jueves, 30 de enero de 2014

El futuro del programa nuclear de Corea del Norte tras el acuerdo de Irán con occidente

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(Por Santiago Castillo *) - La Alianza de Corea del Norte con Irán será más difícil tras los acuerdos firmados con el Consejo de Seguridad de la ONU sobre la limitación del programa nuclear iraní que permitirá a Teherán transportar su petróleo y el veto a ciertas transacciones financieras, lo que debe servir de referencia a Pyongyang para que la comunidad internacional confíe en el régimen norcoreano y las Naciones Unidas levante sus sanciones tras sus ensayos nucleares. Este importante acuerdo de Irán servirá para aliviar su economía, al borde del colapso por la intransigencia del anterior presidente iraní, Mahmud Admadineyad, que se negó a frenar su política nuclear y fue aumentando su capacidad atómica con su enriquecimiento de uranio.

De ahí, que el nuevo presidente iraní, Hasan Rouhani, dijera en la reciente reunión de Davos que su país desea establecer relaciones pacíficas y normales con todas las naciones que ha reconocido oficialmente. “Lo que queremos ver es un futuro mejor”. “El compromiso entre Irán y Estados Unidos también ha entrado en una nueva etapa”. En definitiva, la Unión Europea (UE) y EEUU suspenden parte de las sanciones económicas contra Irán, aunque aún persistirá el embargo de armas y la prohibición a determinadas personas de viajar a la UE, pero se ha dado un paso de “gigante” para normalizar las relaciones con Irán (80 millones de habitantes), lo que debe hacer meditar a Corea del Norte, gobernada por la dinastía de los Kim desde la fundación del país en 1948.

Irán suspendió ya el enriquecimiento de uranio en cumplimiento del acuerdo nuclear alcanzado en Ginebra en noviembre pasado, vital para el posterior acuerdo con la UE y EEUU, que contribuye a aliviar parte de las sanciones económicas que pesan sobre la República Islámica, pero con la entrada en vigor del histórico acuerdo firmado entre Irán y los cinco miembros del Consejo de Seguridad (EEUU, Rusia, China, Francia y Reino Unido) más Alemania, se abre un periodo de seis meses para llegar a un compromiso definitivo que podría poner fin a más de una década de crisis atómica, un acuerdo que verifica, supervisa y controla el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), cuyo objetivo es el desmantelamiento completo y definitivo del programa nuclear de Irán y de Corea del Norte.

Según el OIEA, Irán redujo sus reservas de uranio enriquecido al 20 por ciento, suspendió su procesamiento por encima del 5 por ciento en las plantas de Natanz y Fordo y a la vez congeló la construcción del reactor de agua pesada en Arak, capaz de producir plutonio.

Corea del Norte e Irán son aliados tecnológicos desde hace décadas. Ya en los años 80, Teherán importaba misiles y tecnologías balísticas de Pyongyang, luego que Rusia y China redujeron el flujo de tecnología a los iraníes, entonces el régimen norcoreano se constituyó en la fuente principal de la tecnología de misil balística y de componentes de Teherán.

Pero está claro que, según informes oficiales, hay pruebas de cooperación nuclear entre estos dos Estados durante años, y el programa nuclear de Corea del Norte está basado en el plutonio separado obtenido de un reactor, mientras que los esfuerzos de Irán están basados en el uranio enriquecido producido por la tecnología de centrifugadora comprada a Abdul Qadeer Kant, el científico indio que fabricó la bomba atómica a Pakistán, según los expertos.

Pyongyang mantiene una misión de científicos nucleares y de misiles en Teherán, mientras que los expertos iraníes asisten regularmente a las pruebas nucleares y de misiles de Corea del Norte, que recibió asesoramiento iraní para sus recientes pruebas nucleares, según Occidente.

Corea del Norte sabe que poco puede hacer mientras siga con su actual política que le impide una mínima apertura para mejorar económicamente. El país sufre una grave crisis ya no sólo por las sanciones que le impuso la ONU por sus ensayos nucleares, sino por las estrategias políticas-económicas-militares que realiza el régimen de Kim Jong-un que ha desembocado en una situación de grandes carencias y de hambruna a una parte de sus 24 millones de ciudadanos a vivir en unas condiciones paupérrimas.

