viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Cómo detener al Estado Islámico?



"Soldado" del Estado Islámico
(Por Andrés Gómez Polanco *) - Una nueva amenaza ha emergido para la estabilidad política en el Medio Oriente, la seguridad internacional y la paz mundial, la cual se ha caracterizado por su fanatismo religioso extremo, por su violencia sistemática, por sus prácticas, estrategias y métodos crueles e inhumanos para combatir militarmente, y por su gran capacidad administrativa, logística, operativa, organizacional y comunicativa. En otras palabras, una amenaza que trasciende y supera las actividades y el poder de grupos terroristas como Al Qaeda al estar estructurada como una fuerza militar regular que captura territorios, reemplaza al Estado e instaura su orden social fundamentalista, tiene la capacidad de defender militarmente sus conquistas y lo más preocupante de todo posee un ideario político-religioso que seduce a miles de jóvenes en la región y fuera de ella, esta amenaza es ISIS o también conocida como el Estado Islámico que en menos de 6 meses ha logrado capturar, controlar y defender vastos territorios nacionales tanto de Siria como de Irak en su afán por establecer un Califato islámico.

El Estado Islámico (EI) tiene su origen tanto ideológico, político como militar en el contexto de la emanación de cientos de grupos militares islámicos cobijados bajo la dirección descentralizada de Al Qaeda como instrumentos de resistencia ante la ocupación militar por parte de Estados Unidos y sus aliados después del 9/11 en su cruzada mundial contra el terror tanto en Afganistán como en Irak. Dichos grupos terroristas ligados a Al Qaeda que después de más de 13 años de ser sistemáticamente atacada, debilitada y acorralada han evolucionado militar y políticamente hasta el punto de desligarse del grupo terrorista internacional fundado por el abatido Osama Bin  Laden; en su mayoría se han fortalecido, agrupado y organizado bajo la figura del EI con un ideario renovado, atractivo y dinámico que ya no es la simple resistencia, contención y la funcionalidad del terror contra Occidente; sino que consiste en el restablecimiento de un gran califato islámico en el  Medio Oriente cuyo orden social gire alrededor del Islam y la sharia como leyes supremas de conducta. Para la consecución de tal objetivo el EI ha empleado los métodos más sanguinarios, brutales y despiadados como son el exterminio en masa, la tortura, la decapitación, crucifixión, el desplazamiento forzado, la lapidación, el secuestro, la extorsión y el asesinato de miles de niños, niñas, mujeres, ancianos y demás población civil inocente que se encuentran en la más absoluta  indefensión.

Por consiguiente, más allá de que la existencia de este tipo de grupos terroristas y la inestabilidad geopolítica de la región, estos son los resultados más claros y palpables del fracaso de la intervención y la política exterior de Estados Unidos y sus aliados hacia el Oriente Medio no solo por no conseguir estabilizar la región y terminar con el terrorismo sino por empeorar estos factores y además coadyuvar en el establecimiento de Estados fallidos como Irak, Siria y Libia. Por ende, la estrategia para detener la consolidación, expansión y fortalecimiento del EI y su mentalidad sanguinaria y genocida radica en dos dimensiones, la primera a corto plazo que debe enfocarse en una táctica militar eficaz para derrotar al EI, recuperar los territorios en su poder, y fortalecer la presencia y el monopolio del uso de la fuerza estatal en la integralidad territorial tanto en Irak como en Siria. Y la segunda dimensión debe ser necesariamente estructural para construir una solución a largo plazo que logre estabilizar el Oriente Medio a través de reformas profundas para la democratización política, económica, social, cultural, étnica y territorial de esta región, respetando la relatividad cultural de su población, en pos de empoderar de manera ordenada a la sociedad civil para que sea esta la protagonista en la construcción de su propio destino por primera vez en su historia, ya que el actual orden sociopolítico fue impuesto por las potencias occidentales después de la I Guerra Mundial y mantenido por dictadores y autócratas; lo cual es insostenible e ilegítimo. 

