miércoles, 4 de junio de 2014

Primavera Árabe: causas y consecuencias

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A casi cuatro años de la irrupción de la Primavera Árabe, los países protagonistas aún enfrentan importantes contratiempos que pueden debilitar o reforzar el avance hacia Estados de derecho verdaderamente consolidados.

Primavera Árabe en una imagen
(Redacción GEIC *) - En el año 2009 comenzó a vislumbrarse en la región árabe una serie de movilizaciones sociales en reclamo, fundamentalmente, de una mayor apertura política y social, incorporando factores económicos, en mayor o menor medida, según el caso que se observe. Este proceso, denominado por los estudiosos del tema y los medios de comunicación como Primavera Árabe, gozó de gran repercusión por un período de 3 o 4 años, cayendo al olvido que ostenta en la actualidad.

Por tal motivo, resulta pertinente atender a la realidad actual de aquellos países que fueron protagonistas de las revueltas primaverales, a modo de ver si realmente se produjeron avances en vías a transitar el camino hacia regímenes democráticos y participativos.

¿Qué es la Primavera Árabe?

Es condición excluyente para poder observar la situación actual de los Estados que atravesaron la primavera árabe conocer mínimamente a qué refiere este proceso y cuáles son los factores que lo desencadenaron.

Así, podríamos definir como primavera árabe al conjunto de violentas transformaciones políticas y sociales que comenzaron a gestarse en Túnez y Egipto para luego expandirse al resto de los países que conforman las regiones del Magreb y del Máshreq.

Al respecto, existe un largo debate en torno a la fecha en que comenzó a gestarse la Primavera Árabe. Algunos prefieren fijarla en octubre de 2010, cuando el campamento establecido en Gdeim Izik por civiles prosaharauis fue violentamente abortado por el gobierno marroquí, mientras, otros se remontan a la irrupción del Movimiento Verde como respuesta al fraude electoral en las presidenciales de Irán, en Junio de 2009.

Sin embargo, existe en la actualidad un consenso generalizado en datar el punto de inicio del proceso en la inmolación de un joven tunecino en diciembre del 2010, en gran medida, debido a la repercusión que tuvieron tanto en las redes sociales como en otros medios de comunicación masiva las revelaciones de WikiLeaks con respecto a la realidad concreta del desvergonzado sistema mafioso establecido por el clan Ben Alí-Trabelsí.

Así las cosas, las primeras movilizaciones civiles de la “Primavera Árabe” tuvieron su epicentro en Túnez y en Egipto en el año 2011. En aquella ocasión, grandes multitudes de ciudadanos, conformadas en su mayoría por la juventud universitaria, salieron a las calles para manifestarse en contra de la deteriorada situación económica.

No obstante, el proceso revolucionario siguió su curso y a esta demanda inicial se sumaron otros reclamos en torno a la necesidad de una apertura política y social.

Factores desencadenantes

En cualquiera de los casos, los levantamientos ciudadanos se produjeron a partir de numerosas causas estructurales.

El alto nivel de corrupción, ineficiencia y afán represivo de los regímenes de la zona, así como la permanente insatisfacción de las necesidades básicas de un amplio porcentaje de una población, por otro lado, mayoritariamente joven y sin expectativas de poder desarrollar una vida digna, fueron componentes estructurales de una situación que explica las actuales movilizaciones [1].

De este modo, tomando la clasificación que realiza Le Monde Diplomatique [2], podemos distinguir la existencia de 5 factores principales que explicarían el surgimiento de estos movimientos revolucionarios.

Histórico: la pérdida de tres guerras contra el Estado de Israel, que obligó a algunos países de la región a someterse a acuerdos de paz y cooperación con Estados Unidos, en razón de los cuales, este último adquirió el control de los recursos petrolíferos a la vez que se comprometió a mantener en el poder a déspotas tales como Mubarak en Egipto.

Político: El establecimiento de dictaduras de partido único que silenciaron a la población.

