miércoles, 9 de septiembre de 2015

Construcción de una alternativa política




ALTERNATIVA POLITICA

(Por Andres Gomez Polanco *) - En política ser una alternativa no se traduce en tener la razón, tener argumentos, tener ideas, tener proyectos tecnocráticos de gobierno, poseer arquetipos de desarrollo y planeación estratégica. En política para ser considerado por la gente como una verdadera alternativa ante el régimen imperante es necesario tener posibilidades de éxito, es decir poder ganar. Si bien es cierto las ideas, razones, argumentos y proyectos de país son imprescindibles para realizar un buen gobierno, para tener un horizonte, para tener unos objetivos y un camino. En otras palabras, para tener sustancia y no ser solo una maquinaria electoral aceitada, estos elementos por si solos no construyen una alternativa política.

Tampoco se configura una alternativa de gobierno posicionándose ideológicamente entre izquierda y derecha, defendiendo nuestra pureza ideológica a ultranza entre ser de centro-izquierda o centro-derecha, peor aún a través de la autodefinición de representar a la “verdadera” izquierda, al “legítimo” socialismo, al capitalismo “humano” o al liberalismo social. En la actualidad a los ciudadanos de a pie sean estos hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, adultos, profesionistas, campesinos, agricultores, empresarios, comerciantes, artesanos, a la clase media y a los más humildes no les interesa en lo más mínimo ningún tipo de  sectarismos, fanatismos ni catecismo político. Que relevancia práctica tiene declararnos anti-capitalistas, anti-imperialistas y anti-globalización, NINGUNA, es igual de patético e inservible que pregonar ser libertario, anti-comunista o demócrata radical. La gente ya no se identifica con ideologías obsoletas y fracasadas que más que en principios se sustentan equivocadamente en prejuicios y preconceptos, la sociedad en su diversidad da prioridad a la honestidad, el patriotismo, la decencia, la eficacia, el pragmatismo, la justicia, la libertad, la eficiencia, la excelencia, la solidaridad y las soluciones ante los problemas. En síntesis, en colectividades plurales, diversas y heterogéneas ser alternativa política significa ser agregativos y transversales en el discurso, el liderazgo, las propuestas, las ideas y las estrategias.

Cuando una postura política es visibilizada como marginal y minoritaria por más “sustancia” ideológica que posea, por más relevancia histórica y militancia comprometida, disciplina partidaria o claridad en sus estatutos, no representa una alternativa política ante el régimen imperante. Esto se debe a que para disputar la hegemonía política y social hay que ser central y protagónico como requisito, no para ganar, sino para recién entrar en la competencia. Por ende, ser marginal por más capacidad de hacer escándalo mediático y por más capacidad de movilización –que no es lo mismo que capacidad electoral- es un impedimento estructural para ser alternativa política.

Por consiguiente, la debacle de un sistema político y económico, de un gobierno, de una organización política o de un líder no se materializa sino hasta que emana una alternativa política clara y contundente que entusiasme, persuada y seduzca a la gente. Si en vez de eso aparece un proyecto político minoritario, marginal, que infunde miedo, pánico e incertidumbre; por más deslegitimado, mediocre, fracasado y torpe que sea el régimen imperante este perdurará. La clave del cambio político no es la implosión del sector político hegemónico, sino la emanación de una alternativa política que le haga frente, que le deslegitime, que le haga temblar, que le haga temer, que haga ver sus contradicciones, fracasos, mediocridades y mentiras. Una alternativa que desnude al viejo régimen, que lo cuestione con propuestas, ideas, proyectos y razones; pero también por medio de la espectacularización de la política, la creación de identidades, la dicotomización y trazar fronteras políticas. Por ende, mientras no emerja un proyecto político como alternativa frente al régimen hegemónico dominante, este último no caerá ni se desmontará porque el caos y el salto al vacío no son opciones.

