnerismo, mas no al Peronismo; se deslindó de aquellos puristas que ven al General Perón como la gran tragedia histórica que ha destrozado a Argentina. Macri ha demostrado, aunque pierda el ballotage, que para tener posibilidades de ganar tiene que jugar para ganar, tiene que descolocar a sus rivales, tiene que patear el tablero político establecido, hay que cambiar las reglas de juego discursivas y asaltar los cielos. En síntesis, se debe ignorar educadamente a aquellos que pululan en guardar las formas caducas, en convertir los prejuicios en principios, y prefieren perder antes que cambiar, aquellos que les encanta ser puristas cavernarios, ser perdedores virginales antes que ganadores, y se conforman con la victoria estética de los perdedores. Puros hasta la derrota, siempre puros, pero también siempre derrotados. De esto humildemente puede tomar nota la oposición venezolana, pero especialmente Capriles, para saber cómo manejarse políticamente ante el Chavismo.

Finalmente, Macri enfrentará si gana un desafío enorme, el cual se sustenta en gobernar un país que espera un cambio que genere oportunidades, reactivación económica y productiva con justicia social, y plena vigencia de la libertad y los derechos humanos. Igualmente, tendrá que hacer frente a un congreso en el cual no tendrá mayoría, un senado controlado por el Kirchnerismo, gobernadores opositores y una Cristina Fernández que estará merodeando el panorama político para volver en 4 años. Pero fue Mauricio Macri –no Cristina, no Massa, ni Scioli- quien no casualmente fue el único político que realizó un gesto simbólico al Peronismo, al inaugurar una estatua del General en sus funciones como Alcalde de Buenos Aires. No como un gesto oportunista, populachero y desesperado, sino porque comprendió como Perón la real significación del Peronismo en Argentina; al que cuando se le preguntó por las fuerzas políticas que competían por el favor de los argentinos. Perón mencionó a los radicales, los socialistas, los conservadores y otros partidos menores, pero ignoró al peronismo. Cuando un periodista le marcó esta aparente omisión, Perón contestó: "Ah, No. Es que en Argentina peronistas somos todos".

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. asgomez@udlanet.ec