jueves, 20 de noviembre de 2014

México: entre el desmoronamiento y la refundación



(Por Andrés Gómez Polanco *) - Durante los últimos días el mundo entero y especialmente la sociedad mexicana han presenciado de manera escandalizada la desaparición y posible asesinato de más de 43 jóvenes normalistas de la ciudad de Ayotzinapa a causa principalmente de la vorágine de violencia por la guerra contra el narcotráfico que asola el país desde hace el año 2006, la cual ha dejado un saldo de más de 136 mil muertos. Este resquebrajamiento del tejido social que asola al país azteca debido a las masacres, los asesinatos selectivos, las desapariciones, los secuestros, las torturas, las fosas comunes, las guerras entre carteles, el terrorismo de Estado, las autodefensas, y las diversas vulneraciones a los derechos humanos de una sociedad desprotegida y pasiva llegaron a su punto máximo de indignación por la desaparición de 43 jóvenes que iban a dedicar su vida a servir a los niños y niñas por medio de la enseñanza.

Este lamentable drama humanitario es el fiel reflejo de la realidad que subsume en una ola de crimen, sangre, dolor, complicidad e impunidad a la sociedad mexicana, lo cual tiene su génesis en la pasividad histórica del Estado mexicano y sus instituciones para enfrentar al crimen organizado especialmente el relacionado al narcotráfico y la trata de blancas. Esta debilidad institucional se debe a que el crimen organizado transnacional ha secuestrado y cooptado a las instituciones federales, estatales y locales a lo largo del territorio nacional bien sea a través de la corrupción, el lavado de dinero, la compra de conciencias o la fuerza. De esta manera las instituciones democráticas como las policías locales y estatales, alcaldes, gobernadores, fiscalía, procuraduría, el sistema judicial (donde existe un 98% de impunidad) e inclusive la clase política (PRI, PAN, PRD) que deberían estar al servicio de la ciudadanía para configurar una sociedad donde reine la paz, la seguridad y la justicia se han convertido en cómplices y encubridores del crimen organizado instaurando un régimen mafioso que lleva a la nación azteca a ser un serio candidato para ser un Estado fallido.

Sin duda alguna para revertir esta situación a corto plazo el Estado mexicano debe reconfigurar su sistema judicial de manera integral así como las demás instituciones de justicia y control ciudadano tanto a nivel local, estatal como federal (procuradurías, policías, fiscalías, etc.) porque mientras las mafias del narcotráfico sigan incrustadas en la institucionalidad democrática la pacificación del país será una quimera imposible de efectivizar. En segundo lugar, se requiere que el Estado mexicano recupere el monopolio del uso de la fuerza legítima, la presencia institucional y el control sobre la integralidad del territorio nacional, ya que existen vastas zonas del país, especialmente aquellas fronterizas con los Estados Unidos, donde los carteles de la droga son ley e implantan su orden criminal en las comunidades.  

Evidentemente el fuego no se apaga con fuego, la violencia no se derrota única y exclusivamente con violencia –así lo demuestra el fracaso de la estrategia militar empleada por el ex Presidente Felipe Calderón- debido a que la reconstrucción de la confianza ciudadana hacia el  Estado y la clase política, la generación de oportunidades para los jóvenes, la superación de la pobreza y la marginalidad social y la reducción de las desigualdades requiere de un cambio político pacífico, democrático e incluyente. Dicha transformación debe democratizar la económica mexicana sumamente excluyente e ineficiente, refundar el sistema político altamente jerárquico y corrupto, y sobre todo la democratización de las oportunidades para todos, ya que la existencia de más de 50 millones de pobres es en sí mismo una apología de la violencia cotidiana.

Finalmente, México se encuentra en una encrucijada histórica debido a que la violencia, la corrupción y la injusticia han creado las condiciones para que el crimen organizado asole con la muerte y el miedo la vida de millones mexicanos inocentes, por lo cual o bien se profundiza el drama humanitario (y con ello la inestabilidad política y la depresión económica) por la inacción y la pasividad del gobierno de Enrique Peña Nieto, o se entiende que se necesita una refundación democrática que transforme estructuralmente el país, dado que la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia.

* Andrés Gómez Polanco es estudiante de último año de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas (UDLA) Quito-Ecuador. asgomez@udlanet.ec