Ahora aterricemos y ejemplifiquemos los conceptos. En Venezuela quien con dos dedos de frente puede negar el fracaso estruendoso del modelo bolivariano y la encarnación de la estupidez que personifica Nicolás Maduro. La escasez, el desabastecimiento, la inseguridad, la violencia, la improductividad, la hiperinflación, la pobreza, la corrupción, la persecución política y la incapacidad de las autoridades son inocultables. Sin embargo, la oposición todavía no ha podido posicionarse como una verdadera alternativa política ya que sectores de oposición radicales han asustado – además de la manipulación y el adoctrinamiento estatal- a los sectores populares profundamente chavistas con temas como el revanchismo, la violencia, volver al pasado neoliberal y el puntofijismo. Más allá de que estos temores sean verdaderos o inventos del oficialismo, la realidad es que la única opción viable para que la oposición venezolana se posicione y derrote al inefable Maduro la encarna Henrique Capriles con todas sus limitaciones, defectos y carencias. Esto se debe a que Capriles entiende que para ser alternativa de poder y ganar contundentemente las próximas elecciones, evitando así cualquier intento de fraude, tiene que apelar, convencer y persuadir a los sectores populares chavistas, tiene que cautivarlos no atacarlos ni amenazarlos; mientras no lo consiga ganar es casi imposible.

Otro ejemplo es Pablo Iglesias, líder de Podemos en España, quien a pesar del desastroso y corrupto gobierno del Partido Popular no consigue todavía plantarse como una legítima y sensata alternativa frente a los españoles para asaltar los cielos. Básicamente este es el resultado del miedo, incertidumbre, salto al vacío, anarquía, caos, idealismo exagerado e inseguridad que provoca Iglesias y su partido en amplios sectores de la sociedad. Tal es así que la estrategia de Pablo y Podemos se ha centrado claramente en ser centrales, protagónicos, moderados y prudentes en sus propuestas para el cambio social. Por ende, han rechazado alianzas con partidos de izquierda extremistas (Izquierda Unida), han separado de su comisión ejecutiva a sus miembros más polémicos (Monedero) y han suavizado sus propuestas (nunca más han mencionado la renta universal por persona). Por lo tanto, si Pablo Iglesias no logra edificarse a sí mismo como una alternativa política de gobierno que transforme España sin sumirla en el caos, Mariano Rajoy seguirá gobernando o el Partido Socialista a pesar de su impopularidad se posicionará como el cambio “responsable”.

En la misma lógica, Rafael Correa en Ecuador después de 8 años de aciertos, errores, limitaciones, éxitos, fracasos e insuficiencias ha demostrado que su modelo de desarrollo no ha podido echar cimientos de sustentabilidad. Y en el plano político ha demostrado su fracaso al hacer su liderazgo imprescindible para la continuidad de su proyecto político. A pesar del descontento creciente, el cansancio y agotamiento de la sociedad y del propio gobierno, la crisis económica, los casos de corrupción, la ausencia de cuadros para realizar un recambio y la movilización popular la hegemonía correista sigue prácticamente intacta. Esto es el resultado de la ausencia de una verdadera alternativa política que confronte, ridiculice, desenmascare, deslegitime, descoloque y desconcierte al gobierno con ideas, propuestas, estrategias y modelos de desarrollo diferentes que apasionen y movilicen a la sociedad ecuatoriana. Esto no lo ha podido lograr el ex coronel golpista y derrocado, Lucio Gutiérrez, ni el multimillonario heredero-bananero, Álvaro Noboa, ni el ex-banquero Guillermo Lasso y mucho menos el respetable académico, pero mal candidato Alberto Acosta. En síntesis, Correa desde su advenimiento en la escena política ecuatoriana, sin réstale méritos que los tiene, ha tenido que enfrentar a candidatos mediocres, torpes y que nunca han representado una alternativa política.

En contraposición, se encuentra el caso de Felipe Gonzales en la España de 1982 donde la reciente democratización encabezada por Adolfo Suarez se encontraba todavía muy frágil y amenazada por los grupos extremistas del franquismo, el comunismo y el independentismo violento de las diferentes nacionalidades. En este contexto el candidato a la presidencia de gobierno por el Parito Socialista Obrero Español (PSOE) tuvo el talento, capacidad, estrategia y liderazgo de construirse a sí mismo como una verdadera alternativa de poder, frente al franquismo reencauchado y al eurocomunismo desterrando miedos y temores sin perder el discurso de cambio esperanza y transformación.

En conclusión, ser una alternativa política en pos de disputar el poder a un régimen hegemónico es un requisito irremplazable para ganar electoralmente. No se trata de ceder por ceder, desdibujarse, vender el alma o perder la esencia y los principios; sino de ser pragmáticos, conocer al adversario y jugar para ganar. Caso contrario los primeros soldados del establishment son aquellos marginales y extremistas que justifican y legitiman con su existencia al statu quo al no transformarse en verdaderas alternativas.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco.
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 Politólogo Edad: 24