martes, 15 de julio de 2014

Alcance y objetivos del creciente poderío militar chino



Portaaviones Liaoning 16
de la Armada China
(Ernesto Castillo | Observanto * ) - Hoy en día es común que la prensa y gobiernos occidentales se alarmen cada vez que China estrena nuevos y sofisticados equipos militares, los que con creciente regularidad son anunciados oficial o extra-oficialmente por Pekín. Pero ahora, cuando se reactivan antiguos altercados territoriales con sus vecinos – con Japón por las islas Senkkaku, y con Vietnam y Filipinas por las Spralty-, y la potencia asiática parece más dispuesta a intervenir allende sus fronteras, es necesario analizar este potencial bélico con mayor detalle.

En primer lugar, es comprensible la ambición china de poseer Fuerzas Armadas (FFAA) acordes al rol internacional que detenta: es la segunda economía global – destinada según estimaciones a sobrepasar a la estadounidense en pocos años- posee vastos recursos, el tercer mayor territorio y la más grande base poblacional mundial. Y tanto la salvaguarda de esa prosperidad como su proyección internacional demandan un poderío militar fuerte y rápidamente desplegable. Por otro lado,esa misma vastedad territorial y población albergan las semillas de conflictos y amenazas latentes. Sus extensas fronteras son difíciles de defender, y los diversos reclamos autonomistas– como el del Tíbet o la región mayormente musulmana de Xinjiang- no pueden ser desestimados, como tampoco las disputas territoriales de larga data, especialmente la pretendida re-incorporación de Taiwán.

Pero por sobre todo, a lo largo de sus 5000 años de historia la riqueza y el bienestar chinos fueron repetidamente saqueados por actores externos, desde los mongoles y manchúes hasta Japón o las potencias occidentales. Esto sucedió sobre todo en momentos de debilidad y división internas, yen 1949, a partir de la reunificación territorial definitiva tras la Guerra Civil – salvo la mencionada isla de Taiwán, a donde escaparon los restos del anterior gobierno- el ahora victorioso Partido Comunista de Mao Zedong se propuso formar un ejército poderoso que disuadiera cualquier futura invasión. Usando la conscripción obligatoria y las milicias ciudadanas, la nación llegó a movilizar más de 3,5 millones de hombres, y posee desde 1964 su propio arsenal nuclear.

El modelo de ejército “popular” sobrevivió incluso a la muerte de Mao en 1976, y funcionó de manera razonablemente efectiva tanto para su propósito defensivo como para las intervenciones militares en el extranjero en las que la República Popular China se vio involucrada durante la Guerra Fría, como la Guerra de Corea en 1950-53, la invasión de Tibet en 1950 y choques fronterizos con India, Vietnam y la Unión Soviética. Pero la Guerra del Golfo de 1991 demostró caduco el concepto: El enorme ejército del dictador iraquí Saddam Hussein – también conscripto, y equipado con modernas armas rusas y occidentales- fue rotundamente derrotado y expulsado de Kuwaitpor una coalición pro-occidental liderada por Estados Unidos, tras una virulenta campaña aérea de bombardeos.

Era necesario profesionalizar y modernizar el Ejército de la RPCH, pero había un problema: Debido a la represión de sus opositores políticos en Plaza Tiananmen de 1989, el gobierno enfrentaba un bloqueo armamentístico occidental.Para su fortuna, la Guerra Fría acababa de terminar, y la nueva Rusia capitalista estaba necesitada de divisas y ansiosa de exportar sus más novedosas armas.Por ello Pekín pudo adquirir cazas Sukhoy “Flanker”, helicópteros, destructores y submarinos –entre otros sistemas- al tiempo que utilizaba esta tecnología –primero copiándola y luego desarrollando a partir de ella- para modernizar su propia industria. Simultáneamente, la importancia de las milicias disminuía y el número total de tropas se reducía en más de un millón de efectivos, mientras el porcentaje de soldados voluntarios –profesionales y bien entrenados- aumentaba.

