martes, 5 de mayo de 2015

¿Por qué están muriendo inmigrantes cruzando el Mediterráneo?




(Por Santiago Silva Jaramillo *) - El pasado 18 de abril unos 700 inmigrantes ilegales murieron ahogados cuando una embarcación que los transportaba desde Libia -en el norte de África- naufragó cerca a las costas italianas de la isla de Lampedusa. La tragedia ha puesto la lupa en la política europea de migración y en el incremento exponencial de los movimientos poblacionales ilegales desde finales de 2011, en la cúspide de la crisis política que afecta a países del Norte de África y Medio Oriente. De hecho, unos 39.000 migrantes fueron detenidos por las agencias migratorias europeas procedentes del Libia, Túnez y Egipto en 2014.


Inmigrantes llegan a la isla griega de Rhodes. Foto: Boston Globe

La migración ilegal descontrolada suele constituirse en un problema de doble vía. Por un lado, un país con problemas sociales, políticos o económicos que “expulsa” a su población y por el otro, un país con políticas migratorias restrictivas -pero atractivo en términos de calidad de vida- que no logra “recibir” a los migrantes efectivamente. Esto presenta dos frentes de la problemática para cualquier política migratoria responsable, cooperación para evitar el caos, la inestabilidad o la pobreza que expulsa a grandes cantidades de población, y control fronterizo con inclusión y ampliación de la legalización de los migrantes.

Ahora bien, el contexto europeo en este caso cuenta con algunas particularidades. Lo primero es una política migratoria que ha tenido importantes dificultades para proteger la vida de algunos de los migrantes -sobre todo en el Mediterráneo- y por el otro, ha sufrido grandes tropiezos en los esfuerzos por incluir a los nuevos pobladores en la comunidades a las que han llegado. Esto ha llevado a la configuración en barrios de inmigrantes y en algunos casos, de sentimientos de exclusión de parte de quienes llegan y quienes los reciben. En efecto, entre 1990 y 2010 el porcentaje de inmigrantes sobre la población total de Europa pasó del 6,9% al 9,5%.  El otro problema responde a tendencias más complejas, lentas, pero no menos importantes, como la demografía. Europa ha sufrido una desaceleración de su crecimiento poblacional en las últimas décadas y las prospectivas dan cuenta de un continente que empezará a encogerse, amenazando asuntos como el crecimiento económico, la carga pensional e incluso la defensa territorial. Ante la “escasez de europeos” futura, la migración podría suponer una alternativa para evitar la eventualidad demográfica.

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Pero la política suele ponerse de por medio. Primero, porque la migración suele provocar conflictos culturales entre “nativos” y “recién llegados”, choques que suelen aprovechar partidos de extremas para construir discursos políticos que atraigan la atención en tiempos de moderación generalizada en Europa. En efecto, movimientos políticos con plataformas anti-inmigrantes han logrado ganar más terreno en los últimos años en países como Francia, Hungría e Italia. Segundo, porque las políticas de multiculturalidad europeas e inclusión de migrantes no han logrado ser un éxito absoluto, dejando a importantes franjas de inmigrantes en “limbos sociales” en donde no se sienten europeos, pero tampoco descendientes del país de origen suyo o de sus padres.

El dilema europeo es evidente: estancamiento poblacional y cohesión cultural Vs. crecimiento poblacional y multicultalismo fallido.Resolverlos, sin embargo, no parece tan sencillo.

* Santiago Silva Jaramillo es Politólogo, analista y columnista colombiano. Twitter: @santiagosilvaj. Escribe regularmente en el sitio web realpolitikmundial.com