lunes, 1 de junio de 2015

La importancia del poder comunicacional




(Por Andres Gomez Polanco *) -
La información y la comunicación son elementos estratégicos para capturar, mantener y acrecentar el poder político en un contexto democrático-electoral para cualquier tipo de actor político que este en la búsqueda del poder independientemente de sus ideas y objetivos. En la era de la información y la tecnología los medios de comunicación masiva, entiéndase radio, redes sociales, internet, blogs, periódicos, revistas, pero especial y principalmente la televisión son la nueva plaza pública de lo político.  Tal es así que cualquier oferta, propuesta, alternativa, plan de gobierno, política pública, crítica, argumento o razonamiento; inclusive cualquier candidato, líder o lideresa, movimiento social u organización política sino está presente sistemáticamente en los medios de comunicación y esencialmente en la televisión, por más excelente, legítimas o extraordinarios que sean simplemente no existen.


Tal poder de los medios de comunicación privados y públicos es un hecho fáctico sustancialmente innegable debido a que es preponderantemente en la televisión, todavía,  donde se forja lo que Gramsci denominó el sentido común general. En otras palabras, los mass media actúan como dispositivos ideológicos que configuran en la sociedad una agenda política, económica, cultural, social, ética, étnica e inclusive axiológica (valores). Es decir la televisión no solo presenta ideas, información, argumentos y noticias –que ya de por si al momento de escoger que información se presenta y como se presenta existe una carga subjetiva- sino que legitima y deslegitima ideas políticas, proyectos de país, reivindicaciones sociales, visiones de la realidad, nuestro entendimiento del mundo y, con ello, permanentemente edifica nuestro sentido común general mediante el cual tomamos decisiones políticas. Por ende, siguiendo la lógica gramsciana los medios de comunicación masiva son dispositivos ideológicos estratégicos e imprescindibles para ganar la guerra de posiciones, que es una batalla compleja, multidimensional y determinante sustentada en la voluntad, en la forma de pensar y el sentido común general de la sociedad en su pluralidad para conquistar la hegemonía. En contraposición a la típica revolución proletaria donde se captura el poder a través de las armas (guerra de movimientos); en sociedades modernas, heterogéneas, donde la opinión pública es fundamental en la definición democrática del poder a través de elecciones, los medios de comunicación son elementos clave que determinan la ideología dominante de los ciudadanos, es decir son dispositivos que viabilizan la construcción de una hegemonía ideológica.

Por lo tanto, en la actualidad el príncipe moderno – categoría utilizada por Gramsci para definir el instrumento estratégico para tomar el poder- pasó de ser el partido político para posicionar a los medios de comunicación masiva, porque naturalizar el sentido común general bien sea a favor o en contra del neoliberalismo, socialismo, liberalismo, socialdemocracia o para determinada organización política o liderazgo es la clave en nuestra realidad para asaltar los cielos (tomar el poder). Es por ello que tanto intereses privados, multinacionales, consejos de administración de trasnacionales, el sistema financiero internacional, los partidos conservadores, todos los representantes más rancios del capitalismo salvaje. Al igual que los partidos socialdemócratas, movimientos sociales, grupos ecologistas, think-tanks, ong’s, caudillos populistas, Estados paternalistas, los Estados teocráticos, los socialistas del siglo XXI y obviamente los regímenes totalitarios están utilizando e instrumentalizando los medios de comunicación, la libertad de prensa, la libertad de información y la libertad de expresión en pos de capturar, acrecentar o mantener su poder.

¿Los medios de comunicación privados tienen sus propias agendas, intereses, y objetivos, los cuales direccionan su comportamiento? Si indiscutiblemente, ¿Los medios de comunicación privados pueden estar coludidos con el poder político para construir una hegemonía que beneficie a sus negocios e intereses en detrimento de la sociedad? Es muy probable y ha sucedido, ¿Cuando los dueños de las televisoras, periódicos, radios o cualquier mass media tienen que escoger entre su interés de lucro y la libertad de información y expresión existe conflicto de intereses?  Absolutamente verdadero. Por ende, ¿el Estado debe nacionalizar, estatizar y garantizar la comunicación como un servicio y bien público para la sociedad excluyendo a toda iniciativa privada y particular en pos del bien común?  FALSO. Esta visión ridícula, anacrónica y torpe es tan hipócrita y gansteril como el supuesto paradigma del libre mercado que garantiza que la absoluta libertad de expresión depende de la completa desregularización, debido a que por un lado el Estado no es un ente abstracto inherentemente solidario y angelical sino que es controlado por líderes, organizaciones y grupos con intereses propios relacionados con el poder, y por otro lado en el libre mercado solo quienes tienen el capital y el poder económico pueden acceder al control de los medios.

