jueves, 8 de enero de 2015

Análisis: Nueva etapa en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba



Estados Unidos y Cuba: ¿Un Nuevo comienzo o un replanteamiento estratégico?

(Por Andrés Gómez Polanco *) - El último anacronismo histórico del periodo geopolítico bipolar conocido como la Guerra Fría parece estar llegando a su fin con el restablecimiento de relaciones diplomáticas anunciado tanto por el Presidente Barack Obama como por Raúl Castro después de aproximadamente 50 años de rivalidad, hostigamiento y confrontación. Este inesperado acontecimiento geopolítico se configuró a través de negociaciones secretas, estratégicas y milimétricas llevadas a cabo por altos representantes de la diplomacia estadounidense y cubana con la intermediación del gobierno de Canadá y del Papa Francisco.

Los acuerdos logrados en esta negociación se pueden resumir en 5 pilares fundamentales que son: (1) Compromiso humanitario para el intercambio de espías encarcelados tanto norteamericanos como cubanos. (2) La reconstrucción de las relaciones diplomáticas y políticas al más alto nivel y la apertura de embajadas en ambos territorios nacionales. (3) Retirar a Cuba de la lista de Estados que auspician el terrorismo internacional. (4) Flexibilidad en la implantación del embargo económico-comercial hacia Cuba por medio de la autorización de la inversión estadounidense en la isla, la permisibilidad de viajes de turistas norteamericanos, el incremento del comercio bilateral, la materialización de instrumentos financieros en la isla (tarjetas de crédito), desarrollo de telecomunicaciones, entre otros. (5) Profundizar la cooperación en temas como migración, seguridad, combate a pandemias, entre otros. 


Sin lugar a dudas, la reconfiguración de las relaciones políticas entre Estados Unidos y Cuba significa la aceptación explicita del fracaso de la estrategia norteamericana de aislamiento, bloqueo, intentos de asesinato (a Fidel Castro), sabotajes, promoción de invasiones (Bahía de Cochinos) y hostilidad diplomática. Igualmente, este hecho histórico es el reconocimiento a la  dignidad cubana al enfrentar y resistir a la potencia más poderosa de la historia de la humanidad. Pero no es una victoria completa del modelo cubano que más allá de sus logros innegables en aspectos sociales, de equidad y salud; y sus cuestionamientos en eficiencia económica, respeto a los derechos humanos y vigencia de los valores democráticos, necesita imprescindiblemente de una reestructuración de su modelo para sobrevivir y para ello la normalización de relaciones con USA es impostergable. Además se debe resaltar la importancia de la presión de los países latinoamericanos y el aumento del peso geopolítico y geoeconómico de la región y sus organismos de integración CELAC, UNASUR y MERCOSUR; los cuales influenciaron la decisión norteamericana de manera sistemática por ejemplo a través de la deslegitimación de la OEA y la no asistencia de varios países a las Cumbres Interamericanas ante la ausencia de Cuba.

Por otra parte, este replanteamiento de la política exterior liderada por la valentía y audacia del Presidente Obama es una clara muestra de la estrategia reformista del nobel de la paz ante problemas de política interna y externa estadounidense que estaban sujetos al estancamiento, negación y postración como es la reforma migratoria, la cuestión ambiental y la negociación nuclear con Irán. Sin embargo, no se debe de entender el cambio de estrategia norteamericano hacia Cuba como un renunciamiento implícito de Obama hacia la “democratización” de la isla y la aceptación absoluta de un régimen comunista a 90 millas de su territorio más allá de que este hecho hace muchos años que no representa ninguna amenaza para Estado Unidos.

Por ende, no se debe de pecar de ingenuidad ante este acontecimiento, indudablemente histórico y coadyuvante para la paz mundial, debido a que USA ha reemplazado la ineficaz estrategia de la represión y aislamiento hacia una centrada en “engagement”. La cual conserva los mismos objetivos (caída del régimen comunista-castrista, democratización político-liberal de la isla y su apertura económica) pero se cambian los mecanismos, instrumentos y procedimientos sustentados en generar dependencia económico-comercial, invasión de capitales financieros y empresas multinacionales, inserción de Cuba hacia el capitalismo y la globalización, la masificación y bombardeo de fuentes de información pro-estadounidense. Además del  fortalecimiento de la sociedad cubana en términos económicos para que el aparecimiento de una clase media pujante, crítica y no dependiente del Estado viabilice a mediano y largo plazo el cambio político de una sociedad cansada de las limitaciones, la pobreza y el atraso. En compaginación, Estados Unidos al normalizar sus relaciones políticas, diplomáticas y sobre todo comerciales obtendría ganancias económicas ya que sus empresas se anticiparían a la llegada de los capitales europeos al no concretarse todavía las negociaciones entre Cuba y la  UE, además de consolidar con la isla la misma estrategia comercial que se tiene con regímenes comunistas como Vietnam y China, sin renunciar a sus “principios políticos”. También esta nueva estrategia de “engagement” evitaría la radicalización de Cuba ante el bloqueo, la amenaza, y la hostilidad norteamericana y su posible posicionamiento como enemigo con el que no se negocia, es decir evitaría la configuración de un nuevo Irán o Corea del norte, donde la histórica hostilidad tampoco ha funcionado.     

Por otro lado, Cuba necesita irrenunciablemente del fin completo del embargo inhumano y criminal para la eficiencia de su reestructuración económica y productiva, por ende su principal objetivo a corto plazo debe ser el fortalecimiento de las negociaciones con USA; debido a que las medidas tomadas por Obama no significan el fin del bloqueo ilegítimo, este depende de la aprobación del Senado para su absoluto desmantelamiento. De la misma manera, el régimen cubano requiere o bien de la consolidación y profundización de su modelo político-institucional o la construcción de una transición o reestructuración ordenada, estable y pacífica liderada por los propios cubanos en ejercicio de su soberanía y autodeterminación ante dos hechos incontrastables: Por un lado ante la presión ciudadana deseosa de reformas económicas, sociales y políticas que les permitan desarrollarse y por otro lado la terminación en el corto plazo del liderazgo caudillista liderado por Fidel y Raúl que no tiene comparación alguna en términos de autoridad y legitimidad dentro de la Revolución. Así como Cuba debe manejar inteligente y estratégicamente su régimen político, igualmente debe de articular una estrategia integral en términos económicos, productivos, comerciales y financieros centrados en la diversificación de inversiones, mercados, exportaciones e importaciones, especialmente con América Latina, China y la Unión Europea para evitar la excesiva dependencia a la economía estadounidense que se puede configurar en el futuro.    

En conclusión, el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre dos enemigos de la extinta Guerra Fría es un evento histórico en beneficio de la paz y la seguridad internacionales, así como el primer paso para el desmantelamiento de un embargo absurdo e inhumano. Sin embargo, este hecho más que un nuevo comienzo significa la reestructuración de estrategias por parte de Estados Unidos en pos de la consecución de sus objetivos con respecto a Cuba, lo cual debe enmarcarse en el respeto a dos principios esenciales: el reconocimiento de la coexistencia pacífica a pesar de las diferencias ideológicas y el derecho inalienable a la autodeterminación del pueblo cubano en la construcción de su porvenir.

* Andrés Gómez Polanco es estudiante de último año de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas (UDLA) Quito-Ecuador. asgomez@udlanet.ec