martes, 7 de abril de 2015

Análisis: situación económica y política en Venezuela



(Por Andrés Gómez Polanco *) - Las ideologías, el fanatismo político, los fundamentalismos y las posiciones políticas polarizadoras e irreconciliables no aportan ninguna solución fundamental ni radical a los problemas de seguridad, sociales, económicos, políticos e institucionales por lo que atraviesa, de manera lamentable, los ciudadanos de la hermana República Bolivariana de Venezuela.

Estos problemas estructurales minan la calidad de vida del pueblo venezolano, acrecentan la inestabilidad política del país, imposibilitan la capacidad productiva de la nación llanera. Además mantienen el statu quo de corrupción e ineficacia estatal, profundizan la violencia y la inseguridad, e impiden la superación de la pobreza y las desigualdades. Por consiguiente, se requiere ineludiblemente de un mínimo acuerdo político de unidad nacional entre la oposición política y el gobierno liderado por el Presidente Nicolás Maduro. En pos de objetivos concretos que viabilicen la legitimidad política de las autoridades del Estado, una mínima estabilidad política y económica y una cohesión social para llevar a cabo las grandes transformaciones que este país necesita.

Para tal empresa tanto el gobierno chavista como la oposición deben poner a un lado sus intereses políticos inmediatos, personales y particulares en función de los intereses supremos de la patria. Sin embargo, tal escenario legitimado por el sentido común y responsabilidad ante la debacle nacional es imposibilitado por los odios estériles, las pasiones políticas irracionales, el revanchismo, la venganza política y la violencia antagónica; como únicos medios de interacción política que priman en la realidad social venezolana.

El chavismo y la oposición si mantienen los ataques, la polarización y siguen concibiendo a la política como una guerra hasta la muerte, donde el enemigo tiene que ser destruido serán los principales responsables de la tragedia nacional que ahondará, aún más, la crisis en Venezuela. Pero la solución negociada y consensual, en contraposición a la confrontación permanente, requiere para su implementación de la clarificación de los problemas, que cada quien asuma sus responsabilidades y el posicionamiento de objetivos concretos en pos de construir una unidad eficaz para los venezolanos.

Por lo tanto, la narrativa política del chavismo encabezada por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello (Presidente de la Asamblea Nacional) se sustenta en concebir a la oposición política –integrada mayoritariamente en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD)- como una fuerza política apátrida, ilegítima, golpista, desestabilizadora, conspiradora y pro-imperialista. Igualmente, a través de la cooptación y politización de la institucionalidad democrática (justicia, fiscalía, ejército, policía, entre otras instancias) el chavismo persigue, atosiga, proscribe y deshumaniza a líderes políticos como Leopoldo López y el Alcalde de Caracas Antonio Ledesma, quienes están presos por delitos políticos. Esta dinámica política guerrerista cierra todas las puertas para un gran acuerdo nacional de puntos mínimos en pos de la reconstrucción de Venezuela, debido a que para el oficialismo la oposición simplemente no es un interlocutor legítimo, solo debe ser destruida y aniquilada.

Siguiendo con la misma lógica, la MUD tiene que entender que el chavismo como fenómeno político tuvo y tiene, aunque cada vez menos, una fuerza democratizadora; ya que irrumpió en un sistema político y económico excluyente que redistribuía miseria entre la población, mientras reducidas elites económicas y partidistas ( COPEI y AD) monopolizaban la riqueza petrolera. Por ende, Hugo Chávez brindó dignidad a los humillados y excluidos, redistribuyó a través de programas sociales la renta petrolera –más allá de su eficacia- y, sobre todo, integró e incluyó a los pobres que habían sido sistemáticamente invisibilizados, excluidos y marginados.

En otras palabras, la oposición política venezolana tiene que descartar como una solución para la actual crisis política y social del país el regreso al pasado “democrático e institucional” como la solución viable para Venezuela. Ya que un regreso a ese pasado de humillaciones, pobreza y marginalidad sería tan desastroso como la actual situación de carestía, autoritarismo y desesperanza. Es por ello que un acuerdo nacional requiere del reconocimiento de cada actor político como un interlocutor legítimo insustituible para solucionar los problemas del país.

Además existe una profunda crisis de liderazgo en el oficialismo desde la muerte de Chávez porque ni Maduro ni Cabello poseen la capacidad política, ni la legitimidad, el carisma ni la credibilidad del ex Presidente, para convencer, articular y movilizar dentro del PSUV hacia un acuerdo nacional con la oposición. Por el lado de la MUD, el liderazgo político de Henrique Capriles es incuestionable dado el caudal electoral obtenido en la última elección presidencial 49,07%, el problema radica en la existencia de liderazgos secundarios –María Corina Machado y Leopoldo López- que conciben el cambio político como un fenómeno inmediato, sin negociación legítima, y a través de la presión popular en las calles. Lo cual dificulta inmensamente la articulación de la oposición en búsqueda de un consenso nacional con el oficialismo.

El chavismo como proyecto político, económico, social e institucional fracasó –al igual que la democracia pactada del Puntofijo con su irrupción- por lo cual hay dos caminos para resolver los problemas de los venezolanos: (1) Seguir con la lógica absurda de la política concebida como guerra, que solo prolongará y profundizará la violencia, la pobreza y las mafias en el poder, o (2) el establecimiento de un acuerdo mínimo para resolver los problemas estructurales de la nación.

Este acuerdo de unidad nacional no significa la repartición del poder entre la MUD y el chavismo, ni el establecimiento de un gobierno de conciliación nacional, ni la configuración de un sistema político de alternancia pactada. Sino el consenso en objetivos concretos y mínimos entre las partes para brindar estabilidad, paz social e institucionalidad en pos de reconstruir a Venezuela ante los problemas de escasez, inseguridad y pobreza que carcomen a la cuna de Bolívar días tras día.

Una vez establecido este acuerdo nacional, si los actores políticos tienen la suficiente inteligencia, responsabilidad y verdadero sentido patrio. Tanto el chavismo como la oposición podrán enfrentarse electoralmente para dirimir sus proyectos de país mediante el ejercicio soberano y democrático del pueblo, a través de instituciones independientes que certifiquen y procesen los resultados electorales. Pero esta lucha política democrática se deberá enmarcar en los acuerdos mínimos suscritos entre la oposición y el chavismo. En pos de la consecución de la paz social, la convivencia armónica en la pluralidad, del reconocimiento del otro como interlocutor legítimo y, sobre todo, para solucionar los problemas estructurales del país llanero con un espíritu de unidad nacional.

* Andrés Gómez Polanco es estudiante de último año de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas (UDLA) Quito-Ecuador. asgomez@udlanet.ec