La estrategia militar inmediata para detener al EI debe estar liderada por una coalición internacional donde los países árabes y musulmanes como Jordania, Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Turquía, el pueblo Kurdo, Líbano y Egipto dejen a un lado sus diferencias e intereses geopolíticos y sean los principales actores en el combate militar contra el EI, acompañados decididamente por Occidente en términos de financiamiento, logística militar, organización, inteligencia y respaldo aéreo y marítimo dentro del marco de la legalidad y legitimidad internacional para el uso de la fuerza en pos de la seguridad mundial que se podría obtener mediante una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta estrategia militar indudablemente para su implementación eficaz requiere de la participación activa, decidida y transparente de Irak y Siria que son los Estados que están siendo afectados directamente, por tanto la Comunidad Internacional debe condicionar su ayuda militar, política, económica y diplomática a estos dos países bajo condiciones claras y específicas que deberían ser: (1) En el caso de Irak debe establecerse un gobierno de unidad nacional que destierre los sectarismos étnicos y religiosos que sea ampliamente participativo e incluyente donde puedan coexistir pacíficamente sunitas, chiíes y kurdos. (2) En el caso de Siria debido a la guerra civil que ha sufrido este país durante más de dos años y la anarquía imperante ha sido terreno fértil para que el EI tome a este país como base de operaciones para su expansión por lo que una solución militar sin incluir a Siria está destinada al fracaso. Sin embargo, tal colaboración no debe de ninguna manera legitimar ni legalizar la brutalidad, los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad que el Régimen de Bashar Al Assad ha sido responsable; por ende este autócrata debe comprometerse por lo menos con la posibilidad de la realización de negociaciones de paz con la oposición siria moderada para buscar la paz y la reconciliación nacional.

En cuanto a la solución estructural del conflicto esta radica en la democratización multidimensional e integral de la región pero a través del empoderamiento de la sociedad civil con su idiosincrasia, tradiciones, cultural y religión, mas no una democratización impuesta a través de las armas y la muerte; este proceso de democratización permitirá transformar las condiciones políticas de autoritarismo, violencia y restricción de derechos, generar igualdad de oportunidades en el campo social que viabilice la reducción de la pobreza y la inequidad y sobre todo la reconciliación entre las diversas etnias y posturas religiosas para que puedan coexistir pacíficamente dentro de los Estados actualmente existentes mediante procesos de inclusión, autonomía, descentralización y participación; o en caso de ser necesario una reconfiguración estratégica de las fronteras en la región o la creación de nuevos Estados. Caso contrario mientras en el Oriente Medio siga predominando la violencia política, las dictaduras, la exclusión de las minorías, la pobreza, la marginalización, la inequidad y los fundamentalismos habrá terreno fértil para que grupos terroristas-extremistas aparezcan continuamente. Por lo cual esta transformación estructural en la región como un todo y en los países que la conforman debe ser protagonizada por sus sociedades, únicamente con el acompañamiento de la comunidad internacional, a través de la configuración de acuerdos y consensos mínimos de convivencia que permitan la conjugación entre la vigencia del islam y el respeto por las minorías dentro de una unidad política.

Finalmente, apelar a una solución militar para detener las atrocidades del EI no es una apología al intervencionismo armado ni al neocolonialismo que han sido los grandes responsables de la situación actual, sino es simplemente una decisión estratégica necesaria que además de detener el terrorismo institucionalizado será verdaderamente exitosa si permite generar las condiciones objetivas de paz y estabilidad para que la región ingrese en un proceso de reestructuración y democratización progresiva y gradual; que es inapelablemente el camino imprescindible para construir una verdadera paz con tolerancia, justicia social y libertad.   

* Andrés Gómez Polanco es estudiante de último año de la carrera de Ciencias Políticas y  Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas (UDLA) Quito-Ecuador. asgomez@udlanet.ec