martes, 9 de julio de 2013

La posición de Estados Unidos en Medio Oriente y Asia Pacífico


A pesar de que los intereses estratégicos de defensa se reorientan al Asia Pacífico, la administración Obama todavía debe resolver algunas cuestiones pendientes en materia de la amenaza terrorista y la situación en medio oriente.


(Por Guillermina Gutnisky *) - La administración del presidente norteamericano Barack Obama lo planteó claramente en el documento del 5 de Enero de 2012, que presentaba los nuevos lineamientos en materia de estrategia de defensa: los intereses estratégicos de Estados Unidos, tanto los económicos como los de seguridad, se reorientarían en los próximos años hacia la región Asia-Pacífico. Si bien la superpotencia aún desea “seguir contribuyendo” a la seguridad a nivel mundial, es claro que no quiere quedar relegada al papel de reparto en el gran juego que comienza a desarrollarse en una de las regiones más dinámicas y con mayor crecimiento económico del sistema internacional. Y mucho menos permitir que China avance con todo su poderío e imponga las reglas de juego. A su vez, en ese mismo documento, se planteaba la necesidad de llevar adelante una drástica reducción del presupuesto militar, medida seguramente relacionada con la crisis económica que afecta a gran parte de los llamados países desarrollados. Pareciera entonces que la mirada de Estados Unidos comienza a alejarse de la zona de Medio Oriente Ampliado, escenario en el que desde 2001 ha desplegado su supremacía militar (sin mucho éxito) y su permanente cruzada por luchar contra el terrorismo y “hacer valer” el respeto a los Derechos Humanos y a la democracia.

Lo mencionado anteriormente parece confirmarse aún más si tomamos en cuenta las declaraciones que hizo el mandatario en las últimas semanas, más específicamente en su discurso del 23 de Mayo en la Universidad Nacional de Defensa, en la que trató temas de política exterior y seguridad nacional. Planteó la necesidad de cuestionarse la naturaleza de las amenazas que aquejan actualmente a Estados Unidos y cómo se responde a éstas.

La amenaza terrorista es más difusa y no llega a la escala de lo que fueron los ataques del 11 de Septiembre y para combatirla resulta necesario, en primer lugar, terminar la labor comenzada hace ya más de una década en Afganistán y, hacia el futuro, “definir nuestro esfuerzo no como una “guerra global contra el terror”, sino más bien como una serie de persistentes esfuerzos dirigidos a desmantelar las redes específicas de los extremistas violentos que amenazan a Estados Unidos”. El arma principal para hacerlo: la utilización de ataques quirúrjicos letales, en especial los realizados a través de aviones no tripulados o “drones”, por un lado; y buscar alianzas efectivas, desarrollar el accionar diplomático y la asistencia al desarrollo, por el otro. Asimismo, planteó la necesidad de cancelarla Autorización para el Uso dela Fuerza Militar (AUMF), que permite usar la fuerza contra quienes participaron en los atentados del 11 de Septiembre, pero que ha sido prorrogada por el actual gobierno, y el cierre del infame centro de detención de Guantánamo.

No obstante, la administración de Obama cuenta con numerosas cuentas pendientes en la región de Medio Oriente Ampliado que aún le impiden poder concentrar sus esfuerzos en su nuevo objetivo. La violencia sectaria que cotidianamente acaba con la vida de centenares de ciudadanos iraquíes parece anticipar lo que puede llegar a suceder en Afganistán a partir de  2014 cuando las tropas estadounidenses y sus aliados abandonen definitivamente el país. Los atentados suicidas que se suceden casi a diario ponen en duda el objetivo de delegar las operaciones en el nuevo ejército afgano. Esto sin hablar de la debilidad del gobierno central  de Hamid Karzai y la mala relación que se mantiene con el vecino Pakistán, cuestiones que dificultan que Estados Unidos pueda verse liberado en el largo plazo de sus responsabilidades en la región. A ello tenemos que sumarle la situación en Libia luego de la muerte de Gaddafi y, en especial, el atentado en Septiembre del año pasado en la ciudad de Benghazi, cuya investigación por parte del Congreso le está trayendo más de un dolor de cabeza al presidente Obama.

