martes, 16 de junio de 2015

Análisis: Elecciones de medio término en México




AMLO 2018

(Por Andres Gomez Polanco *) - El pasado domingo 7 de junio del 2015 los ciudadanos mexicanos acudieron a las urnas para expresar su voluntad política a través del voto en las denominadas elecciones intermedias, donde se disputaron 500 curules en la Cámara de diputados federales, 9 gubernaturas y 5. 516 cargos de elección popular en elecciones locales (alcaldías, delegaciones y renovación de asambleas estatales). La participación ciudadana fue de 47.03%, la cual arrojó los siguientes resultados: el PRI partido gobernante refrendo su mayoría en la Cámara de Diputados con el 26.9%, el derechista PAN se colocó como segunda fuerza política al alcanzar 116 diputados, y el PRD consiguió alrededor de 60 representantes. Sin embargo, los resultados electorales más importantes por sus implicaciones e impacto político a mediano y largo plazo son indiscutiblemente tres: (I) el posicionamiento de MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional) organización política creada por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como la principal fuerza de oposición, (II) la victoria del candidato independiente-ciudadano Jaime Rodríguez, mejor conocido como el “Bronco”, en la gubernatura de Nuevo León siendo el primer candidato independiente en derrotar a los partidos tradicionales en la historia de la política mexicana, y (III) la victoria de Enrique Alfaro a través de una plataforma de izquierda en el municipio de Guadalajara.

Congreso de la Unión (México)
En un contexto político caracterizado por la desesperanza, la apatía y la desolación como consecuencia de los grandes problemas estructurales que sufre la sociedad mexicana como: la violencia sistemática del crimen organizado, el narcotráfico, los grupos armados de auto-defensa y el terrorismo estatal, la indignante marginalidad, miseria e inequidad que mantienen sumergidos a más de 50 millones de mexicanos en la pobreza, el nulo crecimiento económico, la informalidad y el desempleo. Además de la crisis de legitimidad, el derrumbamiento del sistema político totalmente desprestigiado, la corrupción rampante, la compaginación y colusión entre el crimen organizado, las fuerzas de seguridad y los actores políticos (caso Ayotzinapa) que desnaturalizan la legalidad institucional del Estado y su monopolio del uso de la fuerza. México afronta no solo una crisis política, social, económica, moral e institucional; sino sobre todo una crisis de régimen y de sistema social. En otras palabras, el escenario político-electoral si no hay un cambio profundo y trascendental –inaudito e impensable en el círculo neoliberal de Peña Nieto- estará marcado y configurado por el establecimiento de una alternativa refundacional y transformadora que patee el tablero político en las elecciones presidenciales del 2018.

Esta alternativa democrática y transformadora no es nueva ha sido liderada, encabezada e impulsada de manera perseverante y valiente desde el año 2006 por Andrés Manuel López Obrador, AMLO, quien ha sido el candidato presidencial de las izquierdas tanto en el 2006 como en el 2012. En las cuales perdió debido al poder fáctico de los medios de comunicación (TELEVISA), las maquinarias partidistas (voto corporativo) y el empresariado reaccionario quienes a través del fraude electoral, especialmente en el 2006, y la compra de votos (2012), así como el sistemático desprestigio mediático y la construcción del miedo, han impedido la victoria electoral de AMLO a pesar del lamentable desmoronamiento que ha experimentado México desde la imposición del modelo neoliberal iniciado en 1988 con la Presidencia de Carlos Salinas de Gortari. Igualmente, cabe resaltar los errores propios cometidos por López Obrador en su liderazgo político y en ambas campañas electorales que han mermado sus posibilidades de victoria en escenarios complejos y difíciles como por ejemplo: su tozudez y terquedad, la ausencia de prudencia en su liderazgo, errores tácticos como declararse presidente legítimo de México y paralizar por 3 meses una de las principales avenidas de la capital mexicana en el 2006 (Paseo de Reforma), sus rasgos caudillistas y fundamentalistas, la ausencia de una estructura electoral a nivel nacional y, sobre todo, su necedad para establecer alianzas, diálogos y negociaciones estratégicas con fuerzas sociales y políticas divergentes que infunda tranquilidad, tolerancia y confianza a la clase media mexicana.

Por ende, es indiscutible el liderazgo, carisma, arrastre popular, apoyo social, popularidad, coherencia y congruencia política que AMLO posee, además de posicionarse como la principal fuerza de oposición a nivel nacional y apoderarse políticamente del DF en detrimento del PRD después de las elecciones intermedias. Por lo cual, López Obrador impulsado en su novel partido –MORENA- hoy por hoy es el primer y principal candidato para las elecciones presidenciales del 2018 ya que representaría la alternativa democrática de transformación en contraposición a los partidos del statu quo PRI y PAN, y su proyecto neoliberal.

