miércoles, 3 de julio de 2013

Tendencias del sistema internacional hacia 2030, informe de la CIA


El informe de la CIA pronostica para el 2030 las principales tendencias goblales y los futuros cambios en el sistema internacional.

(Por Rosario Zabala Gallardo *) - Publicado por el Consejo Nacional de Inteligencia (NIC) de los Estados Unidos de América, el informe “Tendencias Globales 2030: Mundos Alternativos’’ (“Global Trends 2030: Alternative worlds’’), se nos presenta como una receta médica. Sólo que, en este caso, las medicaciones prescriptas por el Consejo Nacional de Inteligencia – un médico para nada políticamente neutral- simbolizan más bien eventualidades “a saber” por las Cancillerías del mundo acerca de los potenciales escenarios que se avecinan en el sistema internacional.

Con pretensiones de constituirse en un marco a partir del cual pensar futuros posibles y sus implicancias, es que el informe presentando por la agencia norteamericana no será capaz de abandonar, a lo largo de sus 133 páginas, el tinte de irreversibilidad otorgado a cada una de las proyecciones esbozadas para dentro de los próximos 27 años.

Señalado esto último, si nos preguntamos ¿cuál es la principal idea que acompaña al escrito?, la respuesta se torna evidente para todo aquel mínimamente anoticiado respecto del escenario internacional actual. Se trata del declive de la preeminencia occidental en el dominio de las estructuras de gobernanza global, tanto de tipo económicas como políticas.

En relación a este punto, se prevé que para el 2030 estructuras tales como “el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional habrán sido transformados, en línea con la cambiante jerarquía de los nuevos actores internacionales”.

Identificar quiénes o cuáles son los “nuevos actores internacionales” nos lleva, pues, al quid de la cuestión. En este sentido, un creciente número de Estados, actores no estatales y subnacionales compondrán el elenco de un poder internacional definitivamente más difuso.

Así las cosas respecto de los primeros, la dominación occidental de cinco siglos abandonaría su primacía frente al ascenso de las nuevas potencias emergentes; más específicamente, de los países del Este y Sur del planeta, de cuyas fortunas se cree que dependerá la provisión de alrededor del 50% del crecimiento económico global. En consecuencia, habiendo perdido su hegemonía económica en manos chinas, Estados Unidos se encontrará a sí mismo acompañado por nuevos actores como China, India, Rusia, Brasil y Sudáfrica con ánimos de construir fuertes alianzas de alcance regional y continental. Creciente multipolaridad y regionalismo son, por ende, las tendencias que se avecinan en el horizonte de la gobernanza global.

Entretanto, la mayor dificultad la tendrán los gobiernos nacionales. Al respecto, el informe de la CIA anuncia la aparición de rispideces entre los ciudadanos y algunos gobiernos, como consecuencia fundamental de la “masificación en el acceso a las nuevas tecnologías de información que permitirán a los ciudadanos la posibilidad de desafiar a sus propios gobiernos, tal hemos visto en el Medio Oriente’’. Asimismo, la amplia distribución de tales tecnologías supondrá un arma de doble filo ya que, según los autores del informe, esas mismas herramientas electrónicas “proveerán a los gobiernos de una habilidad sin precedentes para monitorear a sus ciudadanos”.

Las modificaciones en las estructuras de gobernabilidad se verán, efectivamente, aún más pronunciadas a nivel doméstico como resultado de los rápidos avances en educación, salud, e ingresos.

En este punto, lo interesante sea quizá observar cómo los creadores del informe del Consejo Nacional de Inteligencia (NIC) de los Estados Unidos de América adoptan una postura determinista e inevitable respecto del porvenir. Para estos autores, mayores crecimientos económicos y, con estos, una mayor liberalización política, llevarán necesariamente al avance de la democracia.

De allí que justifiquen que gran cantidad de países del África Subsahariana, Sudeste de Asia y Asia Central, Medio Oriente y Norte de África, pero fundamentalmente China, se encontrarán de aquí a 15 o 20 años involucrados en un constante “zig-zag’’, desde sus tendencias autocráticas a un largo proceso que culminará, finalmente, en su democratización.

Sin embargo, la futura oleada de democratización tampoco resultará suficiente para asegurar el orden global, según los autores del informe. Son tres, por sobre todas las cosas, los riesgos potencialmente capaces de conspirar a favor de la irrupción de un futuro conflicto de características interestatales, a saber: los cambiantes cálculos de los actores clave del escenario internacional, particularmente China, India y Rusia; la creciente competencia por sobre los recursos naturales; y un cada vez más amplio y accesible espectro de instrumentos bélicos.

La inestabilidad es, por tanto, el escenario que nos espera ante la imposibilidad de los Estados Unidos y sus aliados europeos – para quien la crisis permanecerá durante al menos un decenio-  de seguir asumiendo el rol de gendarmes del mundo.

Ahora bien, en su cita al extracto de la obra de Charles Dickens “A Tale of Two Cities’’, según la cual “…estamos todos yendo directo al Cielo, estamos todos yendo hacia otro lugar’’ (“…we were all going direct to Heaven, we were all going direct the other way…”), los creadores del informe hacen explícita su adhesión a la idea de que el período de transformaciones hacia el cual nos encaminamos, será comparable, si no superior, a aquel que se hizo lugar al calor de las revoluciones económicas y políticas de las postrimerías del siglo XVIII.

Afirmaciones contradictorias si las hay, de tener en cuenta que es en la anarquía allí donde los autores encuentran la respuesta al interrogante acerca de ¿Cuál es el escenario que nos espera? Y esto es así, dado que, señalan quienes escriben el informe, los países emergentes – si bien “hambrientos” por tomar el lugar norteamericano de antaño en las instituciones multilaterales de Naciones Unidas, FMI y Banco Mundial- no sólo no buscarán contrarrestar o desafiar abiertamente la posición norteamericana, orientados más bien a sus propios desarrollos económicos y consolidación política, sino que tampoco buscarán anclar una visión unitaria alternativa a aquel orden internacional de liderazgo tradicionalmente estadounidense.

Me pregunto, en consecuencia. ¿Será el cambio tan sólo una ilusión? ¿Será que ni siquiera magníficas transformaciones a nivel demográfico, económico, cultural, tecnológico, militar y político, bastarán para terminar de consolidar el declive del liderazgo estadounidense? ¿Será, entonces, que deberemos darle la razón a Kenneth Waltz cuando afirmó que Estados Unidos….estaría solo en este mundo?

* Sobre el autor y/o los derechos de este material:

Artículo por Rosario Zabala Gallardo (rzabala@geic.com.ar) y distrubido por GEIC, grupo de estudios internacionales. Link a la fuente original: http://goo.gl/olXKU

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