Económico: La crisis financiera de Wall Street acontecida en 2008, que dejó sin trabajo a numerosos trabajadores egipcios residentes en Europa y obligó a los Estados a adoptar medidas de ajuste impopulares.

Climático: Un gran incendio producto de sequías acontecido en Rusia afectó las exportaciones de cereales de dicho país, elevando los precios de los productos alimenticios. En este contexto, los países de la región árabe, una de las mayores importadoras de estos alimentos, se vieron envueltos en una situación de carencia que motivó las revueltas sociales.

Social: La existencia de una población muy joven, sumada a elevados índices de desocupación y la imposibilidad de emigrar a Europa, tanto por las trabas impuestas por sus propias naciones como por los países europeos, fue otro de los factores desencadenantes de la situación.

La Primavera Árabe en la actualidad

La situación de Túnez

El camino transitado por Túnez desde el comienzo de las revueltas es muy alentador. Tres años después de la caída del dictador Ben Alí, que llevaba en el cargo 23 años, el país donde inició la insurrección por la democracia con la inmolación de un joven continúa su transición a la democracia.

Asimismo, el Primer Ministro Ghanuchi, que asumió el poder con la promesa de una transición democrática, debió sortear importantes dificultades internas para seguir adelante con su propósito democratizador.

Recientemente, el Estado tunecino ratificó su nueva Constitución, que resulta prometedora dado el establecimiento de la protección de los derechos de las mujeres, y su inclusión en el gobierno y la sociedad, las libertades de expresión y religión, elecciones competitivas y, finalmente, el resguardo de la sociedad civil por parte del gobierno, excluyendo de este modo al Ejército que tanta importancia había ostentado hasta el momento.

Cabe destacar, además, la comunión de intereses lograda por parte de los diferentes partidos políticos y la postura de algunos diputados islamitas, que renuevan las ilusiones con respecto a una posible segregación de los ideales extremistas sostenidos hasta el momento.

La inclusión e influencia de la sociedad civil constituye otro de los elementos sin el cual no sería posible efectuar esta transición. Miembros de la sociedad civil fueron invitados a participar en negociaciones y a expresar sus preocupaciones e ideas a los miembros de la Asamblea Constitucional, asegurando la inclusión de medidas claves de derechos humanos.

Por último, otra medida revolucionaria la constituye la inclusión del artículo 102 en el cual se establece la independencia del Poder Judicial y su competencia para administrar la justicia y asegurar el respeto de la soberanía, los derechos y libertades.

Si bien estos avances constituyen señales muy positivas, es importante remarcar que al Estado tunecino todavía le resta un largo camino para convertirse en un verdadero Estado de Derecho.

Marruecos, otro caso esperanzador

La transición del Estado marroquí hacia una democracia o gobierno participativo contiene asimismo ciertos elementos esperanzadores.

Desde el estallido de la Primavera Árabe en 2010, Marruecos es el único país del Norte de África que goza de verdadera gobernabilidad. Es el único Estado de la región que ha contenido con éxito al terrorismo yihadista y frenado la expansión del islamismo salafista. Por otro lado, el movimiento 20 de febrero surgido en el año 2011 promovió con éxito una nueva Constitución, aprobada en un referendo de ese mismo año.

La nueva carta magna, estipula el igual reparto de bienes entre hombres y mujeres. Sin embargo, esta búsqueda de igualdad de género, que como vimos es común al caso tunecino, está lejos de concretarse en la política marroquí. El gabinete islamista que se formó luego de las elecciones generales de noviembre de 2011, por ejemplo, incluyó a sólo dos mujeres mientras que con el recambio de octubre de 2013, ingresaron seis ministras entre 39 ministros.

Finalmente, existe un factor que aletarga el mayor progreso marroquí: el conflicto con Algeria por la soberanía de Sahara Occidental, que imposibilita el ingreso de Marruecos a la Unión Africana y supone, por ende, obstáculos a la integración regional.