Sin embargo, la victoria de las fuerzas progresistas lideradas por AMLO en el 2018, más allá de que faltan 3 años y en política cualquier cosa puede pasar, depende del establecimiento de una estrategia plural que si bien tenga como punto de partida el liderazgo de Obrador y MORENA no sea excluyente, ni sectaria, y mucho menos intransigente al momento de buscar aliados políticos. Por lo tanto, si las denominadas izquierdas van separadas a la contienda electoral del 2018, es decir si el PRD, MORENA, Movimiento Ciudadano, Partido del Trabajo y cualquier alternativa progresista va con su propio candidato presidencial su destino no será más que la fragmentación, dispersión y atomización del voto, y como resultado la derrota electoral. Por ende, el establecimiento de una coalición progresista liderada por AMLO no representa una táctica eficaz para ganar la presidencia, sino simplemente un requisito mínimo para ser competitivo en términos pragmáticos frente al PRI y el PAN.

Por consiguiente, AMLO para el 2018 necesita buscar el diálogo político, los acuerdos y los consensos con los diferentes movimientos sociales, políticos y demás grupos organizados de la sociedad civil que busquen el cambio de régimen priorizando los puntos en común, realizando concesiones de lado y lado, y dejando las diferencias a un lado en pos del objetivo superior. Además y dependiendo de la dinámica política en los años venideros López Obrador tiene que articular liderazgos a nivel nacional en torno a su candidatura y a su proyecto de nación como por ejemplo: Enrique Alfaro recientemente elegido Alcalde de Guadalajara, Macelo Ebrard ex- Jefe de Gobierno del Distrito Federal, la revelación de las elecciones intermedias “El Bronco”, Cuauhtémoc Cárdenas, Miguel Ángel Mancera (actual Jefe de Gobierno capitalino) y todo liderazgo ciudadano y fuerza social para transformar la mayoría social en mayoría política y tomar el poder democráticamente en pos del cambio social.

Igualmente, AMLO tiene imprescindiblemente que acercarse en términos comunicativos, argumentativos y emocionales a la clase media, a los emprendedores, a la ciudadanía independiente de los partidos políticos y movimientos sociales, al empresariado nacional honesto, que lo hay, y a la pluralidad, heterogeneidad y diversidad de la sociedad civil mexicana para que su proyecto político de cambio y transformación social no sea confundido con el caos, la anarquía, la violencia, el desgobierno, la inestabilidad y posiciones extremistas anti-sistema. Para ello López Obrador debe buscar la centralidad política, que no es lo mismo que dejar la izquierda y ser de centro, sino que implica saber articular las demandas ciudadanas trascendiendo las ideológicas doctrinarias, los fanatismos y las posiciones políticas cerradas, lo cual permitirá la configuración de AMLO como la alternativa política-democrática de transformación social ante el sistema corrupto y podrido representado por el PRI y el PAN. Es decir, Obrador para el 2018 necesita mantener e incrementar su voto duro de izquierda y a la vez mediante la construcción de confianza, certidumbre, tolerancia, esperanza, estabilidad, consenso, respeto a las libertades y al sistema democrático atraer a sus no votantes, a quienes le tienen miedo por las campañas de desprestigio impulsadas por el PRI y el PAN y sus aliados mediáticos, alimentadas por los errores propios, y que sin duda serán las primeras tácticas que estas fuerzas utilizarán en el 2018 en su disputa por la hegemonía.

De tal forma que la clave de la victoria para AMLO en el 2018 en pos de realizar las grandes transformaciones que México requiere se sustentan en primer lugar en un LIDERAZGO FUERTE y un PROYECTO DE NACION ALTERNATIVO al neoliberalismo, seguido de la UNIDAD, al igual que la APERTURA y PLURALIDAD para buscar el apoyo de los sectores históricamente contrarios al proyecto de cambio por el miedo y la incertidumbre (CENTRALIDAD POLITICA). En conclusión, Andrés Manuel López Obrador es en la actualidad el primer líder que se posiciona claramente rumbo a la presidencia –por tercera vez- en una realidad social y ciudadana caracterizada por el atraso, la violencia, la pobreza y el desencanto. AMLO debe dicotomizar el panorama electoral y político sin generar zozobra ni radicalismo, y posicionarse indiscutiblemente como la alternativa democrática real vs el continuismo inhumano y fracasado del PRI-PAN para que en el 2018 el miedo cambie de bando.

* Andrés Gómez Polanco es estudiante de último año de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas (UDLA) Quito-Ecuador. asgomez@udlanet.ec