Los anhelos de impulsar un nuevo proceso de paz palestino-israelí parecen ocupar gran parte de la agenda del flamante Secretario de Estado, John Kerry, quién en los últimos tiempos ha intentado varios acercamientos hacia las dos partes, incluso presentando un plan económico que permita la viabilidad de un Estado Palestino. También fue simbólica la visita que hizo el Presidente a Israel luego de ser reelegido, en un intento de recomponer los lazos resentidos con la administración de Benjamín Netanyahu. Ahora bien, a la par surge un nuevo foco de conflicto en la región y vuelve a presentarse el dilema de la Intervención, mucho más difícil que en el caso de Libia.

La situación en Siria ya lleva dos años sin ninguna resolución a la vista y hay persistentes rumores de que se ha cruzado la línea roja impuesta por Obama como límite para intervenir en el conflicto: la utilización de armas químicas. Tampoco ayuda que el gobierno de Bashar Al-Assad al parecer esté recibiendo asistencia de Hezbollah e Irán sobre el terreno, y que el conflicto esté afectando al Líbano y quebrantando la “calma” que durante 30 años se vivió en los Altos del Golán, la frontera con Israel. La frutilla del postre es, por supuesto, la relación con Irán. Las gestiones diplomáticas para que cese en el desarrollo de su programa nuclear parecen no estar dando resultados concretos, y con la implicación del Estado persa en Siria, puede recrudecerse la tensión en la región.

Concretamente, la administración Obama se encuentra complicada en bastantes frentes. El lograr consolidar  su poderío en la región Asia-Pacífico le daría un poco de oxígeno, no sólo a su política exterior, sino también a su imagen. Sin embargo, la realidad demuestra que el legado del mandatario en materia de política exterior se encuentra muy ligado a la guerra contra el terrorismo, y por consiguiente a su desarrollo en la región de Medio Oriente Ampliado, lo que lo coloca mucho más cerca de la política implementada por el ex presidente George W. Bush que a lo que a éste le gustaría.

Obama ostenta el récord de haber realizado el mayor número de ataques con aviones no tripulados en su lucha contra el terrorismo, sobre todo en la frontera entre Afganistán y Pakistán, lo que ha implicado también un gran número de bajas en la población civil. El fin de la contienda en Irak, el debilitamiento de Al Qaeda en Afganistán y, sobre todo, la captura y asesinato de Osama Bin Laden son logros que su administración no se cansa de recordar al pueblo norteamericano. No obstante, Irak se ve ahora sumida en una guerra sectaria y en Afganistán resurge el poderío talibán, situación en la cual tampoco coadyuvan las frías relaciones que mantiene la superpotencia con Pakistán, resentidas por el constante uso de ataques con drones en su territorio.

Todo esto hace pensar en la política de Obama como una mera continuación de la de su antecesor, y esto sin mencionar el reciente escándalo de espionaje a ciudadanos civiles, con expresa autorización del gobierno, que involucra ala Agenciade Seguridad Nacional (NSA). Es verdad que existen muchas diferencias en cómo la actual administración ha encarado los desafíos en materia de política exterior en comparación a su antecesora. Pero no se puede ignorar que la lucha contra el terrorismo y la presencia en Medio Oriente aún anclan a la política exterior norteamericana y no permiten a su mandatario expandir sus horizontes.

* Sobre el autor y/o los derechos de este material:

Artículo por Guillermina Gutnisky (ggutnisky@geic.com.ar), Licenciada en Relaciones Internacionales (UCC). Distrubido por GEIC, grupo de estudios internacionales.
Link a la fuente original: http://goo.gl/ZmJ1Q

No hay comentarios: