viernes, 25 de septiembre de 2015

Alexis Tsipras. La Política: El arte de lo posible en Grecia




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Andres Gomez Polanco *) - Cuando en una sociedad democrática la política es reducida a la simple administración de las cosas debido a que existe un “consenso” hegemónico frases como: “no hay más alternativa”, “es la única opción racional” o “el cambio es volver al pasado y al caos” son la prueba más contundente del fin de la política. La acción política transforma, brinda alternativas, materializa la indignación en esperanza, concreta las críticas en opciones de gobierno, pero, sobre todo, la política en democracia impide la naturalización, perpetuación o monopolio de un líder, sistema político, partido, movimiento o ideología como la expresión objetiva de un orden natural dominante. Cuando la política no cuestiona las estructuras de poder, cuando la política es impedida de cambiar el statu quo y el establishment, cuando la política no se presenta como una alternativa frente al régimen imperante, la política ha muerto.


En contraposición, el momento en que la política solamente se sustenta en sueños, utopías, quimeras y buenas intenciones, por más legítimos que estos sean, la política se reduce a la demagogia, a los cantos de sirena, a la retórica burda y vacía, al realismo mágico sin resultados. En otras palabras, cuando la política no toma en consideración la realidad compleja que la rodea, los desafíos, los problemas, las contradicciones, los adversarios, las estrategias, las tácticas, los recursos y los objetivos concretos; la política solo sirve para diagnosticar que tan mal vamos o para dar soluciones increíbles en conferencias llenas de intelectuales que jamás se materializan. En síntesis, cuando caemos en el surrealismo demagógico la política muere como alternativa de transformación.

Por lo tanto, la política es el arte de lo posible sin dejar de soñar, es la simbiosis entre los ideales, los principios y los valores con el pragmatismo y el realismo, es la conjunción entre los grandes objetivos de transformación y las condiciones objetivas que condicionan su realización. En sí la política es soñar, pero debemos tomarnos muy en serio nuestros sueños y, por ende, es soñar despiertos. La acción política solo puede ser entendida cuando de esta emerge una alternativa, un camino, un sendero para la gente ante el régimen imperante, caso contrario tanto el idealismo fanático como el consenso dominante no hacen más que instaurar la dictadura de la unanimidad.

En este péndulo político ha sido en el que el líder del partido griego Syriza, Alexis Tsipras, ha estado orbitando desde que hace nueve meses su coalición gobierna un país sumido en la desesperanza, la ineficacia administrativa y la evasión tributaria. Además del incremento de la pobreza y la miseria, la desigualdad, la falta de oportunidades y el sistemático desmantelamiento de sus derechos sociales como consecuencia del austericidio impulsado por la troika, la UE, el FMI y la señora Merkel por la crisis financiera mundial iniciada en 2008. Ante este escenario el primer impulso del gobierno de Tsipras fue encarar y enfrentar prolongando la oratoria de campaña electoral a la UE para reestructurar la deuda, dejar de implementar las medidas de austeridad y, rescatar social y económicamente al país. Para tal empresa configuró una estrategia irreal que consistía en no pagar la deuda, ni hacer ninguna reestructuración profunda al sistema económico, fiscal, productivo y social griego. Estrategia fallida liderada por el brillante, pero poco pragmático, Yanis Varoufakis, quien solamente logró hacer escándalo mediático antes que alcanzar una negociación seria. Lamentablemente ni siquiera el referéndum en que los griegos rechazaron el paquete de rescate de la troika, peor aún los grandes discursos, las concentraciones, la irreverencia, las declaraciones altisonantes y, mucho menos aún, la negación de pagar la deuda pudieron conmover a los acreedores, porque en política las transformaciones no hay que merecerlas, hay que lograrlas. Y para tal objetivo no basta con un simple voluntarismo, sino que se requiere de verdaderas estrategias, tácticas, saber moverse, negociar, conocer nuestras fortalezas, pero también nuestras debilidades, saber las estrategias, límites y necesidades de tus adversarios, el terreno en el que te vas a desenvolver para recién trazar objetivos viables.

