domingo, 1 de septiembre de 2013

Rusia en el destino de Ucrania


(Por Andy García Rico *) - En 1997, el primer presidente democráticamente electo en Rusia, Boris Yeltsin dijo: “Es imposible sacarnos del corazón el hecho de que los ucranianos son parte de nuestro pueblo. Ese es nuestro destino, nuestro destino común”. Con esas palabras, el entonces presidente del Estado sucesor de la Unión Soviética, pareciera sentenciar, sabiéndolo o no, el destino de su vecino eslavo.

El 27 y 28 de julio de 2013, el actual presidente ruso Vladimir Putin visitó Kiev (Ucrania) en ocasión de la conmemoración del 1025 aniversario del “Kyivan Rus”, que se celebra en honor a la primera forma de organización política eslava de la que devendría, años más tarde, el Imperio Ruso y las naciones de Ucrania, Belarús (o Bielorrusia) y Rusia.

La visita del mandatario Ruso fue fuertemente criticada por los partidos de oposición al actual presidente Ucraniano Viktor Yanukovich, entre los que figuran el partido nacionalista Svoboda que ocupa hoy 36, de las 450 sillas, del Verkhovna Rada (el parlamento Ucraniano) y aboga abiertamente por la integración ucraniana en la Unión Europea, la OTAN y el uso exclusivo del idioma ucraniano.

Al terminarse la visita de Putin, el mandatario ruso ordenó desde el Kremlin en Moscú la suspensión de toda importación de chocolate desde Ucrania bajo el pretexto de que los productos importados “no eran seguro para los consumidores rusos”. Sin embargo, una mirada más detallada al asunto revela el por qué el chocolate ucraniano no es deseado en Rusia.

Tal vez el hecho esté relacionado con un evento que ocurrió cinco años atrás en Bucarest (Hungría) durante una reunión conjunta de la OTAN y el Consejo Ruso para tratar la posible entrada de Ucrania a la organización (Ucrania es un país sucesor de la Unión Soviética y miembro de la Comunidad de Estados Independientes que formara Rusia inmediatamente después de la disolución de la URSS como “área de influencia económica y política”).

Uno de los impulsores de este nacionalismo ucraniano que busca divorciarse de sus lazos históricos con Rusia y construir una identidad por separada a la de otros Estados eslavos, es  precisamente quien fuera ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Petro Poroshenko, hoy dueño de las fábricas de chocolate que tanto necesitan de las exportaciones con Rusia para generar ganancias y condenado por Putin a la quiebra.

Poroshenko ha abogado abiertamente por la inclusión de Ucrania en la OTAN en los días cercanos a la efeméride y ha logrado con cierto éxito la aprobación de la opinión pública. Según testimonios de quienes se encontraban en la mesa de diálogo el 4 de abril del 2008 en Rumania; Putin amenazó con tomar acciones bélicas para recuperar Crimea y el este de Ucrania (donde se encuentra la diáspora de rusos más grande fuera de Rusia) si Ucrania se integraba a la OTAN.

Esta no es la primera vez que Rusia utiliza el chantaje o la amenaza como instrumento de dominación sobre cualquiera de sus vecinos de la C.E.I; países a los cuales Rusia abiertamente llama “esfera natural de influencia”, burlando así la soberanía y la auto determinación de estos estados.

En el 2009, el entonces presidente Ruso Medvedev ordenó a la compañía de gas natural Gazprom suspender el abastecimiento a Ucrania y al resto de Europa. Esta decisión, excusada en una supuesta deuda de la empresa ucraniana Naftogaz, fue entendida por los ucranianos y los Europeos como una señal política enviada desde el Kremlin.

Por ese entonces Ucrania tenía ambiciones (y también posibilidades reales) de integrarse a la Unión Europea y otras organizaciones pro-Occidentales que no cuentan con la bendición de Moscú.

La crisis energética del 2009 causó cuantiosas pérdidas económicas a Ucrania (70% del gas natural y 80% del petróleo es importado desde Rusia) y sirvió para mostrarle a Europa y a los ucranianos que ese país no podría sobrevivir en estabilidad por mucho tiempo si no se conformaban a la política exterior diseñada desde Moscú.

A pesar de las sucesivas presiones ejercidas desde Rusia para moldear la política en Ucrania al estilo Bielorrusia (quien también tuvo sus choques con Rusia en el pasado reciente), el presidente Yanukovich rechazó la invitación del Kremlin de unirse a una especie de “Unión Europea Rusa” compuesta por Belarús, Kazakstán y Rusia.

Ante la negativa de Yanukovich y su posición “anti-rusa” (según Putin) y pro-integracionista con la Unión Europea, aunque manteniendo las mejores relaciones posibles con Rusia; este 14 de agosto Putin dio la orden de parar las importaciones ucranianas hasta que el país eslavo “recapacite” y una vez más “acepte su destino,” ese destino conjunto que predicara proféticamente Boris Yeltsin.

Hace muy poco tiempo, el presidente del Duma Estatal Ruso afirmó “que no hay Ucrania de ningún tipo, y allí (en Ucrania) lo que tiene que haber es un gobernador Ruso”. Estas declaraciones hegemónicas de Vladimir Zhirinovsky son la prueba fehaciente de que Rusia no ha aceptado aún su condición presente en la distribución de poderes post-soviético y tiene entre sus ambiciones la reconquista de los territorios perdidos con la caída del comunismo.

En el 2008, Medvedev orquestó otra de sus crisis artificiales con Ucrania durante el conflicto armado en Osetia del Sur. Esta vez, se acusaba a Ucrania de vender armas y apoyar a Georgia durante la guerra. Detrás de las acusaciones se escondía la repulsión rusa por el entonces presidente Viktor Yúshchenko, su primera ministra Yulia Tymochenko y la popular Revolución Naranja.

Los ucranianos han parecido entender el mensaje enviado desde Rusia y todo parece indicar que han decidido no contradecir mucho a su vecino. En las elecciones del 2010 salió electo el único candidato que prometió mejorar las relaciones diplomáticas con Moscú.  Justo después de las elecciones se firmaron acuerdos bilaterales entre los que figuraban la prórroga de arrendamiento de la Flota del Mar Negro a la armada Rusa hasta el 2042 y la incorporación del ruso como idioma oficial en el este del país.

Hoy, Ucrania enfrenta sanciones europeas por violaciones de derechos humanos devenidas de la sentencia parcial imputada a Yulia Tymochenko y un aumento en la censura a los medios de comunicación y los partidos políticos de oposición.

Todo parece indicar que una vez más Rusia se ha salido con la suya y que hay algo de cierto en eso que dicen por ahí de que hay algún determinismo implícito en la ubicación geográfica de un país.

* Sobre el autor y los derechos de este material:

Andy Garcia Rico es estudiante de tercer año de Ciencias Políticas, Filosofía y Relaciones Internacionales en la Universidad de la Florida. 

Artículo distribuido por The Blue Passport
Link a la fuente original: http://goo.gl/NIr7gf

No hay comentarios: