martes, 19 de mayo de 2015

El Feminismo en el mundo de hoy




(Por Andres Gomez Polanco *) -
La lucha histórica de las mujeres alrededor del mundo por la igualdad, justicia, dignidad, respeto, tolerancia, libertad, derechos, y la equidad de oportunidades ha sido una batalla infatigable, inclemente, a través de innumerables obstáculos y, casi siempre, cuesta arriba que miles de mujeres de diferentes latitudes, culturas, con diferentes idiomas, pero con un mismo ideal de igualdad y libertad, han sobrellevado en un mundo machista, jerárquico y patriarcal.


El acceso igualitario a la educación y al trabajo tanto del hombre como de la mujer, la descosificación de las mujeres como un objeto que tenía predeterminado su destino como ama de casa y esposa abnegada, la deslegitimación de la supremacía intelectual, ética y emocional del hombre, la desnaturalización del género femenino como un símbolo exclusivamente sexual (e inclusive pornográfico). El desmantelamiento de barreras mentales, materiales, legales, políticas e institucionales que subordinaban a la mujer a un papel secundario por su sola condición de género en la vida social, y la visibilización de la discriminación institucionalizada en una realidad social estructurada alrededor del machismo, el patriarcalismo y la subestimación de la mujer son ejemplos históricos de la lucha ejercida por un movimiento global sociopolítico denominado FEMINISMO.

Esta brega que se sustenta en principios y convicciones humanistas como la igualdad, la libertad, la dignidad y el respeto ha generado grandes transformaciones a lo largo de los años en favor de los derechos de las mujeres. En primer lugar, su humanización y revalorización como seres humanos iguales que los hombres con los mismos derechos y obligaciones, la viabilidad y reconocimiento de su desarrollo personal, profesional, ocupacional y educativo, su empoderamiento e involucramiento en espacios tradicionalmente ocupados exclusivamente por hombres como los negocios, las finanzas, la política, el Estado y los deportes. Igualmente, el feminismo ha logrado romper con el consenso dominante que categorizaba erróneamente a las mujeres como seres inferiores, subordinados, sumisos, obedientes, no deliberantes y esclavizados que tenían que soportar las órdenes, decisiones y, sobre todo, la violencia física y psicológica de sus padres, hermanos, novios o esposos. En este sentido el espíritu revolucionario del feminismo se ha centrado en su capacidad por romper y desbordar esquemas mentales y legales de discriminación, violencia, intolerancia, desigualdades y autoritarismos patriarcales al deslegitimarlos y, sobre todo, plantear una alternativa, un nuevo paradigma de libertad, dignidad y respeto desde, por y hacia la mujer. Pero fundamentalmente en pos de la igualdad entre hombres y mujeres como lo que en verdad somos: seres humanos con los mismos derechos en un mundo plural y heterogéneo, donde la diferencia no es la excepción sino la regla.

Por lo tanto, en términos personales Yo me declaro un ferviente y apasionado feminista, entendiendo a esta fuerza social, intelectual y política como un movimiento global reivindicativo que tiene como objetivo desmontar las estructuras patriarcales opresivas y machistas que subordinan los derechos de las mujeres, en pos de construir una sociedad global donde prime la igualdad y la dignidad de todos los seres humanos independientemente de su género. Por consiguiente, las posiciones radicales, fundamentalistas y fanatizadas que pretenden enarbolar las banderas históricas del feminismo, pero que utilizan el odio, el resentimiento, la venganza y la violencia con el falso y torpe propósito de construir una nueva hegemonía inequitativa, discriminatoria e intolerante donde la mujer pase de víctima a victimaria y de sufrir la opresión a ser opresoras contra los hombres, además de ser una posición anacrónica, es una posición ridícula que solo genera más intolerancia y más violencia.