La situación de Egipto: Cambiar algo para que nada cambie

Más allá de algunos avances sucedidos tras la dimisión de Hosni Mubarak, la sociedad egipcia parece no haber encontrado todavía el camino correcto. Tras la masiva manifestación de jóvenes convocada por medio de las redes sociales y sucedida el 25 de enero de 2011, se dio inicio a una serie de marchas populares que recibieron como respuesta una impiadosa represión, dejando un saldo que es estimado por Naciones Unidas de 300 muertos.

Así, tras la renuncia de Mubarak, los egipcios fueron por primera vez a elecciones en junio del 2012. Pese a ello, haber elegido como Presidente al líder de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, puso en riesgo todos los logros alcanzados hasta aquel momento. En este sentido, desde el derrocamiento y condena de Mubarak en julio de 2013, por haber incitado a la violencia en diversas manifestaciones en el año 2010, un gran número de sus seguidores ha sido igualmente juzgado, incluyendo al nuevo líder de los Hermanos Musulmanes.

Sumado a ello, entre las jornadas del lunes y el miércoles se llevaron a cabo las elecciones presidenciales, donde se produjo un aplastante triunfo del mariscal Abdel Fattah Al-Sissi, de ambiciosas propuestas electorales.

La campaña, se vio envuelta en un sinfín de irregularidades y muestras de intolerancia. En primer lugar, la proscripción de los Hermanos Musulmanes la deja desprovista de legitimidad.  Con motivo de esta imposibilidad de participación, se han producido revueltas de los simpatizantes de los Hermanos Musulmanes que han dejado un saldo de 1400 muertos y 15000 encarcelados, según los datos recolectados por Organismos de Derechos Humanos.

Por otra parte, el elevado grado de abstención que caracterizó a los comicios arroja importantes dudas acerca del apoyo y de la legitimidad con la que contará Al- Sissi para gobernar.

Entretanto Al- Sissi no cree en la preponderancia de las libertades individuales por sobre la seguridad nacional, lo cual, pone en peligro a los partidarios de los Hermanos Musulmanes, como así también a aquellos que apoyan fervientemente al otro candidato, Sabahi, promovido por los movimientos gestores de la Primavera árabe. Es por ello que sus opositores consideran que el presidente recientemente electo simboliza tan sólo una versión renovada del régimen dictatorial de Mubarak.

Por último, la presencia de activos grupos terroristas en la región empeora la situación, ya que permite al gobierno de facto justificar sus políticas represivas amparándose en la idea de la “protección” de la seguridad nacional.

Conflicto en Libia

La caída del régimen dictatorial de Muamar al Gadafi en las últimas semanas del 2011 vaticinaba el repunte de uno de los Estados con mayor cantidad de recursos petrolíferos del mundo. Asimismo, podía vislumbrarse una vía democrática que esperanzaba a la población libia. Sin embargo, y a la luz de los acontecimientos recientes, resulta casi penoso relatar el curso que siguieron las acciones a partir de aquel entonces.

En lo que a este caso respecta, la presencia de numerosos grupos rebeldes en el territorio libio ha imposibilitado el establecimiento de una democracia estructuralmente fuerte. Pareciera que la única clase de Gobierno que puede acabar con la anarquía es uno de características similares al tan criticado régimen depuesto.

Como se ve, la Primavera Árabe simboliza un fenómeno que todavía tiene tiempo de crecer y madurar. A casi cuatro años de la irrupción de las principales movilizaciones en la región, los países protagonistas aún enfrentan importantes contratiempos que bien pueden debilitar o reforzar el avance hacia la consolidación de democracias verdaderamente estables y legítimas.

* Artículo distribuido por GEIC, grupo de estudios internacionales. Link a la fuente original.



Fuentes consultadas:

[1] Núñez Villaverde, Jesús (2011) Apuntes de urgencia sobre la oleada de cambios en el Mundo Árabe. Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). Fundación Carolina. Fuente.

[2] Ramonet, Ignacio (2011) Cinco causas de la insurrección árabe. Le Monde Diplomatique. N°158. Marzo 2011. Fuente.

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