Todo este proceso coincidía con el enorme crecimiento económico –superior al 8% anual durante los 90s y hasta comienzos del siglo XXI- producido a partir de las reformas económicas que transformaron a China en una economía de mercado, aunque con el poder político firmemente en manos comunistas. Por ello pudo aumentar sustancialmente su presupuesto militar sin alterar profundamente el porcentaje del PBI destinado a Defensa, y si en 1988 gastaba unos 18.000 millones de dólares en la misma –comparados con los 46.000 de su vecino Japón- en el 2013 ésta cifra era diez veces mayor, representando la segunda mayor “cartera” militar del planeta, superada solamente por los EEUU. A consecuencia de todo esto, el Ejército Popular de Liberación – dividido en sus tres ramas de Tierra, Mar y Aire- se ha transformado de manera profunda e incrementado enormemente sus capacidades, que se acercan cada vez más a las occidentales.

Un claro ejemplo de esto es el J-20, un caza-bombardero “furtivo” –invisible a los radares tradicionales- en fase de prototipo y cuya entrada en servicio se planea para el 2017-19. A diferencia de anteriores diseños desarrollados con ayuda tecnológica rusa o israelí, este aparato es de concepción casi completamente china, y sus avanzadas características de 5ta generación solo han sido alcanzadas previamente por EEUU y Rusia. Menos impresionante pareciera el rechoncho transporte estratégico Y-20, pero su habilidad de desplegar tropas a miles de kilómetros es quizás aún más preocupante para posibles adversarios, y un indicador de la creciente capacidad china en “Proyección de Fuerza”.

En ese mismo concepto se enmarca también el desarrollo de una fuerza de portaaviones propia, cuyo primer exponente – el Liaoning, un navío ex-soviético modernizado- ya está operativo, y al que seguirán varios otros de construcción propia, que junto a multitud de buques de combate, anfibios y logísticos de nueva construcción vienen transformando a la armada china en los últimos 20 años: de una fuerza costera de limitadas capacidades a una marina oceánica, que incluso realiza despliegues anti-piratería en aguas de Somalia. Del mismo proceso forma parte el crecimiento de la fuerza de submarinos, que ya es la más numerosa del mundo y que junto a otros sistemas –como los nuevos misiles balísticos anti-portaaviones DF-21-D- podrían volver enormemente peligrosas las aguas del Pacífico para Estados Unidos y sus aliados en una hipotética guerra por Taiwán u otros territorios.

Respecto a los submarinos, destacan los recientes Tipo 94 “Jin”, que portan misiles balísticos intercontinentales( ICBM)JL-2 con ojivas nucleares múltiples, capaces de alcanzar objetivos en Norteamérica. A éstos se suman nuevos sistemas terrestres y aéreos: China despliega ya unos 40 ICBM terrestres y ha modernizado sus bombarderos H-6 con misiles de crucero,por lo que iguala o supera las capacidades nucleares de Francia o Gran Bretaña. Y el pujante programa espacial militar de la Rep. Popular – que incluye armas anti-satélite y al sistema de posicionamiento BeiDou, equivalente al GPS estadounidense- garantiza que este arsenal pueda atacar con creciente precisión en todo el mundo.

La nación aún tiene dificultades por resolver: Su industria aun presenta problemas de confiabilidad, y sus tropas no poseen experiencia en combate reciente. Por otro lado, sus FF.AA han sufrido repetidos escándalos de corrupción, propios de cualquier estado altamente burocrático y que pueden disminuir su eficiencia. Y a diferencia de EEUU, está rodeado de posibles adversarios y países inestables, varios de ellos con armas nucleares.

Pero no queda duda que hoy en día, las fronteras de China son más seguras que nunca.

* Ernesto Castillo es egresado de la carrera de periodismo en TEA. Estudiante avanzado de la carrera de comunicaciones en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Publicación distribuida por Observanto, link al artículo desde su fuente.