lunes, 30 de septiembre de 2013

Sobre las posibilidades del uso de la fuerza en el conflicto sirio


Alternativas de acción y divergencias de opinión al interior del gobierno estadounidense respecto a las posibilidades de intervención en Siria.

(Por Alejandro Ariel Randone *) - Si bien la diplomacia parece haber vencido momentáneamente, gracias a la mediación de Rusia y su plan de desarme químico (bienvenido desde ambos lados), el uso de la fuerza sigue latente, en palabras del Secretario de Estado estadounidense: “Rusia y Siria deben mantener sus promesas. Si el acuerdo falla, el uso de la fuerza podría ser necesario”. En teoría el plan ruso supondría cuatro etapas: primero, Siria debe adherirse a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (proceso ya iniciado), segundo, Siria debe declarar la ubicación de las armas y los centros de fabricación, tercero, autorizar a los inspectores a trabajar en los mismos sin restricciones, y cuarto, destrucción del arsenal químico bajo control internacional. La latencia de la opción militar podría estar directamente vinculada a la necesidad de la superpotencia de evitar el envío de un mensaje erróneo de debilidad al resto del mundo. La subactuación es tan peligrosa como la sobreactuación. Encontrar el punto medio adecuado marca la calidad de una política exterior. Desde luego que haber marcado una frontera desde la Casa Blanca (la famosa “línea roja”) fue, cuanto menos, una actitud apresurada que obligó a EE.UU. a responder.

Por lo tanto, es importante poder posar nuestra atención sobre el posible uso de la fuerza, máxime cuando la fuente es un documento oficial del Pentágono. El 18 de julio pasado el Comité de Servicios Armados del Senado de los Estados Unidos pidió al Pentágono un informe confidencial en donde se evalúen las opciones militares disponibles para una potencial intervención en Siria. El 19 de julio el Jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, General Martin E. Dempsey, presenta el informe ante el Presidente de dicho comité, el Senador por Michigan Carl M. Levin.

El informe comienza dando un panorama general sobre la situación, remarcando que el rol militar de los EE.UU. se limita a prestar ayuda humanitaria, asistir en cuestiones de seguridad a los vecinos de Siria y prestar asistencia militar no letal a la oposición. Continúa señalando el despliegue de baterías Patriot en Turquía y Jordania, así como la instalación de un Cuartel General Operativo (y algunas capacidades adicionales, que incluyen cazas polivalentes F-16) en territorio jordano.

Inmediatamente después avanza sobre las opciones militares a las que están preparados:

1) ENTRENAR, ASESORAR Y ASISTIR A LA OPOSICIÓN
2) ATAQUES LIMITADOS A DISTANCIA
3) ESTABLECER UNA ZONA DE EXCLUSIÓN AÉREA
4) ESTABLECER ZONAS DE AMORTIGUACIÓN
5) CONTROL DE ARMAS QUÍMICAS

El General Dempsey continúa su relato desaconsejando la consideración de esas opciones de forma aislada, y en cambio cree conveniente tenerlas en cuenta en su totalidad en el marco de una estrategia general (que incorpore a los aliados y socios). En ese sentido, se muestra a favor de un enfoque regional del conflicto, en donde se trabaje con los socios regionales a fin de evitar la desestabilización regional y la proliferación de armas. A su vez aconseja el sostén al desarrollo de una oposición moderada (incluyendo sus capacidades militares) mientras se mantiene la presión sobre el gobierno de al-Assad.
En ese sentido, el General alerta sobre la insuficiencia de tratar el conflicto desde un punto de vista estrictamente militar, por ello la construcción y mantenimiento de un Estado funcional es clave.

Continúa el informe recordando que dicha intervención no puede decidirse a la ligera, pues se llevaría a cabo en el marco de una incertidumbre fiscal general y de recortes presupuestarios en la Secretaría de Defensa. En ese sentido, algunas de las opciones enumeradas pueden no ser del todo convenientes en términos de tiempo y costos, sin a la vez comprometer la seguridad en otros lugares. Compartir la carga con los socios y aliados es fundamental, no solo en términos políticos, sino también económicos (inclusive en tiempos de unipolaridad).

Culmina el texto con una aseveración relevante que contrasta con los plazos que, según la prensa, impondrá el Congreso para el desarrollo de la intervención. Según el General, EE.UU. debe estar preparado para las consecuencias que se desaten, y entiende que una implicación más profunda en el conflicto será difícil de evitar.

Conclusiones

De este informe pueden extraerse algunas conclusiones que llaman la atención, pues contradicen lo expuesto por el Gobierno y los medios de comunicación:

Primero, hay que advertir que la fecha del informe es 19 de julio, dato importante si se tiene en cuenta que la causa detonante de la potencial intervención es el uso de armas químicas por parte del gobierno de al-Assad el 21 de agosto. Eso implica que los planes y la preparación para una posible intervención ya estaban listos, al menos, un mes antes de aquel suceso. No es algo de lo debamos sorprendernos, las consideraciones de la “alta política” (seguridad y geopolítica) no son cuestiones que se encaren de manera apresurada, con una visión cortoplacista, sino de manera estratégica, razón por la cual la planificación y preparación de acciones futuras o imprevistas deben estar listas para cuando el Presidente las requiera. Ahora bien, la pregunta que uno se hace es ¿Cuál es el interés estratégico de EE.UU. en Siria? Y en ese sentido la atención se dirige directamente a Irán, país con el que se mantiene (desde hace años) una hipótesis de conflicto serio por su programa nuclear. Dado que Siria es el único aliado regional de Irán si aquel cae, o es debilitado sustancialmente, el aislamiento iraní facilitaría la dura tarea americano-israelí ante una potencial conflagración, a lo que se debería adicionar el hecho de que la frontera sirio-israelí incrementaría su seguridad (al menos en términos de conflictos tradicionales, pues las amenazas de conflictos asimétricos continuarán). Una preocupación fundamental es el arsenal de armas químicas sirio, armas que continúan en manos sirias (recordemos que es uno de los siete países que no se adhirieron a la “Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, Producción, Almacenaje y Uso de Armas Químicas y sobre su Destrucción”) a fin de mantener cierto equilibrio con Israel.

Segundo, los tiempos que se mencionan en el informe respecto a la extensión de las operaciones se contradicen a los plazos que el Congreso, aparentemente, estaría considerando otorgar. El Pentágono maneja, de acuerdo a lo que podemos observar en los presupuestos de cada operación y la advertencia sobre la necesidad de consolidar el gobierno en la era post al-Assad, plazos de un año, mientras el Congreso, según algunas versiones, estaría dispuesto a votar en favor de una intervención limitada a 60 días extensible a 90 como máximo.

Tercero, existe otra opinión diferenciada, esta vez entre lo declarado por la Casa Blanca y lo expuesto en este informe por el Pentágono, que podemos advertir respecto a las acciones que potencialmente deberían adoptarse. El Presidente Barak Obama se ha referido a ataques limitados sin incursiones terrestres (variante contemplada por el informe); por su parte, el Pentágono, habla de considerar las opciones expuestas como variantes no excluyentes, sino más bien complementarias. Más aún, hace referencia a la inevitabilidad de involucrarse más profundamente en el conflicto, y no solo en términos de actualidad sino también en términos de apoyo a la formación futura de un Estado consolidado. Aparentemente, el colapso institucional del Gobierno sirio por la incapacidad de conformar una oposición viable (futuro “Estado Fallido”), parece ser considerado ahora con mayor seriedad que en las intervenciones anteriores.

* Licenciado en Ciencia Política con orientación en Relaciones Internacionales de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Link al artículo desde su fuente.

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