domingo, 21 de julio de 2013

Egipto: crónica de un golpe anunciado


(Por Sebastián Suárez *) - El pasado 3 de Julio, el General Abdul Fatah al-Sisi removió al Presidente electo Mohamed Morsi y suspendió la Constitución egipcia. La decisión se produjo después de grandes protestas públicas a favor y en contra de Morsi, y una advertencia del ejército para que respondiera a las demandas de los manifestantes. El General al-Sisi apuntó al Presidente del Tribunal Supremo Adly Mansour como presidente interino de Egipto y al opositor Mohamed ElBaradei como vicepresidente.

Quienes se han manifestado en contra, han llamado a este movimiento como un verdadero Golpe de Estado, pero para quienes ven con ojos más benévolos los sucesos de los últimos días, no estamos más que frente a una Revolución. Semánticas aparte, sólo podemos estar seguros de dos implicancias: por un lado, que el movimiento militar implica un quiebre respecto de la situación anterior; y por otro, que esto no es más que un resultado del mismo movimiento que llevó a Morsi al poder el 30 de Junio de 2012.

Sin penas ni glorias, el gobierno de Morsi llegó a su clímax el 30 de Junio de 2013, fecha exacta en que se debiera festejar el primer aniversario de la inauguración de un gobierno aparentemente democrático en Egipto por primera vez en casi veinte años. En dicha fecha, millones de manifestantes a lo largo y ancho de todo Egipto se lanzaron a las calles, demandando la inmediata renuncia del presidente y su gabinete. Algunas de las razones alegadas por los manifestantes incluían la acusación de que el gobierno de Morsi se estaba volviendo cada vez más autoritario, e implementaba una política marcadamente pro-islámica, dejando de lado las políticas seculares. No les faltaba razón: En noviembre de 2012, Morsi, después de haberse concedido a sí mismo poderes ilimitados para proteger a la nación, y el poder para legislar sin control judicial, amenazó con la implementación del Estado de Sitio y la publicación de un referéndum sobre un proyecto de Constitución islamista.

Desde ese momento, y hasta la actualidad, los grupos opositores organizaron una serie de manifestaciones que contaron con el apoyo de agrupaciones tan diversas como los liberales pro-democráticos, izquierdistas, laicos y cristianos. Pero, si las demostraciones y marchas habían sido en general pacíficas hasta ahora, pronto dieron lugar a enfrentamientos violentos entre miembros de la Hermandad Musulmana, un movimiento social, político y religioso de corte pan-islámico; y los manifestantes anti-Morsi, dando como resultado decenas de muertos y cientos de heridos.

Pronto, estos ribetes de violencia estallaron en una crisis constitucional cuando hizo acto de presencia el último actor que faltaba en el escenario: Las Fuerzas Armadas; que se habían mantenido, tal y como había sido en el 2011, a las expectativas de una solución política. Como resultado, cuatro ministros renunciaron el mismo día: el ministro de Turismo Hisham Zazou, el Ministro de Comunicaciones Atef Helmi, el Ministro de Estado para Asuntos Jurídicos y Parlamentarios Hatem Bagato, y el ministro de Estado para Asuntos Ambientales Khaled Abdel Aal, dejando al gobierno conformado tan sólo con miembros del partido Libertad y Justicia. Es decir, aislado.

Tal y como era de esperarse, Morsi rechazó las demandas de la cúpula militar para dejar el poder y tampoco dio cabida a la subsiguiente amenaza del ejército con tomar el control si los políticos no resolvían la situación. Fiel a su estilo, el presidente egipcio desafió a sus opositores en un discurso en el que reiteró su "legitimidad" y criticó a los militares por tomar partido en la crisis.

El 3 de julio, fecha en que se cumplía el ultimátum dado por las Fuerzas Armadas, el ejército egipcio anunció el fin de la presidencia de Mohammed Morsi, la suspensión de la Constitución, y el llamado a una nueva elección presidencial, que se espera sean pronto. Acto seguido, los militares nombraron al Presidente del Tribunal Supremo Adly Mansour como presidente interino, y le encargaron la formación un gobierno de transición. Por su parte, Morsi fue puesto bajo arresto domiciliario y varios líderes de la Hermandad Musulmana fueron detenidos. El anuncio fue seguido de manifestaciones y enfrentamientos entre partidarios y opositores, así como por una serie de declaraciones hechas, entre otros, por el gran jeque de Al Azhar, Ahmed el-Tayeb, el Papa copto Tawadros II, así como el líder opositor Mohamed ElBaradei, quienes se pronunciaron a favor de la intervención militar.

Lo que no puede escaparse a nuestro análisis es el hecho de que quienes apoyan el devenir de los eventos, lo ven como continuación del movimiento iniciado en 2011, y como un paso necesario para rectificar los problemas en que había caído la revolución. Pero también es importante notar que los hechos ocurrieron porque las distintas fuerzas políticas evitaron el diálogo hasta que fue demasiado tarde. Así, y aunque no deja de ser un poderoso alerta para toda la comunidad internacional, es de recalcar que la participación de las Fuerzas Armadas sólo se dio para evitar mayores derramamientos de sangre. Pero sólo el tiempo dirá si las Fuerzas Armadas asumieron el rol que la sociedad esperaba de ella, necesario para la protección de la democracia, la unidad y la integridad del país, y la restauración de la estabilidad que permita retomar el camino hacia el logro de los objetivos de la Revolución del 25 de enero de 2012 o si nos encontramos simplemente, en las puertas de un nuevo Régimen.

* Abogado (Universidad Nacional de Rosario, Argentina), es Profesor Adscripto en Derecho Internacional Público (Universidad Nacional de Rosario) y busca especializarse en Seguridad y Defensa y asuntos del Medio Oriente. Link a la fuente oroginal: http://goo.gl/yGi05

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