domingo, 22 de septiembre de 2013

¿Marcan los "Drones" un cambio de paradigma para los conflictos armados?


Quienes se interesan por los conflictos armados o simplemente dan una repasada a los periódicos, seguro conocerán algo sobre ellos, pero, ¿cuánto realmente sabemos?

(Por Kevin Mackenzie / Redacción GEIC *) - Ideados en la post-Primera Guerra Mundial y puestos en funcionamiento por primera vez durante la Segunda, los “drones” (UAV: Unmanned Aerial Vehicles, o “VANT” por sus siglas en español) estaban destinados a cambiar la manera de hacer la guerra. Si bien están lejos de ser el arma perfecta, su uso se ha ido extendiendo a lo largo de los años a raíz de las ventajas comparativas que brindan en cierto tipo de operaciones.

Los mal llamados “Vehículos Aéreos No Tripulados” son en realidad manejados por un controlador desde tierra, mediante “control remoto”, a veces desde miles de kilómetros de distancia (como puede ser la base aérea militar de Creech, cerca de Las Vegas), o bien recorren rutas pre-programadas, despegando y aterrizando de forma automática.  Los hay de todos los tipos, formas y tamaños, e históricamente, su objetivo principal fue servir como blancos para el entrenamiento de los artilleros de guerra, como espías portando cámaras diurnas y nocturnas (Guerra de Vietnam), o de señuelo para activar las defensas anti-aéreas enemigas (ver invasión de Israel al Líbano en el ’82), proporcionando información sobre la ubicación de las mismas, y resguardando las vidas de los pilotos. Más allá de algún intento esporádico de utilizarlos como arma de ataque directo (como el Interstate-TDR desarrollado por EE.UU en los años de la Segunda Guerra), no fue hasta 1995 que se puso en práctica con éxito un “UCAV” (Unmanned COMBAT Aerial Vehicle), durante el conflicto yugoslavo.

Su uso sistemático inicia luego del 11-S, cuando la administración Bush, que poseía en “stock” unos 200 UAV’s, comienza a producirlos en masa y a utilizarlos en no menos de 40 “ataques selectivos” con misiles (El Financiero, 2013). Sin embargo, es el flamante Nobel de la Paz Barack Obama quien convirtió a los drones en pilar fundamental de la guerra contra el terrorismo, haciendo extensivo su uso sobre todo desde la retirada parcial de tropas de Medio Oriente a partir de 2008. Actualmente, se estima que EE.UU opera más de 10.000 de estos artefactos, que se han cobrado alrededor de 3mil vidas humanas en sus ataques en Pakistán, Afganistán, Irak, Libia, Yemen, Somalía, Líbano, etc.

Diferenciando entre UCAV’s y UAV’s, podríamos nombrar a EE.UU e Israel (con las empresas General Atomics e Israel Aerospace Industries a la cabeza) como los principales productores (y usuarios) de los primeros, aunque la mayoría de las potencias poseen la tecnología. En cuanto a los segundos, más de 50 países poseen modelos desarrollados o en desarrollo, entre ellos, Argentina (ver, por ejemplo, el Lipán M-3). Los modelos  de UCAV más populares son el MQ-1 Predator y el MQ-9 Reaper, ambos de origen norteamericano, de gran capacidad de destrucción, y portadores de los misiles “Hellfire”. Entre los dos suman la gran mayoría de los asesinatos selectivos efectuados por los EE.UU durante el siglo XXI. Por el lado de los UAV, el Northrop Grumman Global Hawk ha completado con éxito una gran cantidad de misiones al servicio de las FF.AA estadounidenses.

Entonces, ¿cuáles son las ventajas que ofrecen?  Básicamente, permiten llevar a cabo misiones de todo tipo (vigilancia, espionaje, reconocimiento geográfico, asesinatos selectivos) sin poner en riesgo la vida de soldados. Sin embargo, existen otras ventajas, económicas por ejemplo, que han popularizado cada vez más su uso. Según Salvador Capote (2012), un drone MQ-9 Reaper vale aproximadamente 36.8 millones de dólares, contra los cerca de 140 millones del caza tripulado “F-35 Joint Strike Fighter”. Tampoco es menor el hecho de que un drone promedio tiene una autonomía muy superior a la de un avión caza normal, superando en varias horas la cantidad en que estos últimos pueden mantenerse en el aire (aproximadamente 14hs contra 4). Además,  la tecnología moderna y el uso de nuevos materiales, les permiten experimentar bruscos giros y aceleraciones que el ser humano no podría soportar, aún con trajes especiales, realizando movimientos para eludir ataques, decenas de veces más violentos que los aviones tripulados más novedosos (Capote, 2012).

Claro que no todo es color de rosas, y su uso ha generado gran polémica, ¿Por qué? Principalmente, deficiencias en aspectos de seguridad. Según datos no oficiales, una gran cantidad de las bajas causadas por drones, son civiles inocentes, debido a falencias en el reconocimiento de objetivos. Son también muy susceptibles a ataques cibernéticos, siendo a menudo los sistemas operativos víctimas de malware y diferentes virus. Además, con la extensión de la utilización de los UAV’s para el uso civil, (pudiéndose adquirir drones espías por pocos miles de dólares) quedan en evidencia los inconvenientes generados a raíz de la inexistencia de regulación en materia de Ley de estos artefactos (vacío legal en el derecho internacional), que podrían violar fácilmente la privacidad de cualquier ciudadano, o incluso ser peligrosos para los mismos.

Resultaría imposible hacer futurología precisa, pero las enormes ventajas que suponen los drones para los gobiernos (en términos económicos y de facilidades logísticas) llevan a suponer que de a poco, los pilotos podrían ser reemplazados casi en su totalidad por naves no tripuladas. Según algunos especialistas, los drones y el desarrollo de la robótica nos arrastran a una nueva doctrina militar, a una nueva forma de hacer y entender la guerra. Los robots, a diferencia del humano, no duermen, no comen, ni sienten miedo (Battaleme, 2013).

Con el desarrollo y perfeccionamiento día a día de la inteligencia artificial,  los operativos que lleven a cabo estos artefactos se harán más variados y certeros, lo cual nos lleva, en mi opinión, a un cambio sustancial del paradigma actual. Personalmente, creo que no es una simple innovación tecnológica más, del montón. El tema debería pasar al centro del debate, determinándose lo más concretamente posible el camino a seguir. La ciencia y la tecnología avanzan siempre más rápido que la conciencia y la regulación en materia de Ley, y sería importante sentar las reglas de juego antes de tener que lamentar consecuencias irreversibles.

Cabría entonces preguntarse, ¿hasta qué punto en la guerra “vale todo”?

Fuentes:

* Artículo distribuido por GEIC, grupo de estudios internacionales. Link a la fuente original.

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