martes, 26 de agosto de 2014

El Caso Palestino: ¿Muerte o Acuerdo Negociado?



(Por Andrés Gómez Polanco *) - El conflicto histórico entre palestinos e israelíes se ha recrudecido durante las últimas semanas debido al secuestro y posterior asesinato de 3 jóvenes israelíes por supuestos grupos extremistas palestinos, lo cual ha desatado una respuesta militar por parte del Estado hebreo que ha significado un castigo colectivo de bombardeos constantes sobre la Franja de Gaza que ha dejado hasta el momento más de 1000 muertos palestinos y más de 60 israelíes, 70% de los cuales son civiles, en contraposición Hamas ha desplegado un sistemático ataque a través de misiles sobre el 60% del territorio israelí. Sin lugar a dudas esta escalada en el conflicto armado, después del cese al fuego pactado en el 2012 y las posteriores negociaciones en Ginebra que finalmente fracasaron, representa una consecuencia política del bloqueo permanente en las negociaciones palestino-israelíes en pos de un acuerdo negociado integral que aborde los temas estructurales del conflicto y establezca una paz definitiva, es decir sin una solución política bilateral la guerra y la muerte de inocentes de ambos lados será una realidad incontrovertible.

Es imprescindible conocer las raíces del conflicto palestino-hebreo, ya que las condiciones mínimas para la consecución de un acuerdo de paz estructural reposan en los acuerdos sobre temas que además de tener antecedentes históricos definidos, son sensibles para las partes. En primer lugar, después de que en 1948 la ONU estableciera la partición del territorio de Palestina en 2 Estados uno Árabe y otro Judío la preocupación política estratégica de Israel ha sido su seguridad al estar rodeado de países árabes (Siria, Egipto, Jordania, Irak, entre otros) que no reconocían su derecho a existir y con los cuales ha tenido sucesivas guerras. En segundo lugar, la ocupación por parte de Israel de territorios que deben ser parte constitutiva de un futuro Estado Palestino (Cisjordania, Jerusalén y la Franja de Gaza) ha bloqueado sistemáticamente la emanación de una institucionalidad democrática que permita al pueblo palestino su autodeterminación, soberanía e independencia, motivando la formación de grupos fundamentalistas islámicos que utilizan la violencia como forma de resistencia.

En tercer lugar, la continua violación por parte de Israel al Derecho Internacional, a la costumbre internacional, al Derecho Internacional de los Derechos Humanos, al Derecho Internacional Humanitario; así como a las resoluciones del Consejo de Seguridad han degradado las condiciones del conflicto armado hasta el punto de establecer un verdadero genocidio de civiles inocentes en Gaza por ataques militares preventivos y bloqueos que no permiten el sostenimiento de una vida digna a los palestinos. Y en cuarto lugar, la permanente fragmentación y atomización del liderazgo palestino ha impedido la formación de una coalición palestina con suficiente capital político, control de sus milicias y legitimidad tanto interna como internacional para negociar un acuerdo de paz integral con Israel, además de los continuos intereses geopolíticos de Irán, Siria y milicias como Hezbola que financian y operan conjuntamente con grupos terroristas.

Tomando en consideración los antecedentes históricos del conflicto así como la convicción de que el fin de la guerra, la muerte y el sufrimiento de ambos pueblos solo recae en la voluntad política para alcanzar un acuerdo de paz integral, a continuación se establecerán algunos puntos mínimos y estratégicos a partir de los cuales se puede configurar una base sólida de futuras negociaciones que busquen una solución de fondo, justa, equitativa y humanitaria. En primer lugar, se debe aislar políticamente tanto a nivel doméstico como internacional a los grupos ultranacionalistas judíos (sionismo) y a los fanáticos islámicos palestinos que ejecutan acciones terroristas, debido a que el principal obstáculo para el establecimiento de negociaciones serias entre las partes es la oposición interna de estos grupos que negocian con la muerte y la violencia tanto económica como políticamente, para que prime un liderazgo moderado y prudente que además de tener la voluntad política de alcanzar la paz ejerza una pedagogía social en sus respectivos pueblos para desterrar los odios y resentimientos y establecer un proceso de reconciliación gradual.