Una cosa es verdad la política económica, social, fiscal y financiera de la UE, el FMI y la troika es un desastre, priman los intereses de los bancos y los grandes acreedores antes que el bienestar de la gente. El capital hace y deshace de manera irresponsable e inhumana, sin ningún tipo de control democrático, para que cuando exista una crisis sean los ciudadanos los que la  paguen ante la impunidad e inmunidad de banqueros y políticos coludidos en la inmundicia de su corrupción. En la UE desde la emergencia del thatcherismo ha primado el neoliberalismo salvaje y el capitalismo de amigos que han terminado con el Estado del bienestar y han posicionado a toda alternativa política como la sinrazón, lo ilógico y lo absurdo. Han asesinado a la política, he ahí la ineptitud de la socialdemocracia europea para ser una opción política real en época de crisis. Sin embargo, la alternativa frente al neoliberalismo austericida no puede ser la ingenuidad, la irreverencia, la rebeldía, ni el dogmatismo izquierdista que como únicos recursos tienen las quejas, la crítica, los diagnósticos, las soluciones irreales y la indignación; ya que también asesinan la política al no presentarse como una alternativa real y viable y, peor aún, dan la razón al neoliberalismo al presentarse como el caos, como los marginales y los freaks.

Por supuesto que Europa necesita de un cambio democratizador donde ya no sean los bancos ni los políticos corruptos los que decidan por la gente, por supuesto que se necesita una trasformación de las prioridades económicas de la Unión Europea y la prevalencia de la dignidad humana por sobre el capital financiero. Pero para ello es fundamental conseguir y acrecentar poder político y social en cada país miembro, en  el despertar de la sociedad europea, de sus jóvenes, movimientos sociales, sindicatos, empresarios que eviten el terrorismo financiero y la imposición de un Cuarto Reich de los bancos alemanes. Es decir de todo un proceso complejo, pacífico y progresivo de cambio de rumbo y paradigma. Alexis Tsipras es un aporte para esta realidad, pero no posee todo el tiempo del mundo para que este cambio suceda, y no puede esperar ante un escenario de banca rota total, profundización de la miseria y la debacle económica y social que sería la consecuencia de no negociar con la troika y no pagar la deuda.

Es por ello que Tsipras entendió que era el momento de ser pragmático, eficaz y responsable, por lo cual dimitió, llamó a nuevas elecciones y ganó, pero con la diferencia de sacar de su partido al núcleo más radical y fanático de Syriza – que se presentó como Unidad Popular y ni siquiera obtuvo un escaño- consiguió la legitimidad de su pueblo para llevar a cabo un proceso duro, difícil e inclusive doloroso para pagar la deuda y reestructurar el sistema económico y social griego donde impera la evasión fiscal, el endeudamiento, la ineficiencia y el clientelismo. Pero lo más importante Alexis ahora si tiene un objetivo concreto, una estrategia, sabe el poder de los enemigos a los que se enfrenta, y con mucho sacrificio e inteligencia deberá permanecer en el euro, negociar eficazmente para restructurar la deuda, hacer eficiente a su Estado y al sector productivo griego y, a la vez, que todos estos cambios estructurales tengan el menor costo social posible.  

En conclusión, la gran lección de todo esto es que en política y en la era de la globalización donde la geopolítica es cada vez más nuestra política cotidiana dada la interdependencia, cambiar las cosas y transformar nuestra realidad requiere de principios, ideas, convicciones, pero también de poder, pragmatismo y realismo. Quien no sea capaz de entender este hecho fáctico es un fanático, un iluso o un trasnochado. Por consiguiente, la invitación es a que cuando hagamos política soñemos, y soñemos tanto que no necesitemos cerrar nuestros ojos para que nuestros sueños cobren sentido. Parce que Alexis Tsypras lo ha entendido, y ahora está soñando despierto.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco.
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 Politólogo Edad: 24