martes, 24 de septiembre de 2013

¿Qué esperar del (nuevo) gobierno alemán?


Luego de las elecciones parlamentarias, el fortalecimiento de la demanda doméstica, la cuestión inmigratoria, y la reevaluación de la política energética se revelan como las principales prioridades para el gobierno alemán.

(Por Rosario Zabala Gallardo *) - Es bien sabido que la performance económica de la República Federal de Alemania se encuentra estrechamente vinculada a sus desarrollos a nivel externo. Lo anterior, dada la extrema confianza del país al respecto de sus exportaciones, equivalentes, en el año 2012, a cerca del 52 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) alemán.

En este sentido, dado que la Unión Europea se evidencia como el más importante cliente de la República Federal, también la economía alemana depende fuertemente de la firmeza en la capacidad de consumo europea. De allí que, en mayor medida, la estabilidad tanto económica como también política de Alemania, obedezca a su acceso a los mercados foráneos, permitiendo esto último explicar su firme apoyo a la eurozona y al mantenimiento de un Acuerdo de Libre Comercio a través de Europa.

Hasta el momento, una significativa porción de las exportaciones alemanas ha logrado sobrevivir al tumulto derivado de la Crisis Europea. Esto se debe, en gran parte, a la diversificación llevada a cabo por la República Federal en torno a sus mercados de exportación. Al respecto, desde el año 2007, las exportaciones destinadas a la Unión Europea y la eurozona han declinado a favor de otros países, particularmente, los países asiáticos y los Estados Unidos, simbolizando respectivamente China y el país norteamericano, el cuarto y segundo destino más importante para los bienes de exportación provenientes de Alemania, según datos brindados por Eurostat.

Sin embargo, la economía alemana no ha logrado salir totalmente exenta del impacto de la crisis que azota a la Unión Europea. Por el contrario, el ritmo de crecimiento de su economía se ha visto relevantemente disminuido en los últimos años. En términos concretos, y de acuerdo al Fondo Monetario Internacional, el Producto Bruto Interno de Alemania creció sólo el 0.9 por ciento en 2012, en comparación al 4 por ciento de crecimiento que supo corresponder al año 2010. Dando un paso más, para el 2013, el FMI prevé que el PBI de Alemania crezca tan sólo un 0.3 por ciento. [1]

El gran dilema alemán

Inevitablemente, las anteriores consideraciones remiten al ‘’corazón’’ del dilema alemán. Fortalecer la demanda doméstica – a través de, por ejemplo, un incremento de los salarios – podría limitar el grado de exposición a los riesgos externos, aunque también, tornar las exposiciones alemanas menos competitivas.

En relación a la primera de tales cuestiones, la demanda alemana pareciese mantenerse relativamente fuerte pese a la crisis europea, en gran parte debido al bajo nivel de desempleo, que en Julio de 2013 se estableció en un 5, 3 por ciento, acorde con Eurostat.

Ahora bien, no obstante dicha estabilidad en la demanda doméstica ha contribuido a que países de Europa Central y Occidental puedan evitar mayores contracciones, Berlín sigue encontrándose bajo presión para fortalecer aún más su capacidad de consumo. En consecuencia, tras la victoria de la Unión Demócrata Cristina de Angela Merkel, se espera que Alemania logre finalmente dirimir cómo hacer frente a tales requerimientos.

En este sentido, una de las alternativas que se posicionan en el tablero refiere a la introducción de un salario mínimo. Lo anterior, dado que si bien los costos laborales se han visto modestamente incrementados, los salarios en la República Federal (de alrededor de 30 euros, entiéndase, 40 dólares por hora)  superaron apenas ligeramente el promedio correspondiente a la eurozona, en el año 2012.  El sector industrial se opone, sin embargo, a la implementación de tal tipo de medidas, en base al alegato de que aquellas pueden suponer una importante pérdida de competitividad.

En segundo lugar, Berlín deberá atender a la cuestión inmigratoria. Ante una población cada vez más longeva y decreciente, Alemania pareciese encontrarse realizando esfuerzos tendientes a atraer extranjeros que, asimismo, sean capaces de revertir las insuficiencias padecidas en materia de fuerza laboral.

