martes, 15 de septiembre de 2015

Los desafíos de la UNASUR

UNASUR

El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.

(Por Andres Gomez Polanco *) - La integración sudamericana, centro-americana, andina, panamericana, hemisférica y, especialmente, la integración latinoamericana siempre han sido sueños permanentes, quimeras impostergables y objetivos en el horizonte de líderes políticos, académicos, intelectuales, empresarios, estudiantes, ciudadanos, en sí de la sociedad en su pluralidad de este continente indígena y mestizo. Desde Simón Bolívar, Sucre, San Martín, Miranda, Emiliano Zapata, pasando por Perón, Allende, Velasco Ibarra, Rómulo Betancourt, y finalizando con Roldós, Menem, Cardoso, Lula, Chávez, Correa, Uribe, Morales y Alan García independientemente del espectro ideológico la integración latinoamericana siempre ha estado presente como discurso, acciones o promesas.


Por consiguiente, en un mundo globalizado, interdependiente, competitivo y donde el poder cuenta – más allá de que nos guste o no- la integración en bloques regionales más que una apuesta hacia el desarrollo y la fortaleza, implica una cuestión de mínima supervivencia en la estructura de poder internacional. Por ende, a partir de esta realidad fáctica, pensando estratégicamente e inspirados en nuestros principios y convicciones debemos de asumir la responsabilidad de edificar un proceso de integración eficaz, responsable, pragmático, que brinde soluciones y oportunidades, pero, sobre todo, que tenga significación y relevancia para los ciudadanos en su diario vivir.

Este desafío tiene como cimientos los grandes aciertos y fracasos que se han forjado históricamente en el proceso de integración latinoamericano, debido a que no se trata de tener complejo de Adán y querer borrar todo el camino recorrido, representado este en instituciones como ALADI, MERCOSUR, CAN, GRUPO DE RIO, OEA, CELAC, CARICOM y UNASUR. Especialmente en lo referente a este último proceso de integración suramericano, que es considerado una verdadera esperanza en pos de la unidad, al cual me referiré a continuación.

La Unión de Naciones Suramericanas sin duda alguna es un proyecto por la unidad indispensable, necesario y vital para los países de América del Sur. Representa la esperanza de más de 400 millones de personas por materializar sus sueños de libertad, justicia, desarrollo, dignidad y derechos humanos a través del trabajo conjunto entre pueblos y países hermanos. UNASUR es la punta de lanza y el proyecto de integración más prometedor hoy por hoy en Latinoamérica. Sin embargo, ese futuro promisorio de integración se ve amenazado por la inacción, el estancamiento, la pasividad, la inercia, el miedo, la ilegitimidad, la mediocridad, el fanatismo y la irrelevancia en la que poco a poco y sistemáticamente está cayendo el proyecto de integración sudamericano.

Esto se debe básicamente a que si bien es cierto todo proceso de integración para ser exitoso necesita estar sustentado en principios como la democracia, la justicia social, las libertades fundamentales, la equidad, la búsqueda del desarrollo, la paz, el diálogo, los derechos humanos, y la solidaridad. No se debe confundir valores con dogmas sean estos de izquierda, derecha o cualquier ideología anacrónica, no se deben confundir convicciones con fanatismos y, menos aún, objetivos colectivos y plurales con megalomanías personales e intereses politiqueros mezquinos. Por lo tanto, UNASUR no debe ideologizarse, no debe ser una nueva ALBA o un nuevo ALCA, si este proceso de integración pretende sobrevivir a largo plazo, ser exitoso y no caer en el olvido debe cumplir una funcion de diálogo en la pluralidad, tolerancia y foro de debate constructivo. Si UNASUR cada vez más en vez de buscar la conciliación, la paz social y la convivencia democrática se transforma en un ente obsoleto cuya única finalidad es ser el paraguas y el escudo internacional de cualquier régimen político, sea cual fuere este, su destino es el olvido, la ilegitimidad y ser la guarida de políticos fracasados.

Un ejemplo claro de este accionar ocurrió en el conflicto postelectoral en las elecciones presidenciales venezolanas en el 2013, donde en vez de ser un foro de discusión política y democrática para fomentar la paz y las soluciones se ignoró a la oposición de Venezuela como si no existiera. De esta manera, UNASUR solo va a lograr posicionarse como un foro unidimensional, unilateral y discriminatorio que será deslegitimado por una porción importante de la ciudadanía suramericana, quienes solo lo verán como un espacio ideologizado y parcial.

