lunes, 21 de septiembre de 2015

COP 21 de París: América Latina y el Caribe exigen protagonismo




El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.


(Por Nicolás Álvarez Contreras *) - El pasado 10 de septiembre del presente año, se realizó el lanzamiento de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, más conocida como COP 21, que se realizará en París entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre de este año. Esta Conferencia será crucial, ya que tendrá como resultado un nuevo acuerdo internacional sobre el clima, el que deberá ser universal y duradero. A grandes rasgos, este acuerdo debe enviar señales económicas y políticas para revolucionar el actual modelo de desarrollo económico, con una reforma profunda de los mercados nacionales y globales para que funcionen correctamente desde el punto de vista del cambio climático, actuando a favor de una economía menos intensa en carbono en el marco de un desarrollo sostenible con igualdad e inclusión social, tomando una nueva trayectoria que respete el objetivo de estabilidad del alza de  temperatura global en 2º centígrados en relación a los niveles pre-industriales, reemplazando al segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto, que termina el año 2020.


América Latina y el Caribe no son ajenas a las negociaciones de la COP 21, y este año ha tenido y seguirá teniendo reuniones preparatorias para presentar una posición o frente común en la Conferencia de París. En junio se desarrolló la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana, entre miembros de CELAC y de la Unión Europea, y tuvo como objetivo establecer la posición de América Latina-Caribe y Europa en temas relacionados con clima y cambio climático en el contexto de la COP 21. Dicha Asamblea finalizó con una Resolución, que entre otras cosas reconoce: El principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas en vista de las distintas circunstancias nacionales, económicas y políticas; establecimiento de una posición unificada de los países de la CELAC; buscar un nuevo paradigma de bienestar humano que concilie el doble desafío de luchar contra el cambio climático y mejorar la igualdad y la cohesión social; cumplir con el compromiso de financiación climática a largo plazo de 100.000 millones de dólares (conocido como Fondo Verde para el Clima) para 2020; integrar de forma sistemática la igualdad de género como cuestión transversal en las negociaciones de la COP 21; contribuir a la aplicación del Mecanismo Internacional de Varsovia para hacer frente a las pérdidas y daños que produzcan los efectos del cambio climático; y replantear la Iniciativa Yasuní-ITT, propuesta por el Gobierno ecuatoriano, consistente en preservar, sin explotar, aproximadamente 856 millones de barriles de petróleo en la reserva ecológica del mismo nombre.

Teniendo en consideración lo acordado en la Asamblea Parlamentaria de julio y lo negociado en la COP 20 de Lima (donde no se logró llegar a grandes acuerdos sustantivos), se realizó en Colombia, entre el 20 y 23 de septiembre de este año, la Cumbre del Clima de Bogotá, el mayor evento latinoamericano de preparación a la COP. Entre los objetivos de esta Cumbre preparatoria, además de reforzar lo coordinado entre América Latina-Caribe y la Unión Europea, estuvo promover y potenciar la acción climática de los actores no estatales y contribuir al empoderamiento de la sociedad frente al cambio climático. Se busca una mayor participación de la sociedad civil latinoamericana en la Conferencia de París (donde se espera recibir a unas 45.000 personas), para presentar un mensaje de impacto y movilización. En Bogotá se debatieron cuatro líneas temáticas: Ciudades y nuevo acuerdo global sobre el clima; ciudades incluyentes y resilientes; cambio climático y cambio cultural; desfosilización de la economía y financiamiento climático.

Es urgente que América Latina y el Caribe presenten una posición común para tener un mayor impacto negociador en la COP 21, ya que los efectos del cambio climático perjudican especialmente a la Región en diversos ámbitos. Los costes económicos, sociales y políticos del cambio climático lo convierten en uno de los temas  más importantes en la toma de decisiones de la actualidad, y Latinoamérica no debería ser ajena a ello. La gran diversidad geográfica, biológica y sociocultural, además del hecho de presentar una economía altamente dependiente de sus recursos naturales, hacen de América Latina y el Caribe una región muy vulnerable al cambio climático. Las proyecciones para América Latina y el Caribe bajo un escenario de 4º centígrados son devastadoras: La cuenca del Amazonas y muchas áreas densamente pobladas experimentarían sequías extremas; los huracanes categoría 4 o 5 serían más frecuentes y más poderosos; habría un incremento de 1 metro en el nivel del mar (1,4 metros en Río de Janeiro y Barranquilla). En un mundo 2º centígrados más cálido, las consecuencias son menos devastadoras pero igualmente preocupantes: El número de huracanes severos aumentaría en un 40%; los cambios ecológicos supondrían una amenaza para el 70% de la soja brasileña y el 45% del maíz mexicano; el volumen de pesca en el Caribe disminuiría hasta un 50% (por el aumento en el número de eventos anuales de blanqueamiento de coral).
Respecto a las consecuencias económicas, y de acuerdo a un informe de CEPAL del año 2010, el cambio climático provocaría una pérdida equivalente a alrededor de un 1% del PIB anual entre 2010 y 2100 en los países de América Latina y el Caribe si no se logra un consenso global en torno a la acciones de mitigación (en un mundo con una temperatura 4º centígrados más alta en relación a los niveles pre-industriales), costo que sería mayor en los países andinos, de Centroamérica y del Caribe. Esta disminución progresiva del producto interno bruto se debería a las pérdidas importantes que se producirían en el sector agrícola, en la biodiversidad, y en la infraestructura de la Región, especialmente en Centroamérica, que es altamente vulnerable por su situación socioeconómica, exposición a eventos extremos y alta biodiversidad. En Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay y Perú las tierras degradadas por efectos del cambio climático oscilarían entre 22% y 62% del territorio, con la correspondiente disminución de disponibilidad de agua.

Por los perjudiciales efectos que produce y producirá el cambio climático, América Latina y el Caribe deben ser protagonistas en París, intentando que las negociaciones no queden atrapadas en la discusión sobre recursos, financiamiento y responsabilidades que se da en el marco de las conferencias internacionales. La Región no puede ni debe responder por sí sola al cambio climático (debido a que sólo contribuye al 9% del total global de emisiones de carbono), y se requiere una confluencia con los mayores emisores (he ahí la importancia que tienen reuniones como  la Asamblea Parlamentaria de julio con la Unión Europea) para reducir eficazmente las emisiones.

De acuerdo al francés Jean Mendelson, embajador para la preparación de la COP 21 en América Latina y el Caribe, la ambición de la Conferencia es lograr un acuerdo universal y jurídicamente vinculante, con medidas diversas, y con miras a que no se toque el techo de los 2º centígrados de alza de temperatura, mejor aún si se acuerda no superar un calentamiento global de más de 1,5 grados. París no es el término de las negociaciones, es el punto de partida para que la comunidad internacional entienda que el cambio climático es un problema que debe ser enfrentado con seriedad.

Fuentes:

1. ASAMBLEA PARLAMENTARIA EURO–LATINOAMERICANA
2. “Impacto del Cambio Climático en América Latina y el Caribe: cómo hacer frente a la nueva realidad climática”
3. Cambio climático costaría al menos 1% del PIB anual a países de América Latina
4. Lo que se espera de la COP 21

* Nicolás Álvarez Contreras, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Diego Portales (Chile). Twitter: @nico_alv