En otras palabras, el falso feminismo que se sustenta en la criminalización histórica de la masculinidad, en la deslegitimación de un género por sus errores históricos, que evidentemente existieron, y por la supremacía de un género por sobre otro (en esta caso el femenino) lo único que hace es repetir la ideología estratificante y jerárquica que además de cavernaria, mina las bases sociales de la igualdad y la dignidad humana. Este feminismo fanatizado y enfermo de odio deslegitima al verdadero y legítimo feminismo que ha luchado y conseguido la reivindicación de las mujeres a través de la esperanza, la alegría, la dignidad, la igualdad y el reconocimiento de la reivindicación femenina no como una lucha contra el hombre sino contra el machismo patriarcal. Por ende, aunque suene contradictorio el principal aliado ideológico, político, institucional y cultural para la preeminencia del machismo es el feminismo fanatizado, debido a que los extremos opuestos se atraen y se complementan ya que comparten el odio, la desigualdad, la violencia y la jerarquización de las relaciones sociales.

Es por ello que, debemos diferenciar muy claramente en términos prácticos entre el feminismo reivindicativo y el feminismo fanatizado por ejemplo a través de temas conexos que tienen una gran trascendencia en la lucha actual por la igualdad de género como son: la despenalización del aborto, su legalización, la vigencia de los derechos de las mujeres en regiones cultural, religiosa y étnicamente diferentes a Occidente, como compaginar la dignidad de la mujer con la relatividad cultural y étnica sin que sea una imposición, el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y su vida, el consumismo de la globalización que genera estereotipos de belleza femeninos, la prostitución, la ablación y su congruencia con los derechos humanos y las culturas locales, los abortos selectivos en países como India donde la mujer es considerada todavía un ser inferior, entre otros temas.

Por lo cual, la diferenciación entre el feminismos legítimo y el feminismo fanatizado es una invitación al debate, a la tolerancia, al respeto hacia la diferencia y al diálogo que son los cimientos esenciales para la construcción de una sociedad global donde la dignidad humana sea un factor esencial en la convivencia pacífica de la humanidad. De esta manera, aquellas posiciones del feminismo fanatizado que categorizan inherentemente de manera superficial y superflua a aquellas personas que no están a favor del aborto, ni están en contra de que las mujeres musulmanas usen burka o que no proscriben todo concurso de belleza como personas reaccionarias, machistas, que están contra los derechos de las mujeres y en el mejor de los casos como falsos feministas son posiciones simplistas y torpes que no ayudan en la construcción de soluciones estructurales ante problemas y realidades complejas que requieren del diálogo y del debate profundo y abierto, y no solo de posiciones maniqueas y polarizantes. Este fundamentalismo del feminismo fanatizado que deslegitima a aquellos que no están a favor del aborto, como si el aborto y los derechos de las mujeres fueran un axioma relacional absoluto (lo cual es discutible), es igual de dañino, prejudicial, vacío y enfermizo que aquellas posiciones ultra-conservadoras e hipócritas que consideran consustancialmente un crimen y un pecado social al aborto; ante lo cual no hay discusión ni argumento válido posible y, por consiguiente, la discusión del tema es prohibida y el problema ocultado y negado. Por lo tanto, ambos fundamentalismos impiden el debate, la discusión ordenada y pacífica, la generación de ideas, el entendimiento de posiciones diferentes, el respeto a los otros, la tolerancia y, por ende, la construcción de soluciones complejas, multidimensionales y difíciles en pos de la construcción de un mundo con más dignidad, libertad y justicia tanto para hombres como para mujeres.

Finalmente, yo me considero, como ya lo esgrimí, un feminista debido a que a mi parecer el feminismo legítimo además de reivindicar los derechos de las mujeres, construir igualdad y dignidad, desmantelar paradigmas obsoletos y posicionar la interdependencia y complementariedad entre hombres y mujeres, ha permitido la libertad, tolerancia, apertura, rebeldía, irreverencia y capacidad de diálogo para poner sobre la mesa, debatir y solucionar problemas y realidades sociales tan complejas como el aborto en pos de la dignad humana sin ningún tipo de censura, miedo, atavismo mental o fundamentalismo.

* Andrés Gómez Polanco es estudiante de último año de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas (UDLA) Quito-Ecuador. asgomez@udlanet.ec