miércoles, 12 de febrero de 2014

Bitcoin y la economía real

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(Por Lars Seier Christensen *) - Cuando vi que Bitcoin cotizaba a casi 1.000 dólares, ¡me quería morir! Debí haberlo previsto: una oferta limitada y mucho bombo publicitario y demanda. Parece obvio en retrospectiva, como sucede con muchas cosas. Y no puedo justificarme afirmando que no conocía bien el mundo Bitcoin, cuando operaba a mucho menos de diez dólares. Mis conocidas tendencias libertarias implicaban que varios amigos con ideas afines me incentivaron a participar en este experimento nuevo, no estatal y no regulado. Fue culpa mía por no hacer caso. Espero que al menos ellos hayan hecho mucho dinero.

Sin embargo, la razón principal por la que no participé fueron las preocupaciones a largo plazo sobre la viabilidad de Bitcoin y, en mi opinión, esas preocupaciones aún están vigentes. Bitcoin ha estado muy presente en las noticias últimamente; y no todo lo que se ha dicho ha sido positivo, como el reciente arresto de un trader de Bticoin en Nueva York por lavado de dinero. Creo que Bitcoin se ha equivocado al mantener el anonimato de sus dueños, aunque algunos usuarios, entre los que se incluyen algunos muy poco estimados, se han adherido a ella por esa misma razón. Esto les da a las autoridades la excusa perfecta para prohibirla siempre y donde lo deseen. Y esta puede ser una prohibición injusta fundada en falsos pretextos, solo porque a las autoridades no les gusta la competencia. Me temo que China y Rusia son los primeros en reaccionar.
 

Dada su estructura, prohibir a Bitcoin no la erradicará, por supuesto. Pero lo que sí hará es impedir que individuos y empresas que respetan la ley la utilicen y, por lo tanto, hará que sea prácticamente inútil de todas formas. Así que la falsa sensación de seguridad y la verdaderamente incontenible red que Bitcoin ofrece en realidad no servirán de mucho, si se realizan esfuerzos conjuntos para limitar el mercado de Bitcoin. Por lo tanto, considero que sería aconsejable aceptar y adoptar cierto grado de regulación, por más que esto no les parezca adecuando a varios de sus adeptos, aunque sea para prevenir una reacción aún peor de los gobiernos a los que no les guste que se desafíe su monopolio de impresión de billetes.

Claro está que para quienes fueron más sabios que yo y compraron cuando se lanzó la iniciativa, el gran aumento de precios ha sido extraordinario, pero esto también conlleva algunas consecuencias negativas. Creo que el precio elevado y la gran volatilidad (ha caído desde los máximos de 1.242 dólares a finales de noviembre a unos 500 dólares en unas horas), hará que sea más difícil que se la acepte como un negocio serio.

Por ello considero que Bitcoin enfrentará duros desafíos a largo plazo, aunque creo que este tipo de monedas electrónicas podrían hacerse un lugar en la economía en estructuras mejor elaboradas, cuyos valores estén mejor asociados a activos reales. No hay duda alguna de que varios bancos centrales han cometido errores a la hora de introducir su propio dinero fiduciario sin mantener ninguna relación con la realidad, y es acertado prever que el sector privado también tenga un rendimiento mejor en el área de las divisas que las instituciones públicas. Si este es el caso en casi todas las áreas, ¿por qué no en esta?

Todo lo que pueda regularse en el ámbito financiero será regulado. ¡Acostúmbrense! Ocurrirá lo mismo con las monedas electrónicas. Sin embargo, la regulación puede ser su puerta de entrada a la verdadera aceptación y al éxito; y, por lo tanto, no debe concebirse como algo únicamente negativo.

Bitcoin aún es una pequeña parte del sistema económico y no representará una verdadera amenaza para modelos más afianzados en el corto plazo. Pero si algún día lo hace y si supera los problemas regulatorios, se la recibirá con los brazos abiertos.

Bitcoin está siendo cada vez más utilizada por trabajadores emigrantes para transferir dinero a sus hogares y, por lo tanto, ha comenzado a cumplir verdaderas finalidades, más allá de las ideológicas, lo que es prometedor. La gran volatilidad y la estructura accionaria sin duda suponen un riesgo para todos los usuarios de Bitcoin. Y creo que con el tiempo se desarrollarán nuevos y mejores modelos. No es común que el el primero en actuar gane la partida y se lleve el pozo, y dadas las debilidades que mencioné anteriormente, creo que hay mucho que mejorar.

Se conocen al menos 80 iniciativas similares en el mercado y, por supuesto, la mayoría fracasará. Pero conozco de primera mano un par de proyectos en fase de diseño que, en mi opinión, tienen una mejor estructura y podrán obtener una rápida distribución, lo que los convertirá en verdadera competencia para Bitcoin. Me he prometido a mí mismo ser menos precavido cuando se lancen y, asimismo, que los lectores de Sala de Inversión los conocerán apenas estén dando sus primeros pasos, ¡así que manténganse en sintonía!

Actualmente Saxo Bank no ofrece operar en Bitcoin por las preocupaciones enumeradas aquí. No obstante, estudiamos el mundo de las monedas electrónicas con frecuencia, así que más adelante podríamos cambiar de opinión.

* Lars Seier Christensen es cofundador y CEO de Saxo Bank. Artículo distribuido por El Mundo Financiero. Link a la fuente original.

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