Pese a lo anterior, si bien Alemania logró asistir a la llegada de un mayor número de inmigrantes durante los últimos años, en gran parte debido a su capacidad de resistencia ante la crisis, ha tenido también que enfrentar históricas dificultades en vistas a su retención. De allí que cualquiera fuese el nuevo gobierno, corresponderá a éste último la introducción de nuevas políticas orientadas a retener a los inmigrantes, entretanto se contengan los viejos temores respecto al abuso que eventualmente puedan efectuar los extranjeros en torno al  sistema de seguridad social nacional.

Finalmente, una tercera prioridad para el nuevo gobierno alemán consistirá en la reevaluación de su estrategia energética. En relación a este punto, los costos energéticos de las compañías se han visto sostenidamente acrecentados a razón de la transición que el país protagoniza hacia la energía renovable, habiendo dado esto último lugar a mayores y renovadas preocupaciones al respecto de la pérdida de competitividad.

Visto y considerando los recursos comprometidos y los desarrollos alcanzados hasta el momento, resulta claro que Alemania no podrá simplemente abandonar la presente estrategia, no obstante lo cual se prevé una revisión de la misma como así también la puesta bajo consideración de otras alternativas como el shale gas.

En adición a este punto, y porqué Alemania carece de mayores recursos energéticos a nivel doméstico, la estrategia sostenida se tornará también parte de su política exterior.  Esto es así, dado que la integración en materia de infraestructura energética con otros países, resulta vital para las importaciones alemanas, como así también las relaciones bilaterales con Rusia, principal proveedor alemán de gas natural.

Como consecuencia, asegurarse el acceso ilimitado a tales recursos permanecerá como prioridad de política exterior, incluso a pesar de que las relaciones con Moscú puedan oportunamente significar ciertos obstáculos para la consecución del objetivo alemán por excelencia: avanzar de manera irrestricta en la integración europea.

Alemania: ¿Un liderazgo trunco?

En orden de continuar con sus intenciones de integrar Europa, el liderazgo dependerá de su disposición a colaborar con otros países europeos, particularmente aquellos integrantes de la eurozona.

En este sentido, los más importantes partidos políticos alemanes probablemente acepten la noción según la cual Alemania deberá continuar proveyendo de asistencia financiera a los más afectados, lo anterior, como ingrediente esencial de la estrategia nacional alemana que pretende asegurar la cohesión en Europa a la vez que preservar la unión actual.

Ahora bien, los límites legales e institucionales pueden igualmente acotar la posibilidad de Berlín de ser proactivo en la ayuda hacia otros países. Incluso aunque existiese un consenso generalizado al interior de la elite política, los pequeños grupos de oposición pueden desafiar y retrasar los planes de asistencia con relativa facilidad.

Prueba de esto, es el tratamiento que ha debido efectuar la Corte Constitucional de Alemania acerca de la legalidad de las contribuciones realizadas a la Unión Europea, sin haberse determinado, hasta el momento, que alguno de los esfuerzos violase la Constitución. No obstante, se espera que durante el próximo año, la Corte deba probablemente determinar si la tolerancia hacia la deuda de los países en crisis, una opción bajo consideración para Grecia, viola la Constitución de Alemania.

En definitiva, mientras la crisis persista y mayores planes de asistencia sean implementados, el desafío para Berlín consistirá no sólo en tener que convencer a los votantes alemanes, si no también a los pequeños países del norte de Europa, típicamente escépticos respecto a la ayuda hacia los países afectados, acerca de la importancia de participar en esfuerzos conjuntos que eviten la desintegración de la eurozona.

Alemania es a menudo retratada como el líder en Europa o, dicho de otra manera, como el país capaz de definir el futuro de la Unión Europea. Sin embargo, y pese a que hay gran parte de verdad en tales afirmaciones, lo claro hoy es que las acciones del gobierno de Merkel se encontrarán supeditadas a las demandas provenientes del exterior y, fundamentalmente, a la necesidad imperante de mantener la cohesión al interior de la Unión Europea.

* Artículo por Rosario Zabala Gallardo (rzabala@geic.com.ar) y distrubido por GEIC, grupo de estudios internacionales. Link a la fuente original.

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