En segundo lugar, la consecución de un acuerdo negociado a través de una solución política del conflicto necesita imprescindiblemente la aceptación de las partes en la ejecución de concesiones reciprocas que viabilicen consensos y la coexistencia pacífica como por ejemplo: Israel debe de reconocer la legitimidad política de Hamas, que controla la Franja de Gaza, como en su momento lo hizo con la OLP de Yasser Arafat como interlocutor legítimo del pueblo palestino e irremplazable sin el cual no se podrá vislumbrar una cuerdo de paz eficaz, tal reconocimiento debe fijar condiciones de seguridad como el cese de actividades terroristas por parte de Hamas. Igualmente, Israel debe de aceptar la resolución del Consejo de Seguridad #242 que establece la existencia de 2 Estados independientes y soberanos en la zona de ocupación según los límites fronterizos de 1967 que garantiza que tanto Gaza, Cisjordania como parte de Jerusalén sea territorio indivisible e integral palestino. Por otro lado, Palestina debe de conformar un gobierno de unidad nacional con liderazgo unitario integrado tanto por Hamas como por Fath (brazo político de la OLP) que controlan respectivamente Gaza como Cisjordania para tener credibilidad y legitimidad única de negociación frente a Israel y la Comunidad Internacional, además Hamas debe de renunciar al terrorismo como forma de resistencia a la ocupación hebrea y reconocer el derecho de existir del Estado israelí, su seguridad y la coexistencia de 2 Estados como solución política del conflicto tal como lo hizo la OLP en 1993 en los Acuerdos de Oslo.

En tercer lugar, se debe establecer un marco de negociación claramente definido y concreto según los temas estructurales del conflicto para evitar la instrumentalización del proceso con fines geopolíticos, electorales o militares que ha sido la característica desde 1993. Por ende, las futuras negociaciones deben enmarcarse en la resolución de los siguientes temas: la delimitación fronteriza del Estado israelí y del Estado palestino según los límites de 1967, la delimitación de los asentamientos judíos en territorio palestino, el regreso voluntario de los refugiados palestinos, la generación de garantías de seguridad en la región, el combate bilateral al terrorismo y a la violencia y la desmilitarización progresiva de las zonas de ocupación. En cuarto lugar, la realización y éxito de futuras negociaciones necesita indiscutiblemente del acompañamiento internacional, pero tal garantía de la Comunidad Internacional no debe ser monopolizada por Estados Unidos y la Unión Europea que han sido los garantes y mediadores preponderantes en los sucesivos fracasos de las últimas 2 décadas. Por consiguiente, nuevos actores tanto regionales como mundiales deben involucrarse en el proceso para no solo otorgar garantías a Israel sino también a Palestina y equilibrar los intereses geopolíticos en la región como China, Rusia, Egipto, Qatar, Irán, Brasil conjuntamente con Estados Unidos y la Unión Europea, que más allá de sus errores no deben ser excluidos, en el marco de las Naciones Unidas.

Finalmente, la consecución de una solución política negociada que ponga fin al conflicto histórico entre Israel y Palestina a través de un Acuerdo de Paz integral es el único camino para evitar la muerte indiscriminada de miles de niños, niñas, ancianos, mujeres y hombres inocentes de ambas partes, para lo cual más que la profundización de resentimientos y venganzas por las atrocidades de la guerra que solo alimentan el circulo vicioso de la muerte se requiere la valentía política de reconocer las condiciones objetivas del conflicto y construir sus posibles soluciones por medio de concesiones recíprocas. Caso contrario si prima la idea de aquellos que piensan en la necesidad de un Estado palestino unitario en toda la zona del conflicto o de un Estado Hebreo seguro sin la presencia de un Estado palestino, primará no solo una idea irracional sino la guerra, la violencia y la muerte que no distinguen entre judíos y palestinos.

* Andrés Gómez Polanco es estudiante del último semestre de la Carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas (UDLA) en Quito-Ecuador.