lunes, 31 de agosto de 2015

La conquista del poder la democracia electoral-procedimental




ASALTAR LOS CIELOS

(Por Andres Gomez Polanco *) - La frase que titula el presente análisis hace referencia a una afirmación esbozada en el Manifiesto al Partido Comunista escrito por Friedrich Engels y Karl Marx, cuya cita textual es la siguiente: “el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto”. En un contexto democrático como en el que impera en la mayoría de Estados soberanos, por lo menos en lo referente a la democracia electoral-procedimental, la “ilusión” comunista de tomar el poder a través de una revolución armada, para instaurar la dictadura del proletariado es simplemente un recuerdo trasnochado o una tontería confesa. Lo relevante de la expresión en la actualidad se traduce en la necesidad de tomar el poder democráticamente, a través de los votos de los ciudadanos y de manera pacífica para realizar las grandes trasformaciones en términos economicos, políticos y sociales. Aunque en un mundo globalizado, interdependiente y financiarizado, a veces, ganar las elecciones no significa tener el poder, sino pregúntenle a Alexis Tsipras; pero esa es historia para otro análisis.


Asaltar los cielos (ganar elecciones) en una sociedad mundial sumida en la era de la información, la tecnología, las comunicaciones, el consumismo y el desinterés por la vida pública; requiere de la espectacularización de la política, la creación de identidades colectivas, la configuración de fronteras políticas, la encarnación de la esperanza y, sobre todo, movilizar pasiones y emociones. Cabe aclarar que estos elementos no deben sustituir a las ideas, no son la sustancia ni el programa ni el proyecto político, pero si deben ser los medios y los vehículos para llegar a la gente. Negarlo implica no haber entendido nada todos estos años, o ser un ferviente seguidor de la victoria estética de los perdedores que bien están sentados administrando un banco o una empresa; o vistiendo camisetas del Che Guevara; ambos prefieren perder antes que cambiar y optar por la victoria.

Asaltar los cielos suena como una invitación o una apología al populismo; o como una insinuación antidemocrática para buscar el poder por el poder. Sin embargo, cuando afirmo que el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto hago referencia a un profundo proceso democratizador para romper con el consenso dominante o con el discurso hegemónico. Bien sea este la opción neoliberal la cual se la vende como el único camino viable, o el socialismo del siglo XXI que se presenta como la única alternativa ante el neoliberalismo. En este contexto, asaltar los cielos y crear fronteras políticas es un acto democratizador para romper con los paradigmas incuestionables que se hacen pasar como el sentido común y la razón universal. Cuando se interpela y amenaza a este consenso hegemónico es cuando verdaderamente estamos hablando de política, de una verdadera opción diferente, lo demás es pura simulación, reformismo o gatopardismo. En este escenario es cuando nuestros adversarios ya no se ríen ni se burlan, es cuando el miedo y la esperanza cambian de bando. Más aun en este escenario ya no solo que no se burlan, sino que tiemblan porque ya no son ellos los que ponen y condicionan a sus adversarios, ya no son ellos quienes configuran el tablero político, ya no competimos con sus reglas, sus símbolos, sus mitos y sus estereotipos; los cuestionamos, los ridiculizamos, los desenmascaramos y, por ende, les ganamos. Eso es asaltar los cielos!    

Las ideas precedentes son ejemplificadas y materializadas claramente en el liderazgo, estrategia y posicionamiento político de dos figuras de la política europea; disímiles en sus ideas y contenido, pero idénticos en su comprensión de la política y sus tácticas para ganar electoralmente. Ellos son Pablo Iglesias, líder de PODEMOS, en España y Marine le Pen, lideresa del Front National, en Francia. Ambos entienden que es estéril y anacrónico, además sería seguir la lógica de sus adversarios, identificarse como izquierdas o derechas, ellos construyen fronteras políticas más agregativas y trasversales los de abajo (la gente) versus los de arriba (la mafia enquistada en el poder de la ideología que sea), lo que el líder de Podemos conoce como la casta. Igualmente, le Pen construye identidades colectivas que permiten dicotomizar el campo político entre un ellos y un nosotros rompiendo con el supuesto centro democrático del neoliberalismo. Evidentemente con ideas xenófobas, racistas, islamofóbicas, anti- Unión Europea, anti- migración y cavernarias que son totalmente reprochables, pero que son funcionales para construir al pueblo como sujeto político y reivindicar el cambio como proyecto nacional.

Por otro lado, el coletas, como es conocido Pablo Iglesias, en un contexto caracterizado por la corrupción rampante, la crisis social y económica, y la deslegitimación de la clase política ha sabido edificar una opción política que se desapega del ortodoxismo izquierdista, a pesar de su origen, y le apuesta al pragmatismo para resolver los problemas de la gente y obviamente para ganar. Él sabe que no le sirve de nada salir en campana gritando soy de izquierdas!, soy comunista!, soy anti-capitalista!, soy anti-yanqui!; ese es el discurso perdedor que solo beneficia a sus adversarios. Podemos apela al ciudadano común y corriente que siente los efectos de la crisis y que toda la vida ha votado al Partido Popular o al Partido Socialista, porque no se trata de transformar ideológicamente a la sociedad, se trata de convencer, persuadir y disputar el sentido común general.

En síntesis tanto Iglesias como Le Pen, para bien o para mal, han renovado y pateado el tablero político conservador y neoliberal europeo asaltando los cielos ante la incredulidad de sus adversarios que ahora en verdad se sienten amenazados. En otras palabras, han democratizado los sistemas políticos de España y Francia, más allá de las estupideces racistas de Le Pen, ya que un régimen que solo tiene como opciones a pepsi cola (neoliberalismo) y a coca-cola (socialismo del siglo XXI) podrá guardar todas las formas y las apariencias, pero no es una verdadera democracia.

En conclusión, el llamado para asaltar los cielos es un llamado para perfeccionar la democracia, para echar abajo los supuestos consensos hegemónicos, para atreverse a desafiar y a ganar la hegemonía y, por qué no, para transformar la realidad de manera pacífica. Es decir la democracia no es buena por definición ni inherentemente justa, hay que luchar para ello. Así como por polémico que suene para el mainstream tanto académico como intelectual y, sobre todo, para los adalides de la democracia liberal, el populismo es como la misma democracia puede ser autoritario, absurdo y fracasado no es consustancialmente malo. Pero también puede haber un populismo democrático, ideológico y pragmático que asalte los cielos, quien sabe, contra el populismo gansteril, pero ese es un gran debate para otro análisis.

* Andrés Sebastián Gómez Polanco.
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Politólogo Edad: 24