El régimen norcoreano sabe también muy bien que su material militar, adquirido hace varias décadas, está bastante obsoleto en comparación con los más sofisticados y modernos de Corea del Sur, pero su mantenimiento y reactualización con el 16 por ciento del PIB que dedica a sus Fuerzas Armadas (1,2 millones de soldados) es un suicidio que bloquea cualquier mínima reforma de apertura que contribuya a mejorar la calidad de vida de los norcoreanos.

Corea del Norte tiene que abrirse para salir del más absoluto ostracismo en la que está condenada dentro de un mundo global cada vez menos fronterizo, sobre todo desde el punto de vista económico, y aprender de lo que ha hecho Irán, ya que su acuerdo con la UE le permitirá una mejora económica para todo el país.

El régimen norcoreano debe superar el miedo a cualquier apertura al exterior y aplicar distintas políticas de desarrollo económico que den resultados prácticos, sobre todo tras el grave error que supuso cerrar el complejo industrial de Kaesong, ya reabierto, que genera un comercio anual de unos 2.000 millones de dólares. Pyongyang sabe que para llevar a cabo otros acuerdos de calado económico como recuperar las actividades del Monte Kumgang, suspendidas en 2008 cuando una turista surcoreana murió por disparos de un soldado norcoreano, al parecer, según Corea del Norte, por entrar en un área fuera de los límites establecidos, tiene que desnuclearizarse para sí ganarse la confianza de la comunidad internacional.

Está claro que siguen siendo las conversaciones a seis bandas (China, EEUU, Rusia, Japón y las dos Coreas), suspendidas desde 2008, la única referencia posible para sacar a Corea del Norte de su actual y grave situación con objetivos de mínimos cambios para mejorar el nivel de vida de sus 24 millones de ciudadanos y con pequeñas aperturas como están ocurriendo en Camboya y la actual Myanmar (Birmania).

Precisamente la visita a España, en octubre pasado, del viceministro sobre temas europeos de Asuntos Exteriores norcoreano, Kung Suk-ung, tenía como objetivo, entre otros, la apertura de una oficina diplomática en Madrid, dado que la capital española es la sede de la Organización Mundial de Turismo (OMT) y es este sector donde el régimen norcoreano sueña con sacar el mayor crédito posible con su nueva política del turismo extranjero a Corea del Norte, pero para ello necesita que la ONU elimine sus sanciones y el país cambie de estrategia política, al igual que ha hecho en los últimos meses Irán.

En 2013, año en que aumentó la presión de las sanciones internacionales a Corea del Norte por sus pruebas nucleares y de misiles, Pyongyang acordó con China ampliar las zonas económicas especiales que ambos mantienen y dio vía libre a la reapertura de una ruta ferroviaria con Rusia para el transporte de mercancías.

Es decir, si Corea del Norte hace lo mismo que ha hecho Irán podría aún mejorar ostensiblemente su economía dejando al lado peripecias esperpénticas como las que recientemente efectúo en unas maniobras militares secretas que simuló un ataque al mayor aeropuerto civil de Corea del Sur, según el diario surcoreano Joongang.

Pero también si acepta de forma definitiva un diálogo sincero y sin condiciones con Seúl y así evitar las frecuentes tensiones, amenazas, citas suspendidas en el último momento o de un día si y otro no a las reuniones de familias separadas, entre otros, que han cansado y cansan a la sociedad surcoreana, y que además supone un enorme gasto en defensa, sobre todo a Corea del Norte, que vive permanentemente en plena tensión bélica, daría paso a una nueva singladura que supondría un cambio radical en beneficio del desarrollo de todo el país.

* Santiago Castillo es periodista y escritor, experto en asuntos del Nordeste asiático. Artículo distribuido por El Mundo Financiero. Link a la fuente original.

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