Tal es así que hay que entender y comprender que los medios de comunicación son elementos estratégicos para captar el poder, por lo cual todo actor político, económico y social bien sea desde el sector privado o desde el Estado quiere instrumentalizarlos para ponerlos a su servicio, y de esta forma construir un sentido común general que se ajuste a sus intereses y con ello construir la hegemonía en la colectividad. Por ejemplo, México posee solamente dos televisoras a nivel nacional (TV Azteca y TELEVISA) con cientos de filiales regionales relacionadas a estas de una u otra forma, pero para una población de aproximadamente 123 millones de ciudadanos dos únicas fuentes de información masiva es una total ausencia de pluralidad, heterogeneidad y respeto democrático. Sin embargo, este no es el principal problema de México, sino que “el canal de las estrellas” (TELEVISA) al controlar monopólicamente el principal dispositivo ideológico en la construcción del sentido común general (televisión) se ha convertido en un auténtico poder fáctico anti-democrático que veta leyes, pone candidatos, hace negocios con el Estado, tapa asuntos de corrupción, los muestra cuando le conviene, destruye mediáticamente a sus adversarios e inclusive pone Presidentes (Peña Nieto).

Por otro lado, el Estado venezolano ha construido un conglomerado de medios supuestamente públicos a través de la nacionalización, compra a través de terceros y creación de medios militantes para controlar directa e indirectamente el 90%  de lo que se dice, escucha, ve y lee en la República Bolivariana. Además Chávez en su momento y ahora Maduro han creado todo un andamiaje constitucional, jurídico, institucional y legal de represión, censura, auto-censura y judicialización de periodistas y medios que no compartan su visión de la política a través de sanciones, juicios, cárcel, persecución, desprestigio, deslegitimación mediante cadenas nacionales, propaganda masiva y linchamiento mediático que mantiene a una sociedad maniatada, pasiva y aletargada que es impedida de conocer sus problemas y desafíos da manera deliberada al ser vendida y construida la verdad oficial como un axioma religioso incuestionable.  Por lo cual tanto el dominio de los medios de comunicación por el mercantilismo privado como por los pseudo-liderazgos reivindicativos simplemente, más allá de los discursos, son estrategias políticas para construir una determinada hegemonía ideológica, en otras palabras sirven para administrar la ignorancia en una determinada sociedad.

El panorama sin lugar a dudas es desolador, pero no irrevocable ni inmutable ya que una verdadera democracia requiere ineludiblemente de la presencia vital de medios de comunicación tanto privados, públicos como comunitarios que guarden la mayor independencia, objetividad y eficacia en pos del servicio de la ciudadanía. Porque no existe democracia donde la información, la comunicación, las ideas, la libertad de expresión y prensa son controladas monopólicamente independientemente de quién sea el titiritero. Es por ello que se requiere como una solución profunda, pero práctica, la garantía del pluralismo, la diferencia, la heterogeneidad y la libertad de pensamiento en una sociedad a través de sus medios. Por ejemplo, evitando la monopolización de pocas televisoras privadas, debe haber la mayor cantidad en número como en diversidad de medios de comunicación no solo en televisión, radios, internet, blogs, entre otros dispositivos ideológicos. Debe existir claramente una reglamentación objetiva que regule sin restringir libertades, pero que si sancione abusos de los medios y periodistas, la cual no debe ser utilizada por el gobierno para amedrentar y actuar con total impunidad con sus medios públicos cooptados. La existencia de verdaderos medios públicos es fundamental pero públicos no del gobierno de turno, que sean fiscalizados por las sociedad y todos los ciudadanos independientemente de sus posturas tengan acceso, para eso se requiere voluntad política, una sociedad activa y procesos de institucionalidad serios. Igualmente, los principales centros donde surgen las ideas, la diferencia y el debate deben de tener acceso no solo a los medios privados y públicos sino el control de estos por ejemplo las universidades públicas y privadas, los estudiantes secundarios y universitarios, los movimientos sociales, las fuerzas sociales, entre otros actores de la pluralidad.

Finalmente, se debe entender que los medios de comunicación son mecanismos trascendentales tanto para la toma del poder democráticamente, como para el respeto y viabilidad de un régimen genuinamente democrático; ya que en la actualidad es más importante lo que se debate en un programa en vivo en prime time, que los debates en el ágora legislativa de los que nadie se entera. Parafraseando el statement icónico de la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992: no es la economía, ni la política son los medios de comunicación estúpido!

* Andrés Gómez Polanco es estudiante de último año de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas (UDLA) Quito-Ecuador. asgomez@udlanet.ec