Otro punto en el que UNASUR debe hacer una autocrítica profunda y reestructurarse es en la eficiencia, la eficacia y construir alternativas y soluciones para los problemas y desafíos de la región. En otras palabras, se deben fomentar políticas estratégicas de coordinación entre países en pos del progreso comercial, crecimiento y estabilidad económica, reducir pobreza e inequidad, generar empleo e incentivar la innovación, el emprendimiento, la ciencia y tecnología. Por ejemplo a través de programas multidimensionales, complejos e integrales como la asociación productiva, la generación de cadenas productivas regionales, la trasferencia del conocimiento, infraestructura en conectividad vial, puertos, aeropuertos, vías, carreteras, pero también conectividad en las comunicaciones, la información y el internet.

Además se podrían configurar proyectos de asociación comunal, corporativa y empresarial de la ruralidad y ganadería sudamericana, incentivar la inversión extranjera regional en el mismo subcontinente, la negociación de un salario mínimo regional para evitar la degradación de la mano de obra, entre otras muchas propuestas para que el proceso de integración sea palpable en el diario vivir de los ciudadanos sudamericanos. Todo esto lo tiene que incentivar, impulsar y liderar UNASUR caso contrario los discursos grandilocuentes, las declaraciones, los tratados, las conferencias, las cumbres presidenciales y el marketing no sirven para nada ni tienen la más mínima relevancia, importancia e impacto.

Para la consecución de estos objetivos, este proceso de integración debe de cambiar de paradigma de manera gradual, sistemática, negociada e inteligente –lo que se conoce en Relaciones Internacionales como geometría variable- que pase de un proceso centrado en el paradigma intergubernamental hacia el supranacionalismo. Sin esta transformación UNASUR jamás tendrá el poder, la competencia ni la capacidad para profundizar el proceso de integración. Igualmente, otro objetivo a mediano y largo plazo es la convergencia de lo político-diplomático con lo comercial-económico ya que UNASUR debe ser el ente institucional supranacional en el cual converjan o se compaginen los procesos comerciales regionales como MERCOSUR, CAN y quien sabe, porque no la ALIANZA DEL PACIFICO.  Imposible desde una visión dogmática, ridícula y anacrónica de los procesos de integración, pero absolutamente viable y eficaz desde una visión de integración pragmática y estructural.

En conclusión, UNASUR es un proceso de integración que produjo y sigue generando amplias esperanzas en la sociedad latinoamericana, pero los atavismos mentales, las ridiculeces, la demagogia, el estancamiento, el miedo y la ausencia de un pensamiento estratégico hacen que este proceso poco a poco se convierta, sino se hacen los cambios necesarios, en uno más de los intentos fallidos por materializar el sueño de unidad del libertador. Un claro ejemplo de esta proceso de decadencia –todavía hay mucho tiempo para revertirlo- se ejemplifica en la absoluta irrelevancia, ilegitimidad y falta de credibilidad de UNASUR en el conflicto entre Colombia y Venezuela en relación al cierre fronterizo, las personas deportadas y la crisis humanitaria que esta insensatez ha generado.

UNASUR debería ser la institución natural para resolver este problema, para canalizar las desavenencias, sentar a los implicados, encontrar terreno común para desescalar el conflicto y plantear alternativas. Sin embargo, dado la ilegitimidad, la ausencia de visión estratégica y la ideologización de este ente, UNASUR ha sido apartada del principal conflicto hoy por hoy entre países sudamericanos como una institución desacreditada, inservible y anacrónica. Este caso es una clara advertencia sobre el futuro de este proceso de integración sino se corrige el rumbo.
Finalmente,  no es el momento de las críticas destructivas, de las fatalidades ni de las excusas. Tampoco es el tiempo de las posiciones intransigentes, sea del lado que sean, pero especialmente de aquellos fanatizados quienes piensan que un proceso de integración es un proceso de catecismo sectario, a quienes solo les importa guardar las formas, los himnos, los cánticos y los símbolos para demostrar su virginidad ideológica; pero les da miedo y les escandaliza las soluciones estructurales que alcancen la justicia, la democracia y el desarrollo. Son estos marginales perdedores quienes son uno de los principales obstáculos al proceso de integración, los fanáticos sin sentido común, quienes prefieren enterrar la unidad sudamericana antes que perder sus formas, aquellos no son más que los políticos fracasados que se resignan con la victoria estética de los perdedores ante su decadencia.

Es hora de enrumbar el proyecto, de aceptar las críticas constructivas, es la hora de las convicciones, del pragmatismo, de las propuestas programáticas, de incluir la participación ciudadana de la sociedad civil suramericana para que el proceso no sea visto como algo elitista-burocrático, es la hora de arriesgarse por la integración y dar un golpe de timón en el proceso de integración de UNASUR.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco. 
asgomez@udlanet.ec / Politólogo

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