lunes, 20 de octubre de 2014

China: un país, ¿dos sistemas?



(Por Andrés Gómez Polanco *) - El gigante asiático caracterizado por su extraordinario crecimiento económico, por su incremento sistemático en su poder relativo en la geopolítica mundial en términos tecnológicos, militares, diplomáticos, de soft power, políticos y productivos, los cuales en los últimos 30 años han generado su resurgimiento y posicionamiento sin precedentes en el Sistema Internacional. Se encuentra en una encrucijada que pone en jaque su sistema político y económico de éxito caracterizado por la apertura económica estratégica de un capitalismo estatal-desarrollista y la consolidación de un sistema político autoritario, jerárquico y excluyente monopolizado por el Partido Comunista Chino, debido a la oposición de las fuerzas democráticas de Hong Kong encabezadas por las multitudinarias protestas de jóvenes estudiantes que claman por mantener sus prerrogativas democráticas.

En el pasado, específicamente en las protestas estudiantiles de Tiananmen, el poder político chino ha optado por enfrentar las olas democratizadoras y las fuerzas secesionistas (Tíbet, minorías islámicas) a través del uso indiscriminado de la fuerza militar como mecanismo de represión, encarcelamiento y destrucción con el objetivo superior de conservar su sistema político unilateral y homogéneo. Sin embargo, en la dinámica geopolítica contemporánea contextualizada por la interdependencia creciente y compleja, la visibilización de China como potencia que disputa el poder a la hegemonía estadounidense y la masificación de la democracia y los derechos humanos como “principios universales”, el uso de la fuerza represiva como mecanismo de contención a las fuerzas democráticas internas podría generar demasiados costos geopolíticos, económicos y diplomáticos al régimen chino, esta es la principal razón por la cual las protestas en Hong Kong no han sido aplastadas como lo fueron aquellas encabezadas por los jóvenes en la Plaza de Tiananmen en 1989.

Es por ello que la forma en que se resuelva esta disputa, bien sea en términos pacíficos de negociación o violentos, determinará el ocaso, la reestructuración o la funcionalidad de China como un país con dos sistemas. Evidentemente, la instrumentalización del libre mercado, la reestructuración económica y la apertura comercial, además de las consecuencias positivas en términos de crecimiento del PIB, han generado la apertura de espacios democráticos hacia la sociedad civil para repensar el sistema político vigente, pero tal fuerza democratizadora es consustancialmente una amenaza para la sostenibilidad del “milagro económico” debido a que este descansa en la acción sin límites del Estado para delinear el proceso de desarrollo en función de los intereses nacionales de manera autoritaria. Por consiguiente, el dilema chino se enmarca en la configuración de un nuevo pacto social y político que viabilice la eficacia política para sostener el crecimiento económico y a la vez permita la estabilidad e incorporación ordenada de fuerzas democráticas cada vez más crecientes en las regiones autónomas como Hong Kong y Macao, así como de los millones de chinos que se incorporan sistemáticamente a la clase media.

Finalmente, el Partido Comunista Chino para su sobrevivencia política y su permanencia indiscutida en el poder a mediano y largo plazo necesita implementar de manera estratégica mecanismos institucionales y legales de participación política y resolución de conflictos de manera pacífica sin perder el monopolio de poder existente. Tal desafío irremediablemente requiere de una reconfiguración del entendimiento de la oposición y la democracia en China, así sea de manera limitada, instrumental o procedimental. Caso contrario la pasividad o la respuesta violenta hacia las fuerzas democratizadoras terminará por agotar y desestabilizar, sino lo está ya, la perdurabilidad de un país con dos sistemas, por lo cual es necesaria que China se reinvente y recuerde la famosa frase de Deng Xiaoping “No importa de qué color sea el gato, sino que case ratones”. 

* Andrés Gómez Polanco es estudiante de último año de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas (UDLA) Quito-Ecuador. asgomez@udlanet.ec