miércoles, 25 de junio de 2014

Sobre el crecimiento del mercado internacional de armas



(Ernesto Castillo | Observanto * ) - A mediados de abril, el Instituto de Investigación de la Paz de Estocolmo –abreviado SIPRI en inglés- publicó sus datos sobre el mercado mundial de Defensa durante el 2013. Los resultados aterran: a pesar de una reducción del 1,9% respecto al año anterior, el total de gastos militares mundial se estimó en unos 1.747.000 millones de US$, casi el doble de la deuda externa combinada latinoamericana. Y todo en medio de una recesión económica en gran parte del mundo.

A primera vista, semejante gasto parece completamente fuera de lugar en épocas de crisis, pero analizando las estadísticas del organismo sueco – que publica estos resultados desde 1988, basándose en fuentes públicas y cuestionarios a los diferentes gobiernos, y tomando en cuenta la inflación y otros factores-queda en evidencia la más absoluta y terrible lógica detrás del mismo.

En primer lugar, un negocio semejante es difícil de ignorar por los países productores, que incluyen algunos de los que más han sufrido los efectos de la debacle financiera. Las industrias de avanzada que compiten por éste mercado emplean gran cantidad de mano de obra y venden productos de un enorme valor agregado, una verdadera “gallina de los huevos de oro” que sería suicida matar. Por otro lado, muchos de los principales compradores se ubican fuera de Occidente, en países cuyas finanzas no han sufrido tanto. O donde por el contrario, la catástrofe económica ha dado origen a guerras y revoluciones, o la reactivación de viejos conflictos.

Un ejemplo perfecto es la actual crisis en Ucrania, una nación endeudada y con graves problemas sociales para cuya posible solución su gobierno abarajó diferentes alternativas –solicitando préstamos y ofreciendo concesiones alternadamente a Rusia u Occidente- ganándose la hostilidad de los partidarios de una u otra y llevando finalmente a su derrocamiento. Mientras, su vecina Rusia, temerosa del acercamiento ucraniano a Occidente, aprovechaba la crisis para arrebatarle Crimea –territorio estratégico y antigua posesión de Moscú, habitada mayoritariamente por rusos étnicos- y las minorías rusófonas en el Este se levantaban en armas contra el gobierno central, accionando una operación represiva que rápidamente va decantando hacia una guerra civil. Y lo más irónico es que esta misma Ucrania quebrada y dividida está aumentando su gasto militar –ante la insuficiencia de fondos se está recurriendo incluso a donaciones- y llamando a reservas para posibilitar esa operación, al mismo tiempo que su aliado diplomático Francia se niega a cancelar la venta de dos buques de asalto anfibio tipo Mistral a Rusia, valuados en 1.200 millones de euros y cuya construcción emplea cientos de trabajadores en Saint- Nazaire. En cuanto al Kremlin, la captura de la península crimea mostró el eficaz accionar de sus fuerzas armadas, enmarcadas en un plan de modernización hasta el 2020 para el cual les está asignado el 4,1% del PBI nacional – porcentaje aún mayor al estadounidense, de 3,9%- equivalente a unos 87.800 millones de US$, el tercero de la lista de SIPRI. Para el 2016, se calcula que superará la barrera de los 100.000 millones.

Otro ejemplo es el Norte de África, donde el descontento popular contra los autoritarios gobiernos creció debido a los agudos problemas económicos, estallando en el 2010 las revueltas conocidas conjuntamente como Primavera Árabe, que con mayor o menor fortuna se extendieron por el mundo musulmán. Hoy en día, muchos de esos países gastan millones en armas y sensores para controlar a sus propios pueblos: un ejemplo es Algeria, que adquirió 10.000 millones US$ en equipo – sobre todo a Rusia, de quien es el tercer mayor cliente- posicionándose como décimo importador mundial y líder africano en gasto “defensivo”. El gobierno de Bashar al-Asad en Siria también afrontó rebeliones, dando pie a una guerra civil que ya lleva 200.000 muertos y millones de refugiados y de la cual no se vislumbra desenlace inmediato. Allí intervienen varios agentes externos: los rebeldes reciben apoyo de monarquías petroleras como Arabia Saudita – cuarto presupuesto militar y quinto importador mundiales, comprador preferencial de EEUU y Gran Bretaña- mientras Asad es aliado de Rusia, a quién ha adquirido varios miles de millones de US$ en aviones y otros equipos. Otro apoyo es Irán– que suministra incluso aviones no tripulados o “UAV”- una nación que también invierte fuertemente en su propia industria, especialmente en su avanzado programa misilístico y el desarrollo de su capacidad nuclear. Esto preocupa a sus vecinos árabes – grandes clientes de Occidente- y a Israel, noveno exportador mundial de armas y principal potencia regional, el cual es fuertemente apoyado por Estados Unidos, su principal suministrador externo.

Washington sigue siendo el primer vendedor mundial de armas –seguido por Rusia- con un 30% del total de ventas en la última década. Más del sesenta por ciento de ellas consistió en aviones de combate, sobre todo diversas variantes del F-16 “Viper” en servicio en 26 naciones y producido por el mayor contratista de defensa planetario, la Lockheed Martin. La empresa ya desarrolla su sucesor: el F-35, un caza “furtivo” para las armas aéreas de al menos 7 países de la OTAN y las de Australia, Sur-Corea, Israel y Japón. Entre todos suman unos 3100 aparatos ya pedidos, y el coste total del programa se estima en 400.000 millones de US$, mayor que el PBI de Austria.

Al mismo tiempo, los EEUU lideran el gasto mundial en Defensa/Seguridad, con unos 640.000 millones de US$, mayor al de las 9 naciones que le siguen combinados. Pero mientras el gobierno norteamericano redujo su presupuesto defensivo en un 7,8% respecto al 2011-12, su seguidor China lo está aumentando: no solo es el segundo importador de armas mundial –con Rusia como principal suministrador- sino también el cuarto exportador, siendo Pakistán su principal mercado. Los 188.000 millones US$ que destinó a sus fuerzas armadas financian un impresionante programa de expansión y modernización –incluyendo la compra de un portaaviones y submarinos nucleares, o el desarrollo del caza furtivo J-20, entre otros- acorde a la creciente influencia de la segunda economía planetaria. Pero también alarma a vecinos como la India, Vietnam, Filipinas o Japón, que tienen disputas territoriales irresueltas con Pekín e igualmente aumentan sus carteras de Defensa. El caso de la India es notorio, porque el suministro de armas chino a Pakistán – su otro tradicional adversario, también poseedor de armas nucleares- representa una amenaza en dos frentes. Por ese motivo Nueva Delhi asigna grandes sumas a sus FF.AA – el 9no presupuesto mundial- y es también el mayor importador de todos: destino preferencial del armamento ruso, pero también del de muchas compañías estadounidenses, francesas e israelíes. Tamaño gasto es una realidad triste para un país con 150 millones de personas en la extrema pobreza de los cuales 60 millones son niños desnutridos. Otra muestra más de la cruel lógica que hace de este negocio uno de los más rentables del mundo.

* Ernesto Castillo es egresado de la carrera de periodismo en TEA. Estudiante avanzado de la carrera de comunicaciones en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Publicación distribuida por Observanto, link al artículo desde su fuente.