lunes, 13 de octubre de 2014

Brasil: ¿Entre Rousseff y Neves?



(Por Andrés Gómez Polanco *) - La primera vuelta en las elecciones presidenciales brasileñas demostraron que la supuesta monopolización, polarización, maniqueísmo y reduccionismo de la elección entre la Presidenta Dilma Rousseff del PT, que consiguió 41,59%, y Marina Silva del PS, que consiguió 21,32%, era una total falsa debido a que el candidato del PSDB Aecio Neves de manera silenciosa pero inesperada pasó a la segunda vuelta al conseguir el 33,66% de los votos. Por ende, el panorama para la segunda vuelta electoral a realizarse el próximo 26 de Octubre es de total incertidumbre, donde la única certeza es que los más de 142 millones de brasileños acreditados para votar elegirán o reelegirán a un presidente con una diferencia mínima; más aún después del anuncio de Marina Silva de apoyar al candidato de la Socialdemocracia brasileña. 

Sin embargo, las opciones en el ballotage entre Rousseff y Neves al contrario de lo que muchos analistas y ciudadanos consideran no representan dos visiones o proyectos de país diametralmente diferentes en términos políticos, económicos, sociales, comerciales e inclusive internacionales más allá de pequeñas particularidades y especificidades de cada candidato y sus partidos. Es decir el próximo 26 de Octubre los brasileños votarán por la continuidad de un liderazgo o su total renovación, por la permanencia de políticas públicas determinadas o por la reestructuración de las ya establecidas, pero en ningún momento se votará por dos opciones que sean incompatibles o antagónicas en su perspectiva de país; debido a que la democracia brasileña en los últimos 25 años ha configurado más allá de transiciones de poder de manera pacífica y ordenada, un régimen político-institucional donde los principales actores políticos respetan e impulsan principios mínimos de estabilidad, gobernabilidad y desarrollo como son: el crecimiento económico, la cohesión social y redistribución de la riqueza, la consolidación del sistema democrático y el posicionamiento multidimensional de Brasil como potencia en el Sistema Internacional, más allá de los mecanismos heterogéneos que se empleen para su consecución.

Por consiguiente, si Dilma Rousseff es reelegida o Aecio Neves es designado por el pueblo como el nuevo Presidente de los brasileños sus grandes retos y las respuestas estructurales que estos requieren a grandes rasgos serán denominadores comunes como por ejemplo: (1) Se requiere reactivar la economía nacional para salir de la recesión y el exiguo crecimiento económico mediante la consolidación del mercado de consumo interno, las industrias locales, la inversión extranjera y la innovación de nuevos sectores de la economía ligados a la tecnología. (2) El combate a la corrupción, especialmente la relacionada a PETROBRAS, es una de las principales demandas de la ciudadanía lo cual requiere reformas legales e institucionales para transparentar los procesos políticos y de administración pública a través de la participación ciudadana activa. (3) Igualmente es necesaria una reforma política que viabilice la renovación, fiscalización, accountability, transparencia y ciudadanización del sistema político brasileño debido a la presión ciudadana por sus características elitistas, jerárquicas y sumamente excluyentes. (4) Se requiere la edificación, consolidación y mejoramiento de los servicios públicos tanto a nivel local, estatal y federal no solo para su democratización sino en su calidad y eficiencia que es una exigencia de la nueva clase media pujante y dinámica. (5) Es imprescindible la construcción de una nueva estrategia sistémica para consolidar y acrecentar el liderazgo regional y mundial de Brasil a través de UNASUR, CELAC o como free rider.

Finalmente, es importante destacar que la próxima elección presidencial brasileña es trascendental tanto para el destino de esta potencia emergente como para la dinámica regional latinoamericana, pero no se trata de un ballotage entre dos visiones de país estructuralmente opuestas donde se pone en juego decisiones estratégicas del gigante sudamericano, sino de la consolidación de una dinámica política de consensos mínimos en el contexto de una democracia en proceso de institucionalización donde a pesar de las diferencias ideológicas, partidarias y políticas se respetan las políticas de estado por los objetivos superiores del país. Es por ello que no se trata de una elección entre Lula y Fernando Enrique Cardoso, entre la visión socialdemócrata vs la visión neoliberal, entre el crecimiento económico ortodoxo y la redistribución de la riqueza, ni de los pobres y clase media vs los ricos y los empresarios; sino de una elección en la que las necesidades y los retos del país así como el consenso político no escrito que le ha proporcionado progreso y justicia requiere tanto de la visión Lula como de la visión Cardoso, en otras palabras independientemente del presidente Brasil deberá seguir el camino del crecimiento con justicia social.

* Andrés Gómez Polanco es estudiante de último año de la carrera de Ciencias Políticas y  Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas (UDLA) Quito-Ecuador. asgomez@udlanet.ec